Hace unos días, leía en un periódico un artículo de opinión en el que se debatía la cuestión de si nos encontramos en una época de cambio o en cambio de época. El artículo era interesante, pero al final tenías la sensación de que no era necesario romperse la cabeza entre una u otra visión, porque tenían prácticamente las mismas connotaciones, unas más concretas y otras más abstractas.

Notamos más los cambios aquellos que ya hemos superado el ecuador de nuestra existencia, que no los más jóvenes, porque tenemos más referencias y más remotas para poder comparar. Que una época declina y languidece, lo ponen de manifiesto muchas cosas que antes eran vitales y ahora van claramente de baja. Por ejemplo, aquel crecimiento continuo, durante el siglo pasado, de la fabricación de papel, pasó a un estado estacionario a finales de siglo y entró en un declive rápido y creciente en el presente siglo.

La ciencia nos abre nuevos caminos, que nos simplifican la vida y nos abren nuevos campos de relación. Las nuevas tecnologías y las redes sociales son una oportunidad para democratizar la comunicación y permitir que la información llegue a todo el mundo de forma rápida, aunque no siempre fiable. Comprobamos que la manipulación informativa, se hace cada vez más presente en las redes y aquello que tenía que ser sencillo y diáfano, se ha convertido en un galimatías incontrolable.

Cada vez resulta más difícil saber qué es verdad y qué es mentira. Esto me lleva a pensar que, las creaciones humanas, si no se iluminan con la mejor intención, acaban volviéndose como un ‘boomerang’ contra nosotros mismos.


 

Acerca del autor

Licenciado en Ciencias Químicas, Master en Astronomía, casado con Blanca, dos hijos, cuatro nietos, colaborador habitual de Ràdio Estel, de Ciutat Nova y de CAT-Diàleg. Asesor ocasional de la Eurocámara en temas de medio ambiente.

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