Se trata de un líquido negro, hecho con una variedad de hierbas y tiene un sabor bastante amargo; en Catalunya lo podríamos comparar con algunas ratafías.

Los italianos consumen esta bebida alcohólica como un digestivo, un vaso pequeño, como los que se utilizan para el limoncello, después de una buena comida.

El consumo de fernet se ha extendido mucho en Argentina hasta transforse en un auténtico clásico, es la bebida ideal para acompañar recitales, bailes en la discoteca, cumpleaños, juntadas y asados. La diferencia con la costumbre italiana es que en Argentina se consume mezclado con refresco de cola. Para algunos esto supone arruinar el fernet, algo así como ponerle soda al vino, pero como ya sabemos: «sobre gustos no hay nada escrito».

¿Por qué esta introducción sobre una bebida alcohólica y una costumbre argentina?

Porque fernet con cola es sinónimo de fiesta y en los tiempos de pandemia que estamos viviendo parece que la fiesta, el salir a bailar, juntarse a beber y también el poder ligar y tener una noche loca, sean más importantes que cuidarse del virus e, incluso, que la propia vida.

¿Estoy exagerando?

Creo que no. De hecho, así lo demuestran las fiestas en las playas de Barcelona y de la península Ibérica en general o en Argentina donde, a pesar de las restricciones estrictas y los múltiples toques de queda, cada fin de semana se multiplican las fiestas clandestinas…

Podemos apreciar como en muchos países de todo el planeta se ha dado este fenómeno que asocia fiesta con estar vivo; luego si no salgo, si no festejo y no me junto con mis amistades significa que estoy muerto o paso inadvertido.

La pandemia producida por el Covid-19 sigue ofreciendo radiografías de los distintos comportamientos sociales y, muchas veces, de las desigualdades que existen en una determinada sociedad. En este caso concreto lo curioso es que se anteponga el salir de fiesta «porque nos robaron un verano» o «porque llevamos meses encerrados» a la propia vida. Es decir, jugar a la ruleta rusa y flirtear con la muerte por unos momentos de baile, bebida y fiesta.

Hablando con un amigo me comentó que en Colombia llegaron a prohibir la venta de alcohol, fue una medida puntual para evitar los encuentros sociales. Entonces él comentó: “¿Te imaginas si en Argentina llegan a prohibir el fernet y el alcohol? Se arma un lío bárbaro”.

En efecto, el fernet no se toca, las fiestas tampoco y las reuniones sociales menos… y entonces así nos va. El virus sigue campando a sus anchas, ya sea en Menorca o en Tucumán… «La vida es una sola y hay que disfrutarla», la cuestión es que pasarla bien nos puede llevar a contagiarnos de Covid-19 y podemos acabar hospitalizados y con secuelas graves, llegando a morir en el peor de los casos.

Sin ser sociólogo ni psicólogo me parece que la pandemia nos deja ver que, a veces, todo parece derrumbarse cuando se produce un espacio de silencio social; cuando el tran-tran del ritmo frenético se detiene; cuando tenemos que mirarnos al espejo y convivir más horas con nosotros mismos. Quizás no nos hemos reconciliado con nuestras propias sombras, quizás quisimos acallar nuestras voces interiores y miedos cubriéndolos con ruidos y muchas estridencias.

Por otra parte, las consecuencias que ha generado la cultura del consumismo complican todo tipo de pausa o desaceleración de los ritmos de ocio y consumo. También puede ser que simplemente disfrutemos de la vida social y queramos seguir en contacto con nuestros amigos, pero ahora el precio puede ser arriesgar la propia vida y la de los demás. Parece que para muchos el fernet no se toca… ¿y el respeto por el valor de la vida, sí se toca?

El ser humano es un animal ético, podemos anticiparnos a nuestros actos y visualizar sus consecuencias antes de hacerlos. También podemos analizar lo que ya hicimos y valorar con posterioridad lo que ya ocurrió.

Esta capacidad nos distingue y nos da una nota específica dentro del planeta tierra y ahora, más que nunca, tenemos que tomar las riendas de nuestro propio comportamiento para ser respetuosos con la vida propia y la de nuestros semejantes.

Acerca del autor

Argentino trotamundos y catalán por adopción, interesado desde siempre en el misterio del Amor, un poco existencialista y bastante enamorado de las lecturas y las metáforas.

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