La paz interior es esencial en mi vida. Es ese lugar silencioso donde quiero ir una y otra vez, donde siempre estoy tranquila y serena, donde siento una conexión especial con lo mejor de mí misma, donde todo tiene sentido, donde todo problema tiene una respuesta espiritual en la que todo está bien y todos salimos ganando.
Contemplo la vida como el camino que procede de un lugar olvidado y se dirige hacia algún lugar desconocido. Vivir la vida es fácil: hagamos lo que hagamos siempre estamos creando nuestra propia vida. Nuestras reacciones y como nos sentimos son elecciones fruto de nuestro pasado y de nuestra conciencia, y el problema, si lo hay, suele estar en nuestros estados emocionales que son los indicadores más honestos del grado de nuestra satisfacción personal.
Creo que todos los seres vivos vamos en post de la felicidad, una felicidad que consiste en satisfacer nuestros deseos desde los más materiales como los básicos para la supervivencia, el placer físico o el bienestar emocional, hasta los más sublimes, intangibles, atemporales o espirituales.
Me gusta ser la persona en quien me he convertido. Soy el resultado de muchos años de buenas intenciones, de buenos propósitos, de esfuerzos y sacrificios, de penas y alegrías. A estas alturas, le agradezco a la vida que pase sin que sea yo quien tenga que mover los hilos, porque de ser así, tal vez tendría la pretensión de eliminar ciertas experiencias por desagradables; pero el tiempo me ha enseñado la gran lección que había detrás de todas ellas.
Contemplo mi vida como un todo donde el todo interacciona conmigo: las personas, el tiempo, el planeta, las percepciones de mis sentidos, mis estados emocionales, mi capacidad de pensar y de elegir. Sin embargo, creo que somos mucho más que eso, algo más grande y bello que fácilmente podemos percibir a través de ciertos estados de Conciencia que se expresan a través de la intuición, la meditación, la oración, la respiración o la contemplación… respira… contempla tu conciencia como si se tratara de una fuente de sabiduría y de satisfacción que se nutre ininterrumpidamente en un océano infinito, intemporal y donde, a su debido tiempo, encuentras todo lo que necesitas.


Contemplo la vida como el camino que procede de un lugar oblidado y se dirige hacia un lugar desconocido


Creo que la espiritualidad es el camino de vuelta a casa, de recuperar la conciencia de quienes somos, de conectar con nuestro ser interior, de sentir respeto y sentirnos orgullosos de nosotros mismos y de nuestra vida, de volver al Hogar de donde salimos y poder exclamar: “Hogar, dulce hogar”.

Este articulo ha sido publicado en el número 178 – Luz invisible – Amazon

Montse Bravo
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