O el castigo divino continúa, o no hacía falta que Dios castigara a los hombres con la diversidad de lenguas en la torre de Babel. Hablando el mismo idioma tampoco nos entendemos.

 

Algo más poderoso que las palabras parece que rige nuestras vidas con una evidente tendencia al caos y la insatisfacción.

Desde el inicio de los tiempos, la humanidad ha luchado por sobrevivir y el apoyo mutuo y la sociabilidad, parecían ser la mejor opción para ir en pos de  la felicidad. La política, las leyes, las normas que fueron creadas originariamente para una buena convivencia y el desarrollo de buenos valores parecen perderse entre la injusticia, el descontento y el desorden personal y social.

Y lo triste es que todos tenemos razón, todas las posturas son lógicas, razonables y bienintencionadas pero no engloban a la totalidad de las personas ni de sus intereses personales, y ahí es donde estalla el drama; lo que beneficia a unos, perjudica a otros.

La interpretación que hacemos de las palabras que oímos de los demás, puede ser tan mala o imperfecta como las palabras que pronunciamos con nuestra propia boca.

El esquema de nuestra comunicación interna se inicia con una necesidad que genera una emoción y que se expresa a través de un movimiento interno (sistemas nervioso, muscular, visceral y glandular).

Nuestro pensamiento va a interpretar este movimiento interno según nuestras experiencias pasadas y no necesariamente ciertas, aunque si lo sean para nosotros. De esta manera, podemos reconocer en un dolor de estómago la necesidad de comer o un enfado. El paso siguiente será actuar, comer o reaccionar ante el enfado también según experiencias pasadas. Pero, ¿y si nos gusta comer alimentos que no nos sientan bien? Pero, ¿y si no identificamos correctamente la causa de nuestro enfado? Entonces, nuestras acciones no contribuyen a relajar la tensión de nuestra necesidad primaria y de la emoción que le acompaña, que siguen dando vueltas en busca de una verdadera satisfacción.

Respira. Siente tu respiración. Instala tu respiración en el espacio del corazón y siente como se abren y cierran tus costillas al respirar. La necesidad básica y principal de las personas es la respiración. Sin la respiración no somos nada. La respiración es nuestro mecanismo de defensa y también de nuestro bienestar.

Prepara una lista de temas que consideras importantes para ti, ya sea porque te hacen sentir bien o porque te incomodan.

Al coger aire, di en voz alta la primera palabra de la lista y observa cómo se comporta tu respiración. ¿Permanece tranquila o se agita?, ¿Se expande o se contrae? Detrás de cada palabra , hay una emoción esperando ser escuchada.

Con tiempo, puedes ir reconociendo todas tus emociones, las que te hacen sentir bien y las distorsionadas, aquellas que te hacen sentir mal y reclaman tu atención. Repite una y otra vez la palabra distorsionante y reconoce que es sólo una palabra expresando una emoción muchas veces originada en un pasado remoto y no olvidado.

Tómate tu tiempo, con calma. Como las emociones pertenecen a estados profundos de conciencia, es necesario un estado profundo de amor y gratitud hacia ti mismo y tu vida. Así, podemos darles un lugar donde reposar en paz.

Este artículo se publicó en la revista número 179 – Grietas – Amazon

Montse Bravo
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