El actual estado de pandemia ha hecho emerger las interconexiones e interdependencias de un mundo globalizado y ver cómo están cambiando las estructuras de poder y la necesidad de una colaboración  entre los pueblos.

 La pandemia del Covid19 está produciendo profundos cambios en la vida social y económica de los países afectados, hasta el punto que se dice que ya nada será como antes, teniendo también en cuenta las grandes incertidumbres respecto a la evolución del virus y a la factibilidad de una vacunación planetaria.

Un dato es cierto: la difusión del virus no sólo ha evidenciado la total globalización de nuestras sociedades sino que también ha puesto en evidencia las variadas y contrastantes decisiones políticas de los diferentes gobiernos.

Si antes de la pandemia alguien no hubiera tenido del todo claro qué significaba la globalización, ahora, aquella nos ha mostrado claramente que los vínculos e interconexiones del mundo actual son un mecanismo al que es imposible substraerse.

Mercancías, tecnologías, hombres, etc. forman parte actualmente de un único y complejo sistema, posiblemente también inadecuado y desequilibrado pero que, en todo caso, abarca  el planeta entero, ofreciendo, al mismo tiempo, ventajas y desventajas a diversos niveles. Si, como es probable, la globalización seguirá siendo, inevitablemente, un elemento caracterizador del siglo XXI, las relaciones entre los estados, de una u otra manera, se resentirán de lo que ha sucedido y no sólo por la crisis económica a consecuencia del confinamiento.

El desplome de la cotización del petróleo es ya un indicador de lo que está sucediendo: la recesión ya está golpeando a diversos países, incluso duramente, como demuestran tanto las repercusiones en la economía china como la aspiración extendida entre diversos gobernantes –a nivel local y nacional- de reemprender la actividad productiva cuanto antes, por el temor de un shock sin precedentes.

Además, estamos todavía en una fase relativamente inicial de la pandemia, dado que en algunos países, como la India, por ejemplo, o en el continente africano, no es todavía posible comprender su alcance (y, entre otras cosas, en Occidente también se está discutiendo todavía sobre el nivel real de difusión del virus y de sus características).

Un dato es cierto: la respuesta a la pandemia se ha articulado sobre una base puramente nacional y las alianzas/uniones de diverso tipo han demostrado su incapacidad para activar políticas comunes, compartidas y solidarias. El ejemplo más flagrante nos lo da la Unión Europea, que  ya siendo incapaz de ejercer una política exterior y de defensa común, ha dado muestras de una evidente parálisis también en los ámbitos social, sanitario y económico.

A casi dos meses del inicio de la pandemia, la UE no logra encontrar los instrumentos para actuar unitariamente partiendo de la base de una solidaridad que tendría que dispararse automáticamente, inmediatamente, en esa comunidad soñada por Altiero Spinelli y tantos otros estadistas europeos de la segunda postguerra.

De hecho, han vuelto a resurgir no sólo los nacionalismos sino también los estereotipos y los prejuicios, avivándose todavía más los rencores atávicos y las presiones soberanistas que aspiran a destruir la Unión, con gran beneficio de las superpotencias como los Estados Unidos (que dieron gran apoyo al Brexit con Trump) y Rusia, además de China (interesada en hacer penetrar, cada vez más, su nueva Ruta de la Seda en el Viejo Continente).

El intento de la Casa Blanca para obtener, de una empresa alemana, una hipotética vacuna    sólo para los EEUU en exclusiva, ha mostrado claramente la posición de este país de ultramar respecto a sus países aliados, también históricamente.

Parece un tanto sorprendente, en ciertos aspectos, la ayuda en personal y material sanitario que  han enviado a Italia precisamente China, Cuba y Rusia, países con los cuales Italia no tiene los mismos vínculos que debería haber tenido con países aliados o comunitarios (entre estos últimos cabe recordar la ayuda alemana)

Y aún más, en este periodo, las fuerzas armadas italianas habrían tenido que participar en unas grandes maniobras de la NATO en el norte de Europa (“Defender Europe”) cuya finalidad era confirmar el compromiso estadounidense en el seno de la Alianza Atlántica y dar seguridad a los países del este de Europa- ex Pacto de Varsovia- respecto a eventuales, hipotéticas amenazas (léase Rusia).

Lo acontecido en la pandemia ha aconsejado al Ministro italiano de Defensa anular la participación de Italia pero, de todos modos, en este caso, la NATO ha demostrado que no tiene la capacidad de preparar una mínima intervención respecto a un evento que podría estar previsto en el marco de una guerra biobacteriológica.

Tras las iniciativas de las ayudas  chinas, cubanas y rusas, también han llegado señales de solidaridad desde los EEUU, con el anuncio del envío de 100 millones de dólares en material sanitario. Según algunos observadores espabilados, también en plena pandemia continúa el juego partidista de Washington, que trata de reafirmar su rol de amigos de Italia, mientras que Pequín y Moscú intentan, con sus benéficas intervenciones, incentivar nuevas posibilidades de diálogo en un próximo futuro.

Mientras tanto, estamos ya asistiendo a la caza del desencadenador, es decir, del primer responsable de este Covid 19 que, según la Inteligencia estadounidense, surgió en el Wuhan Institute of Virology  y se escapó a consecuencia de un incidente. Otros estudiosos afirman, en cambio, que es de origen animal y fue transmitida la mutación del virus al hombre (el famoso murciélago)

Ciertamente,  será difícil saber la verdad de lo ocurrido,  pero es mucho más fácil comprender que las polémicas que se han desatado tienden  a poner en dificultades a Pequín, puesto que ningún país (incluidos los Estados Unidos) permitirá inspecciones en sus propios laboratorios biobacteriológicos militares, dado que existe una Convención específica del año 1972 que prohíbe la puesta a punto, la fabricación y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) o tóxicas y que regula su destrucción (BWC).

El único dato cierto es que las alianzas y los antagonismos que precedían  a la pandemia salen de ella habiendo experimentado una mutación, como el virus.

Autor:  Maurizio Simoncelli

Este artículo ha sido publicado en Città Nuova

Para profundizar el tema, véase el libro del autor publicado por Città Nuova: Terra di conquista (ambiente e risorse tra conflitti e alleanze)


 

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