«Odio y fraternidad» se titulaba el último artículo que escribí para este blog. Por eso esta vez propongo algunas reflexiones sobre la compasión, actitud o sentimiento que podríamos considerar como la otra cara de la moneda del odio. ¿Cómo hacer para no quedarnos estancados en el odio? ¿Se puede superar el odio? La respuesta es sí.

Un camino para superar el odio es tener compasión por la persona o la situación que me hace sufrir. “Com-padecer” o “padecer con”, supone “sufrir-con”, “sufrir juntos”, es decir, hacer propio el dolor del otro o, incluso, intentar comprender profundamente la raíz de los sentimientos de odio que alguien pueda manifestar. En términos psicológicos diríamos que se trata de ser empáticos con quien piensa de forma distinta y también con quien ha expresado odio hacia mi persona o mi cultura. No se trata, desde luego, de una tarea sencilla.

Una motivación importante para vivir la compasión consiste en pensar en el resultado. De hecho, devolver violencia con más violencia o retornar odio con más odio nos lleva a un callejón sin salida, donde las relaciones quedan dañadas o incluso destruidas. Levantar muros externos o dejar que en el corazón nazcan auténticas barreras contra una cultura, un idioma o unos símbolos no nos ayudan a crecer en compasión. Es cierto, llegar a poseer un corazón de carne y no de piedra, abrirnos a lo distinto y acoger a quien me rechaza no es sencillo, pero resulta profundamente humano.

Llegados a este punto encuentro de gran ayuda, para crecer en el camino de la compasión, la sabia propuesta de Mahatma Gandhi: «Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino».

Me ayuda mucho pensar que todos somos iguales en dignidad y que, a pesar de las muchas dificultades que existen, podemos llegar a vivir en un ambiente de respeto mutuo que incluso se plantea el alcanzar la simpatía mutua. Cada uno de nosotros es un pequeño-gran tesoro, un milagro de la naturaleza y de la vida. Merece la pena “com-padecernos” mutuamente, acompañarnos mejor en estos momentos históricos, en los cuales muchas personas se han sentido profundamente heridas por otras.

No dejemos que el año 2018 se recuerde por las descalificaciones, los insultos y el odio. En este instante podemos comenzar a cambiar ese rumbo, escribiendo en nuestra vida cotidiana páginas de cordialidad, concretando actos positivos hacia los demás y construyendo una sociedad más justa y fraterna.

Acerca del autor

Argentino trotamundos y catalán por adopción, interesado desde siempre en el misterio del Amor, un poco existencialista y bastante enamorado de las lecturas y las metáforas.

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