Todas las personas necesitamos dar sentido a nuestra vida; en caso contrario, no experimentamos la felicidad deseada. La realidad es que todos buscan el sentido de vivir en función del nivel de consciencia en el que se encuentran.

Lo que da sentido a la vida es la evolución espiritual. Hasta que uno no toma consciencia de que está en esta vida para evolucionar, puede llenarla de deseos, expectativas, proyectos, ilusiones. En el avión que surca el espacio a alta velocidad, no necesita sino una minúscula imprecisión para que se desvíe centenares de kilómetros de su destino. Cada persona corre el riesgo de perder el rumbo de su vida si descuida su evolución espiritual.

Para que evolucione el propio nivel de consciencia, es necesaria la actitud honesta de querer reconocer los errores del propio carácter y tener la intención humilde entregarlos a Dios. El Mapa de la Consciencia (ver el nº 166) es una herramienta facilitadora de la evolución espiritual.

Todos padecemos las consecuencias de nuestras limitaciones, aunque el ego no lo reconozca. Somos personas de buena voluntad  que, a menudo, con el deseo de hacer el bien, cometemos errores y hacemos el mal que no queremos. A medida que nos hacemos mayores, constatamos que no realizamos

los repetidos propósitos de mejora. Por mucho que nos lo proponemos, llegamos a creer que es una utopía desmantelar los recalcitrantes rasgos del carácter. Puede ser que nos justifiquemos con aquella bella plegaria: “Señor, ayúdame a aceptar aquello que no puedo cambiar”. Es íntegra si sale de una auténtica y humilde entrega a Dios.

Si nos preguntamos cuál es la raíz de “aquello que no puedo cambiar”, la respuesta es el ego. Se encarga suficientemente de hacernos creer que es imposible abandonar ciertos hábitos y actitudes de carácter. De ese modo, nos mantiene en el nivel de consciencia de la falsedad, y nos controla mediante las emociones negativas. Observemos el Mapa: desde la vergüenza hasta el orgullo, nos tiene bien entretenidos en el círculo vicioso de estas emociones negativas.

Las personas que leéis esta revista, seguramente, vivís niveles de consciencia por encima del coraje: tenéis el propósito de amar al prójimo, de hacer el bien, de construir la unidad que Jesús pide al Padre, de contribuir  a la fraternidad universal. Creéis en el amor de Dios Padre.

A pesar de eso, el ego, astuto, mantiene en cada persona determinados posicionamientos irreductibles, que ponen a prueba la radical confianza en Dios. Están hechos de sutiles e inconscientes creencias que hemos aprendido desde muy pequeños, las arrastramos a lo largo de los años y construyen capas profundas, de las que creemos que nos es imposible liberarnos. Es aquí donde nuestra vida teologal se pone a prueba. Nos consideramos personas, ¿pero somos conscientes de cómo el ego limita y debilita nuestra fe, nuestra  esperanza y nuestro  amor?

Una determinada formación religiosa de épocas pasadas nos inculcó la creencia de que amarse a uno mismo (condición que Jesús propone para amar al prójimo) favorece el egoísmo. Creer que Dios aprovecha las limitaciones de mi carácter para hacerme humilde, honesto, íntegro, no forma parte de los propósitos del ego. Confiar en que todo lo que me pasa es para mi evolución espiritual, el ego siempre me lo hace entender como una desgracia, nunca como un don de Dios.

El ego es el responsable de mantener los recuerdos negativos del pasado, de despertar pensamientos catastróficos de un futuro incierto y angustioso y de atizar la angustia y la ansiedad por las preocupaciones y conflictos del presente.

No es una descripción alarmista sino descriptiva de la realidad de muchas personas buenas, a las que atiendo en mi consulta y que se consideran espirituales. Al fin y al cabo, una auténtica evolución espiritual quiere decir  creer que Dios vela por mí, mucho más de lo que yo mismo soy capaz de hacerlo; quiere decir llegar a tener una confianza tal en Dios que no hay crisis alguna ni negro acontecimiento que la obscurezca; quiere decir  hacerse tan humilde como para perdonarme y amarme a mí mismo, de forma que el amor desvanezca hasta el más sutil acto de centrarme en mí y que yo recupere todo mi espacio interior para Dios.

Más sencillamente, la evolución espiritual consiste en recuperar para el SER (La Presencia de Dios en mi interior) todo el espacio que el ego ha usurpado a Dios. Las emociones negativas del Mapa de la Consciencia, desde la vergüenza hasta el orgullo, son el espacio de falsedad del ego. Las emociones positivas, desde el coraje hasta la paz, pasando por el amor incondicional, son el espacio de La Verdad del Espíritu.

Me he encontrado con personas muy espirituales tan, literalmente, atrapadas en su carácter, que el ego les impedía evolucionar en el Espíritu. El ego se infiltra tan sutilmente en nuestra vida que las intenciones, las motivaciones y los anhelos más sagrados pueden estar inconscientemente hinchados de ego. Cuando esto sucede, el Espíritu permanece silencioso, y uno no lo percibe, porque no es posible servir a dos señores antagónicos.

Cuando uno deposita toda la fe en sus propios afanes, cuando confía excesivamente en sus fuerzas y capacidades, cuando se experimenta ansiedad y angustia por no poder controlarlo todo, cuando se frustran las propias expectativas y uno se siente víctima del mal carácter de los otros, cuando uno necesita tener siempre la razón, cuando no diferencia entre “te amo” y “te necesito”, cuando uno se siente incapaz, incompleto, cuando cree que no vale y busca continuamente la aprobación de los otros…, todo esto y más son manifestaciones muy sutiles e inconscientes de la fuerza del ego en la propia vida. Cuanto más fuerte es éste, más humilde es el poder del Espíritu.

Alcanzar y consolidar los niveles de consciencia del Espíritu es la propuesta que yo hago. Cada emoción negativa se sostiene en creencias que se nos infiltran, desde muy pequeños, sin darnos cuenta. Cuando las experimentamos, podemos hacerlas conscientes, reconocerlas y entregarlas a Dios.

Para gestionar sanamente cualquier emoción negativa, hay que tener presentes  los tres elementos  de nuestra personalidad y cuál es su función: cuerpo, mente, espíritu. En el próximo número, hablaremos de los Círculos de Consciencia


Pautas de reflexión y de actuación.

  1. “Estamos en esta vida para evolucionar espiritualmente”. ¿Eres consciente de esto? ¿Eres receptivo ante esta afirmación?
  2. Sinceramente, ¿En qué aspectos de tu vida necesitas evolucionar?
  3. ¿Estás satisfecho de tu nivel de consciencia? Puedes deducirlo de cómo vives tu fe, esperanza y amor.
  4. ¿De qué posicionamientos de tu ego eres más consciente?
  5. Hazte consciente de tus limitaciones. Si las reconoces, las puedes entregar a Dios. Si persistes en este trabajo, bajo la guía del Espíritu, experimentarás evolución espiritual.

Artículo publicado en la revista Ciutat Nova 167 de octubre/noviembre de 2016

 

Otros artículos de la serie sobre Crecimiento Emocional, de Joan María Bovet publicados en Ciutat Nova

  1. Psicología de las emociones
  2. El anhelo de plenitud frustrado
  3. De las emociones negativas al amor incondicional
  4. El ego, gestor de las emociones negativas, nos mantiene en la falsedad
  5. Mapa de los niveles de conciencia
  6. Evolución espiritual
  7. Círculos de evolución de la conciencia
  8. Resistencias del ego
  9. Desmantelemos el ego

Acerca del autor

Psicòleg clínic en Centre Gestalt-Fis | Más artículos

Especialista en Psicología Clínica
Director del Centre de Psicologia Clínica i Fisioteràpia, Gestalt-Fis, Família i Salut
Trabaja en los niveles de conciencia y evolución espiritual del Dr. David Hawkins.
Imparte cursos de Formación sobre el Mapa de la Conciencia y acompaña procesos de evolución espiritual.

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