En estos días, el Consejo científico superior del Ministerio marroquí de Habous (Asuntos religiosos) ha llegado a la conclusión de que la verdadera apostasía no es la de quien abandona la religión islámica por otra creencia, sino que la culpa recae en quien abandona la comunidad a la que pertenece. Existen, por lo tanto, corrientes alternativas que tienen la valentía de leer los textos de modo coherente y contextualizado. Los medios occidentales deberían darles su apoyo.

Que algo está sucediendo en el seno del Islam es indudable; sin embargo, no son muchos los que se dan cuenta de ello, preocupados como estamos, por lo menos en Occidente, Europa y los Estados Unidos, si bien no de igual modo, en defendernos de nuestros propios miedos. De vez en cuando, se producen novedades sorprendentes en el macrocosmos musulmán, a menudo silenciadas por los medios occidentales o, en cualquier caso, apenas comentadas, o mencionadas casi por obligación moral, pero sin un seguimiento adecuado ni lectura de amplio alcance.

Ejemplo de ello es que, en los últimos días, los ulemas de Marruecos han publicado una interesante declaración, según la cual abandonar la religión musulmana sería una cuestión personal y, por lo tanto, no constituiría ningún delito.

No se trata, en absoluto, de un tema de poca monta. El hecho es que el derecho islámico considera que renegar del Islam –apostasía en lenguaje técnico y ridda en árabe- es un gravísimo delito que merece ser castigado severamente, incluso con la pena de muerte. No son pocos los intelectuales y los expertos en derecho del mundo musulmán los que, junto a ulemas y políticos- hace tiempo que dan vueltas al tema, discutiendo si el hecho de renegar de la fe tiene que ser castigado o si se tiene que esperar la condena del mismo Dios, en el más allá

Precisamente en estos días, en relación con esta cuestión, se ha manifestado el Consejo científico marroquí de Habous (Asuntos religiosos) y ha asumido una nueva posición respecto al Murtadd, el apóstata. En un volumen titulado Sabīl ul-‘ulama’ (la vía de los ulemas), se lee que la verdadera apostasía no es la de quien abandona la religión islámica por otro credo sino que el culpable es quien abandona la comunidad a la que pertenece.
Por lo tanto, la apostasía, según este grupo de doctos, cambia de perspectiva: ya no se trata de una cuestión de ámbito religioso, sino más bien del ámbito político.

Para llegar a esta conclusión, los estudiosos han estudiado y llegado a proponer una lectura nueva de dos hadith (los dichos del profeta), que han sido utilizados tradicionalmente para justificar la dimensión religiosa del cambio de fe. Los dos pasajes afirman, respectivamente:

«A quien cambia su religión, mátalo»

y

«Quien abandona la religión es el que se separa del grupo»

Remontándonos a los orígenes del Islam y al clima bélico que lo caracterizaba, los ulemas han llegado a aclarar que, según su interpretación, la verdadera traición era dejar el grupo de los musulmanes para unirse a los enemigos, verdaderos no creyentes. En apoyo de su posición, los doctos marroquíes aportan el ejemplo del primero de los cuatro Califas, Abū Bakr, quien, según la tradición, ponía en situación conflictiva a los que eran traidores políticos. De hecho, éstos, al rechazar someterse al imán, amenazaban al grupo de pertenencia, rompiendo la unidad y perjudicando gravemente la dimensión religiosa, aunque su opción fuese social y política. Además, la crítica a la pena de muerte como destino para quien abjura del Islam emerge, siempre según estos expertos, en otro hadith, donde se cuenta que el Profeta aceptó la decisión de un hombre que, después de haberse convertido al Islam, decidió retornar a su fe de origen, anulando su profesión de fe musulmana.

También parece que el Corán rechaza la pena de muerte cuando, en la Sura de la vaca, afirma:

<<En cuanto a aquellos de vosotros que hayan abandonado la fe y hayan muerto renegando, vanas serán todas sus obras en este mundo y en el otro, y serán condenados al fuego, donde permanecerán eternamente» (2,217).

La cuestión fundamental es, de hecho, la cohesión social y si ésta no es amenazada, no se puede hablar de apostasía.

La decisión madurada por los doctos marroquíes no es una afirmación aislada. En varios países del norte de África, incluido Egipto, diversos grupos tratan de trabajar con sus respectivos gobiernos –como, entre otras cosas, había pedido a la universidad cairota de al-Azhar el propio presidente egipcio al-Sissi – para favorecer un enfoque menos literal de los textos sagrados del Corán . Se trata de posiciones que tienden a oponerse al fundamentalismo, enfrascado en actos de violencia fundamentados y justificados por pasajes coránicos leídos e interpretados fuera de contexto.

Como destacan algunos observadores y expertos, hay otros que comparten la posición de los ulemas de Marruecos, pero es, probablemente, la primera vez que una institución religiosa oficial adopta una posición tan clara y valiente.

La decisión de los ulemas marroquíes representa una posición compartida por muchos pensadores musulmanes reformistas. La revista Oasis, tratando de interpretar estas declaraciones, afirma que <> Los ulemas marroquíes no ponen en tela de juicio la bondad de la tradición textual, pero se aproximan a una lectura contextual.

Resulta difícil decir cuál será el impacto de esta declaración por parte de los ulemas norteafricanos en el gran macrocosmos del Islam mundial. No hay duda, sin embargo, de que se trata de un signo importante que, junto a otros de los que hemos hablado en nuestra revista, hacen evidente que, frente a un fundamentalismo que se manifiesta de modo tentacular, existen corrientes alternativas que tienen la valentía de leer los textos de modo coherente y contextual, capacidad que, a menudo, se niega al mundo islámico.

Sería oportuno el compromiso de los medios occidentales en la difusión de estas noticias, para garantizar un apoyo socio-mediático a las corrientes enraizadas en el verdadero Islam, capaz de lecturas espirituales y críticas tanto de las Escrituras como de sus aplicaciones socio-institucionales.

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