La plenitud de la que hemos hablado (nº 163), se alcanza mediante el progreso espiritual. ¿Qué tiene que ver el progreso espiritual con el mundo emocional?

Cuando amamos, experimentamos chispas de plenitud. El amor, además de ser un sentimiento o una emoción positiva,  es esencialmente un estado de consciencia muy evolucionado. Naturalmente, hablo del amor incondicional, que establece un alto nivel de consciencia y requiere una profunda evolución espiritual. Cualquier otra forma de amor que no sea incondicional es pura ilusión. Esta afirmación, puedo asegurártelo, ya no gusta al ego. Posiblemente, acabas de experimentar un pensamiento o sentimiento de rechazo o desacuerdo. Créeme, es el ego, que no está de acuerdo con ello. Tu Ser profundo está en plena sintonía.

Sé que este lenguaje puede sonarte un poco extraño, pero, si me lo permites, harás bien con irte acostumbrando, porque consciente o inconscientemente, puedo asegúrate  que vives en algún nivel de consciencia. La cuestión es que te hagas responsable de escoger vivir en el nivel más elevado: el del amor incondicional.

El ego siempre nos hace creer que este nivel de amor es tan elevado que nunca lo alcanzaremos, porque es para personas más inteligentes, con más capacidad, etc. Simplemente, es una estrategia suya, que nos mantiene en sus posicionamientos, desde los cuales nos hace creer que somos incapaces, indignos o, simplemente, que no nos lo merecemos. Si quieres descubrir lo que digo, basta que observes cuál es el tipo de emociones más habitual frente a los acontecimientos cotidianos. Para citar algunos ejemplos: ¿Qué caracteres u opiniones te irritan y te enfadan? ¿Con quién mantienes una relación de dependencia?, ¿Cómo te desmotivas o te deprimes cuando se frustran tus expectativas?, ¿De qué te sientes culpable? ¿De qué manera sutil controlas a los otros?, ¿Cómo reaccionas con quien no te da la razón?, ¿Con cuánta facilidad te apoyas en el victimismo, criticas y juzgas a quien se escapa de tu control, etc.? Los posicionamientos del ego son tan variados como la infinidad de emociones negativas que describen la inmadurez  humana.

Cuando alguien dice: “Hasta hora, he amado a mi pareja, pero el amor se ha terminado”, esta persona no ha amado nunca. Como máximo, durante un tiempo (que puede ser años), ha satisfecho su propia necesidad afectiva. Si ahora ya no la satisface, el ego de esta persona pondrá en marcha sutiles mecanismos de compensación para cubrir la necesidad afectiva. De esta manera, el ego instaura una dinámica de reivindicación egocéntrica, contrario al amor incondicional.

Cada persona experimenta la necesidad de amor en función de las heridas de no-amor que ha sufrido.

El ego se encarga de cubrir y compensar los déficits de amor que hemos sufrido. Cada persona puede conocer la intensidad y la gravedad de su déficit de amor si observa la calidad y la intensidad de sus emociones negativas. Un primer paso es tomar consciencia de que reaccionar emocionalmente, en función de la necesidad de reivindicación egocéntrica, aporta más sufrimientos que beneficios.

El paso siguiente es tomar la decisión de cuestionarse, con el deseo honesto de descubrir la verdad, qué me pasa cuando experimento rabia, enojo; qué miedos me bloquean, cómo gestiono la culpa, qué me indican los arrebatos de orgullo, cómo gestiono el sufrimiento, cómo es que necesito quedar siempre bien, complacer a todos; cómo es que soporto mal la crítica o me deprimo frente a las frustraciones emocionales. En definitiva, es cuestión de que me dé cuenta de que, en la medida en que vivo atrapado en las emociones negativas, me alejo de la fuente de felicidad del amor incondicional.

El paso siguiente es plantearme si deseo verdaderamente alcanzar el amor incondicional. Se trata de tenerlo como objetivo y abandonar los posicionamientos del ego que me impiden vivir lo que soy: un Ser de amor.

En tanto esta afirmación te suene como utópica, puedes estar seguro de que es el ego el que te lo hace creer. Has de saber que el ego hace todo lo posible para mantenerte en su nivel de consciencia, propio de las emociones negativas.

Es frecuente reclamar que los otros satisfagan mis carencias afectivas. Es en este punto donde se confunde amor con necesidad. La confusión es muy sutil, porque se reviste, como mínimo, con nuevos modos de reclamar amor (según el enneagrama), todos ellos relacionados con el ego. Cada emoción negativa –puedes estar bien seguro- la gestiona el ego. Esto hace que nos mantenga siempre bajo niveles de consciencia definidos por la falsedad. Desde estos niveles, es imposible amar y experimentar la plenitud del amor.

He de saber que las emociones positivas: valor, satisfacción, voluntad, disposición, aceptación, comprensión, amor, gozo, paz, plenitud, elevan y sitúan el nivel de consciencia en la verdad, bajo la guía del Espíritu.

Por ejemplo, Juan reclama a su pareja más muestras de amor. El cree que su amor es amor sincero, pero, desde el momento en que reclama amor y se enfada si no lo recibe, no se da cuenta de que, en realidad, trata de cubrir un déficit. Cuanto más le reclama, tanto más se aleja ella, agobiada. Es la dinámica típica y habitual del ego. De seguir así, la demanda de Juan puede provocar el distanciamiento de la pareja. Al darse cuenta Juan del mecanismo del ego, se dispone a hacer un giro de 360º: substituir la reivindicación (egocéntrica) y comenzar a ejercitar la relación de la consciencia del Ser, que es amor incondicional. Apuntando hacia este amor, ha de ser muy consciente de la dependencia, la exigencia, el miedo, la rabia, la culpa, el orgullo que proyecta sobre la otra persona y su reivindicación egocéntrica. Ciertamente, no es un cambio de actitud fácil, pero es el único camino de verdadera sanación.

Una señal de salud emocional y espiritual es vivir las relaciones como la oportunidad para reconectarme con el potencial de energía, inteligencia y amor-felicidad del Ser.

La raíz de los conflictos emocionales son las expectativas inconscientes que proyecto sobre los otros. Cometo un grave error cuando pretendo la plenitud del amor mediante la reivindicación egocéntrica. Lo peor es no darme cuenta.

La relación con el otro es, a menudo, la mejor terapia, si aprovecho las removidas emocionales como oportunidades para madurar. Por otra parte, llego a ser yo mismo si aprovecho la relación con el otro para despertar mi consciencia de Ser. Somos el espejo, el uno del otro, que nos permite reconocernos, aceptarnos, acogernos y respetar la propia individualidad con vocación de unidad, gracias a la reciprocidad del amor. Este conjunto de palabras te pueden sonar a pura retórica, pero te aseguro que el camino de salida del bloqueo del ego sólo tiene una dirección: darte cuenta de los apegos que te retienen centrado en ti.

Sin la relación con el otro no es posible madurar, ni progresar espiritualmente. Es la ley universal del amor la que está en juego.

Ver al otro como un don para mí supone dar un gran salto de consciencia, cuando percibo el trabajo de maduración de mis emociones negativas como un don que el otro, haciéndome de espejo, posibilita el verme atrapado en mis emociones negativas más habituales.

¿Cómo gestiono estas emociones negativas cuando las experimento? Esta es la cuestión. La respuesta sincera determina el nivel de consciencia en el que elijo vivir: en la verdad o en la falsedad.

De adultos, los sentimientos y emociones que experimentamos cotidianamente son el test que nos indica cuáles han sido nuestras heridas de no-amor y cuán profundamente nos han herido y siguen reclamando sanación. Los problemas de relación son la manifestación hacia el exterior del mundo emocional, todavía no sanado, que vivimos interiormente.

La experiencia nos remite al hecho siguiente: “muéstrame tus reacciones emocionales y sabré cuales son las heridas que todavía te condicionan; sabré de qué padeces, de qué te defiendes, qué proyectas sobre los otros: conoceré el grado de maduración emocional que has alcanzado o la inmadurez afectiva que te oprime, sabré el nivel de consciencia en que te encuentras.

En el día a día, todos interactuamos a partir del grado de madurez afectiva alcanzado. Hay personas que sobreviven con carencias afectivas, bloqueadas en una continua reclamación egocéntrica; hay otras, muy maduras, generadoras de paz, amor, bienestar y, sobre todo, liberación; pero, algunos más y otros menos, todos hemos de madurar aspectos de nuestra vida afectiva: el sufrimiento emocional, grande o pequeño, es un buen indicador.

El hecho de experimentar libertad interior con determinadas personas es un buen indicador de que me encuentro con personas de nivel de consciencia elevado. Yo notaré que también soy una de éstas, si la gente quiere estar conmigo, porque se siente libre y amada.

Presta atención: si no te sientes motivado y atraído por el amor incondicional, prepárate para ser una víctima más, encallada en el nivel de las emociones negativas. Si tu deseo de plenitud es sincero, el anhelo de verdad te llevará a acometer todos los pasos de maduración que sean necesarios hasta que experimentes la libertad de vivir en el amor incondicional. Esto implica hacer un camino espiritual en el que se avanza afrontando el sufrimiento que comporta abandonar un nivel inferior e ir alcanzando, progresivamente, cada nivel superior, hasta llegar a ser amor incondicional. ¡Es un camino apasionante!

Por el momento, puedes aprovechar cada vivencia emocional negativa como una oportunidad para repetirte esta guía-plegaria. “Soy un Ser infinito, porque estoy hecho a imagen y semejanza de Dios. Soy hijo de este Padre. Él es mi origen y mi raíz. En la raíz, todo es Amor. La esencia de mi Ser es Amor. Cancelo los posicionamientos del ego, los abandono y me abro al amor incondicional”.

Este planteamiento constituye el trabajo concreto que me he de repetir para instaurarlo. Puedo abrirme al nivel de consciencia del amor incondicional o simplemente puedo abandonarme a las oleadas de emociones negativas a las que me he habituado.


Pautas de reflexión y actuación.

  1. Si esta propuesta final para recuperar el centro de tu Ser, que es la raíz del Padre, donde todo es vida y amor, te parece demasiado atrevido o demasiado espiritual, pregúntate a qué nivel rebajas tu identidad. ¿Desde qué nivel de consciencia eliges vivir?
  2. No te limites ante el amor incondicional. Es un reto, ciertamente. ¿Estoy abierto ante él?
  3. Seas más o menos consciente de ello, ya vives tu vida desde un nivel de consciencia. Observa en cuál te encuentras más instaurado, ¿En el de las emociones negativas o en el de las positivas?
  4. El predominio de unas emociones u otras te indica la fuerza que el ego tiene en tu vida o el poder que le concedes al Ser que ya eres. La decisión la has de tomar tú. ¿En manos de qué gestor dejo mi vida emocional, en manos del ego o en manos del Espíritu?
  5. Cualquier agitación emocional, por negativa que sea, es una gran oportunidad. El ego siempre evita que afrontes el sufrimiento que comporta madurar. Si quieres gozar de los frutos del amor incondicional, has de transitar por todo el dolor y el sufrimiento, que te impide amar sin condiciones. El que eso te parezca difícil es normal, la cuestión es si estás dispuesto a aprenderlo.
  6. La guía-plegaria que aquí se te ofrece es una manera sencilla de recuperar tu consciencia de Ser. Si la aprovechas y la repites continuamente, con mente y corazón abiertos, te aseguro que experimentarás los frutos, mucho antes de lo que piensas.

Las emociones que experimentan las personas en sus relaciones, se definen por sí solas en función del grado de energía positiva o negativa que las definen. Todos desean gozar de emociones positivas y, en cambio, experimentamos emociones negativas con mayor frecuencia de la que desearíamos. Es esta frecuencia y la intensidad de la negatividad emocional lo que determina el nivel de consciencia alcanzado.

De tal forma, que el bajo nivel de consciencia es establecido por la vivencia de las emociones negativas, como son la vergüenza, la culpa, la apatía, el sufrimiento, el miedo, el deseo, la ira, el orgullo. Estas emociones son tan frecuentes que tenemos la percepción de encontrarnos dentro de la normalidad.

Tenemos la tendencia a atribuir a los otros la causa de estas energías negativas. La realidad es que todo lo que experimentamos, tanto si es positivo como negativo, todo tiene lugar en el ámbito interior de nuestra conciencia. Y eso no tiene nada que ver con el sentimiento de culpabilidad, por lo contrario, es un acto de responsabilidad que me permite sanar las emociones negativas a medida que acepto que se generen en mi interior, en función del nivel de consciencia en que me encuentro. Esto quiere decir, por ejemplo, que mientras predominen en mí reacciones de miedo, ira, culpa, orgullo, etc., estas energías negativas determinan un nivel mío de consciencia predominantemente negativo.

Dado que la energía de estos tipos de emociones es negativa, he de aceptar que me encuentro en un nivel de consciencia negativo, del que no puedo esperar que salga energía positiva. Sólo cuando me sitúo en el amor incondicional reciben los otros la energía positiva del amor.


Artículo publicado en la revista Ciutat Nova 165 de junio/julio de 2016

Otros artículos de la serie sobre Crecimiento Emocional, de Joan María Bovet publicados en Ciutat Nova

  1. Psicología de las emociones
  2. El anhelo de plenitud frustrado
  3. De las emociones negativas al amor incondicional
  4. El ego, gestor de las emociones negativas, nos mantiene en la falsedad
  5. Mapa de los niveles de conciencia
  6. Evolución espiritual
  7. Círculos de evolución de la conciencia
  8. Resistencias del ego
  9. Desmantelemos el ego

 

 

 

 

Acerca del autor

Psicòleg clínic en Centre Gestalt-Fis | Más artículos

Especialista en Psicología Clínica
Director del Centre de Psicologia Clínica i Fisioteràpia, Gestalt-Fis, Família i Salut
Trabaja en los niveles de conciencia y evolución espiritual del Dr. David Hawkins.
Imparte cursos de Formación sobre el Mapa de la Conciencia y acompaña procesos de evolución espiritual.

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