Cuando tener trabajo ya no es siempre garantía de una vida digna, avanzar por el camino de inclusividad, interdependencia y transversalidad que propone la Agenda 2030, aparece como algo más que una oportunidad. Un camino en el que es necesario escuchar todas las voces, todas las culturas, todas las aportaciones.

 

Anualmente Naciones Unidas publica un Informe sobre los progresos en el cumplimiento de los ODS, haciendo hincapié en aquellos ámbitos en los que es más urgente tomar medidas. En el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020 se señalaba que la pandemia en aquel momento había hecho que 1.600 millones de personas en la economía informal estuvieran en riesgo de perder su trabajo y en el segundo trimestre de 2020 podría ocasionar la pérdida de 400 millones de puestos de trabajo. En el prólogo del mencionado informe, António Guterres–Secretario General de las Naciones Unidas–, después de señalar que la pandemia ha puesto aún más de manifiesto la necesidad de la Agenda 2030, hace “un llamamiento a renovar la ambición, la movilización, el liderazgo y la acción colectiva, no sólo para vencer la Covid–19 sino para recuperarnos de una manera mejor y conjunta, para así poder ganar la carrera contra el cambio climático, abordar decididamente la pobreza y la desigualdad, empoderar verdaderamente a todas las mujeres y niñas, y crear sociedades más inclusivas y equitativas en todas partes”. El avance en todos los ODS está interrelacionado, pero en este escrito vamos a centrarnos en el número 8 que tiene como fin: “Promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos”.


Tener trabajo no siempre es un escudo contra la pobreza


Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo decente “sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral. Significa la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres”. En nuestras sociedades vemos cómo tener trabajo no siempre es un escudo contra la pobreza y la exclusión. Por esa razón, el trabajo digno es aquel que permite llevar adelante un proyecto de vida en condiciones. Si miramos al crecimiento económico, éste no puede ser un fin en sí mismo, tiene que estar al servicio de todas las personas. Durante muchos años se ha tomado como indicador de crecimiento y de generación de riqueza el Producto Interior Bruto (PIB) –magnitud que indica el valor monetario de todos los bienes finales producidos en un período en una región o país–. Pero este indicador tiene muchas limitaciones, y una de las mayores es que no habla de cómo está distribuida la renta generada.  Hay países y regiones en las que conviven un alto PIB y una fuerte desigualdad. Por ilustrar este hecho, según Cinco Días y atendiendo a datos del INE, en 2020 la renta per capita de España, que sufrió un desplome del 10.3% tras seis años de alza, fue de 23.693 euros (siendo la más alta la de la Comunidad de Madrid –32.048– y la más baja la de Canarias –17.448). Si pusiéramos el foco en las comunidades señaladas también veríamos que existen grandes desigualdades. No se trata de promover cualquier crecimiento, ni cualquier trabajo. Como señala Guy Ryder –Director General de la OIT: “un número mayor de personas con empleos decentes significa un crecimiento económico más fuerte e inclusivo, y mayor crecimiento significa más recursos disponibles para crear empleos decentes”.


El crecimiento económico no puede ser un fin en sí mismo


El trabajo decente siempre ha estado en el foco de la Doctrina Social de la Iglesia. Se considera que la Rerum novarum (traducido del latín: “De las cosas nuevas” o “De los cambios políticos”), promulgada por el papa León XIII en 1891, es la primera encíclica social de la Iglesia Católica y trata “Sobre la situación de los obreros”. Mas cerca en el tiempo, en la encíclica Laudato Si’ (n.127), el papa Francisco, nos recuerda que “el trabajo debería ser el ámbito de este múltiple desarrollo personal, donde se ponen en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección del futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de los valores, la comunicación con los demás, una actitud de adoración”.

El 5 de mayo de 2015 se presentó públicamente la Declaración Iglesia por el Trabajo Decente (ITD). Esta iniciativa surgió de entidades y organizaciones de inspiración cristiana [Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC), y Juventud Obrera Cristiana (JOC)] para “favorecer dinámicas de sensibilización, visibilización y denuncia sobre una cuestión central en la sociedad y esencial para la vida de millones de personas: el trabajo humano y anunciar el concepto de trabajo decente ‘hacia el interior de nuestras organizaciones, hacia la Iglesia en general y hacia la sociedad’”. En la página web de la iniciativa hay una sección de recursos del magisterio de la Iglesia Católica que tratan el trabajo decente: encíclicas, instrucciones pastorales, exhortaciones, discursos, etc. Así mismo, indican qué supone hoy defender el trabajo decente.

  1. Poner en el centro a la persona, rompiendo la actual lógica de pensar y organizar el trabajo desde lo económico y los intereses de unas pocas personas.
  2. Plantear el sentido y el valor del trabajo más allá del empleo: Distribuir de manera justa y digna el empleo y reconocer socialmente todos los trabajos de cuidado necesarios para la vida humana.
  3. Luchar por condiciones dignas de empleo: Sin la lucha por la afirmación de los derechos de las personas en el empleo no es posible humanizar el trabajo.
  4. Articular de forma humanizadora el trabajo y el descanso.
  5. Luchar por la defensa de los derechos humanos y desvincular empleo y derechos”.

Para terminar, y a modo de invitación, una estrofa y el estribillo de la canción compuesta por Manolo Copé para la campaña “Trabajo digno para una sociedad decente” que la HOAC desarrolló entre 2016 y 2017:

Acoge, abraza, cuida, acompaña y lucha sin tregua

que a nadie falte trabajo, ni techo ni tierra. (…)

TRABAJO DIGNO PARA UNA SOCIEDAD DECENTE

TRABAJO DIGNO Y QUE VUELVA A SONREÍR LA GENTE


Referencias:

Cinco Días (2021, 17 diciembre). El PIB per cápita de España cae un 10,3% en 2020, tras seis años al alza. Cinco Días.

ITD – Iglesia por el Trabajo Decente (2021). https://www.iglesiaporeltrabajodecente.org/ 

ONU – Organización de Naciones Unidas (2020). Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020. Disponible en: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/progress-report/

OIT – Organización Internacional del Trabajo (2017). Trabajo decente y la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Disponible en:  https://www.ilo.org/global/topics/sdg-2030/resources/WCMS_470340/lang–es/index.htm

OIT – Organización Internacional del Trabajo (2021). Trabajo decente. Disponible en: http://www.oit.org/global/topics/decent-work/lang–es/index.htm


Este artículo ha sido publicado en el número 188 de la revista: ¡Qué trabajos!

 

Acerca del autor

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Enamorada de la vida y de mi profesión, profesora de ética en la Universidad de Deusto. Madre vocacional. Amiga de mis amigos. Comprometida con hacer del mundo un lugar mejor para todas las personas.

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