Recuerdo con simpatía y una cierta nostalgia aquellos viajes en tren de Barcelona a Palautordera, en aquellos vagones de madera, la máquina de vapor, la lentitud… Pero lo que más me llamaba la atención, era que la gente, más o menos se conocía y las conversaciones eran animadas y divertidas. Incluso había visto como durante el trayecto se jugaban partidas de cartas.
Desde entonces hasta ahora, han pasado más de 50 años. Los actuales trenes de Cercanías, han mejorado la calidad del viaje en relación a aquellos vagones de madera. Mayor rapidez, más comodidad, aire acondicionado, … Pero hay algo que ha empeorado notablemente: la gente no se habla. Cada uno con su móvil, tableta, portátil, auriculares…Quizás están muy bien conectados, pero muy mal comunicados.
La tecnología móvil puede llevarnos fuera del espacio real y situarnos en un espacio imaginario. Es decir: nos acerca a realidades lejanas y nos aleja de las realidades cercanas. Ciertamente que la tecnología nos ha traído grandes ventajas, pero no han ido acompañadas de una mejora de las relaciones interpersonales. Es aquí donde deberíamos poner todos nuestros esfuerzos para sanar las debilidades que arrastra nuestro mundo.
Para tratar estos males tenemos una terapia interesante. Una ética que deriva de la cultura cristiana y que nos aporta un extraordinario legado a tener en cuenta. ¿Por qué? Pues porque se trata de dar respuestas a los problemas de hoy en día, muchos de ellos derivados de la falta de comunicación verdadera y de calidad. En el fondo, podríamos decir que son males que nacen de aquella incomunicación en el tren. Y en el metro, en la mesa del restaurante, en el parlamento, en…
No podemos dejar de lado una ética que afronta las diversas problemáticas en profundidad, sin superficialidades. Hace una propuesta de justicia universal, en un mundo lleno de injusticia. Hace una propuesta de paz, en un mundo donde abunda la violencia y la guerra. Hace una propuesta de respeto y conservación de la naturaleza, en un mundo en que no somos capaces de cumplir el protocolo de Kioto o de la cumbre de Paría. Hace una propuesta de una economía y una política al servició de los más vulnerables, no al servicio de los más poderosos.
Decidme si esto no tiene plena vigencia y no es absolutamente necesario. Es cierto que esta no es la única propuesta que existe en el mundo. De hecho, el mundo está formado por grupos humanos de diversas convicciones. No se trata de ver quien tiene la razón, sino de identificar los principios éticos que compartimos, especialmente todos aquellos que favorecen la convivencia y la paz.
Acerca del autor
Licenciado en Ciencias Químicas, Master en Astronomía, casado con Blanca, dos hijos, cuatro nietos, colaborador habitual de Ràdio Estel, de Ciutat Nova y de CAT-Diàleg. Asesor ocasional de la Eurocámara en temas de medio ambiente.

Suena tan bien esto que escribes, Antonio! El sistema favorece el individualismo. El otro día en el despacho, pedí un número de teléfono para hablar con una persona y se extrañaron de que no le mandara un correo electrónico. No podemos ni debemos perder la mirada, el rostro y la voz del otro… aunque implique aceptar el riesgo de que no queden por escrito nuestros acuerdos y alguien, algún día, nos pueda decir que lo dicho no era aquello, y nos pueda denunciar y acabar en las manos de un juez que nos pedirá si tenemos pruebas escritas, i nos condenará, Y aparecerá la satisfacción de haber jugado limpio y la decepción de haber confiado en una persona que se ha aprovechado de ti. Si, Antonio: Bien conectados i mal comunicados. Quizás porque estamos olvidando que la esencia de la comunicación es el amor.
Sona tan bé això que escrius, Antoni! El sistema afavoreix l’individualisme. L’altre dia al despatx, vaig demanar un número de telèfon per parlar amb una persona i es van estranyar que no li enviés un correu electrònic. No podem ni hem de perdre la mirada, el rostre i la veu de l’altre … encara que impliqui acceptar el risc que no quedin per escrit els nostres acords i algú, algun dia, ens pugui dir que el que s’ha dit no era allò, i ens pugui denunciar i acabar a les mans d’un jutge que ens demanarà si tenim proves escrites, i ens condemnarà, i apareixerà la satisfacció d’haver jugat net i la decepció d’haver confiat en una persona que s’ha aprofitat de tu. Sí, Antonio: Ben connectats i mal comunicats. Potser perquè estem oblidant que l’essència de la comunicació és l’amor.