Hace unos días, leía en un periódico un artículo de opinión en el que se debatía la cuestión de si nos encontramos en una época de cambio o en cambio de época. El artículo era interesante, pero al final tenías la sensación de que no era necesario romperse la cabeza entre una u otra visión, porque tenían prácticamente las mismas connotaciones, unas más concretas y otras más abstractas.

Notamos más los cambios aquellos que ya hemos superado el ecuador de nuestra existencia, que no los más jóvenes, porque tenemos más referencias y más remotas para poder comparar. Que una época declina y languidece, lo ponen de manifiesto muchas cosas que antes eran vitales y ahora van claramente de baja. Por ejemplo, aquel crecimiento continuo, durante el siglo pasado, de la fabricación de papel, pasó a un estado estacionario a finales de siglo y entró en un declive rápido y creciente en el presente siglo.

La ciencia nos abre nuevos caminos, que nos simplifican la vida y nos abren nuevos campos de relación. Las nuevas tecnologías y las redes sociales son una oportunidad para democratizar la comunicación y permitir que la información llegue a todo el mundo de forma rápida, aunque no siempre fiable. Comprobamos que la manipulación informativa, se hace cada vez más presente en las redes y aquello que tenía que ser sencillo y diáfano, se ha convertido en un galimatías incontrolable.

Cada vez resulta más difícil saber qué es verdad y qué es mentira. Esto me lleva a pensar que, las creaciones humanas, si no se iluminan con la mejor intención, acaban volviéndose como un ‘boomerang’ contra nosotros mismos.


 

Antoni Pedragosa
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