¿Quién somos? Las identidades se construyen en el encontrarse y reencontrarse. Un edificio en el que los ladrillos son las vivencias y el cimiento los vínculos. Y siempre habrá alguien, en algún momento de la vida, que nos dirá: ¡Estás loco!

 

Así de claro y así de directo.

Después de casi 25 años viviendo en Europa – Florencia, Valencia, Barcelona, Dublín y de nuevo Barcelona – he regresado a Argentina. En concreto, a la ciudad donde nos trasladamos cuando tenía 5 años: Córdoba de la Nueva Andalucía, que conocemos como Córdoba.

Mi familia emigró desde Tucumán, ciudad del norte argentino, y nos establecimos en “La Docta”. Este apodo hace referencia a un hecho histórico: en 1613 los jesuitas fundaron la primera Universidad, que fue la única durante dos siglos, de todo el país y el Colegio de Montserrat, que todavía funciona y goza de gran prestigio.

Cuestión que, al regresar a Córdoba, después de tantos años, muchos compatriotas me recibieron con ese caluroso: “-Estás loco”. Y alguno o alguna añadía: “-Todo el mundo se quiere ir a Europa y vos te volvés”.

Así las cosas, me permito compartir con los lectores de Ciutat Nova algunas vivencias, sin pretender abarcar todos los matices posibles, de alguien que ha vivido mitad de su vida en Argentina y la otra mitad en Europa.

Aclaro que, en esos 25 años, hice varias visitas familiares y también viajes más breves acompañando a otras personas. Lo que no hice, lo reconozco, fue seguir el día a día de los acontecimientos en Argentina.

En ese sentido sé más de historia, política, economía y religión de los países en los cuales viví en Europa que de Argentina, porque siempre me interesó conocer las raíces de los lugares en los que viví.

Ese ya es un primer punto que he constatado en este periodo, tengo ganas de leer, aprender, viajar y descubrir muchas cosas de mi propio país que, al irme con 23 años, no llegué a conocer. Por otra parte, tengo un “hueco” de nombres, acontecimientos, momentos cruciales de este pueblo y, sobre todo, siento que tengo mucho por aprender.

Otra vivencia que tuve al inicio fue una cierta preocupación, porque vi personas que intentaron regresar y no se acostumbraron, muchos terminaron volviendo a Europa. En este sentido, quizás por mi tipo de carácter, no he sufrido grandes contratiempos, salvo unos cuántos kilos de más… ¡Los reencuentros con asados no perdonan!

En el plano de las relaciones personales he tenido el enorme regalo de vivir muchos reencuentros, poder visitar amigos/as, parientes, personas que hacía muchos años que no veía. Tener el tiempo para quedarme un día, dos o tres también, viajar sin prisas y compartir momentos únicos, un auténtico regalo de la vida.

Un punto que quiero subrayar es la acogida que tuve, un signo concreto de calidez que sigue vivo en estas tierras. Alojamientos, paseos, comidas, tiempo… ¡Hasta las llaves de un piso para visitar una ciudad!

Supongo que es la parte bonita de regresar, ese poder “pasarle el plumero” a muchas relaciones y ver que debajo del polvo del olvido sigue estando vivo un vínculo único e irrepetible, como cada uno de nosotros, y que ahora se puede actualizar y revitalizar.

Entrando en otras esferas, también he percibido un cuidado menor de los espacios públicos, quizás por una inversión pública más reducida –o que se pierde por el camino– y una actitud ciudadana más descuidada. Tampoco se puede generalizar y también en Argentina hay lugares donde lo público se cuida más.

En los años que viví en Barcelona valoré y aprendí mucho de las asociaciones y de toda la vida que un barrio puede generar; ese tejido social es fundamental y vale la pena comprometerse y participar en las actividades que se organicen. Aquí tengo curiosidad por conocer mejor los Centro Vecinales que se han ido creado, todavía no he podido ir, pero pensaba pasar, aunque con la pandemia las actividades se han reducido mucho.

Otro elemento que me llamó la atención son la rejas, quizás me había olvidado de ver tantas rejas en las casas. En especial si pienso en los años que viví en Irlanda, allí las casas no tienen rejas y paseando por la calle se ven las familias o la gente en su casa desde los grandes ventanales. Creo que siempre se puede crecer en fomentar una cultura de la confianza y más segura, basada en el respeto de la persona y su propiedad.

En resumen, me siento enriquecido por los años que viví en Europa y también contento por haber regresado.

En el fondo «en todas partes se cuecen habas» y, para mí, una buena parte de la vida depende de la actitud con la que miramos la realidad que nos rodea.

Lo que sí es seguro es que, en cualquier lugar del planeta, podemos aportar nuestro granito de arena para construir una sociedad más justa y solidaria, en sintonía con los valores que propone Ciutat Nova.

Acerca del autor

Argentino trotamundos y catalán por adopción, interesado desde siempre en el misterio del Amor, un poco existencialista y bastante enamorado de las lecturas y las metáforas.

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