¿Cómo podemos reducir nuestra huella en el planeta?

Ciutat Nova alude este verano, en varias ocasiones, a nuestra “huella” en el planeta. Del mismo modo que al caminar dejamos la huella de nuestros pasos sobre la tierra, nuestro estilo de vida genera un impacto en el ambiente que es variable, en función de nuestros hábitos alimentarios y, en general, de consumo, de nuestra movilidad, de los recursos y energía que se utilizamos y de los residuos que generamos.

Globalmente considerada, la huella humana supera ya la capacidad de la Tierra y solo es posible a costa del alarmante deterioro del planeta y de la desigual contribución de las sociedades humanas, estrechamente ligada a un sistema dominante que, además de ambiental y económicamente insostenible, es profundamente injusto.

La huella ecológica de Europa se produce mayoritariamente fuera de su territorio… Es evidente, por tanto, que la responsabilidad ambiental es diferenciada y que nuestro compromiso, como personas y como sociedad “desarrollada”, debe ser mayor, a todos los niveles, que el de las sociedades “en desarrollo”, que, con frecuencia, han desarrollado culturas mucho más sostenibles y resilientes que la nuestra occidental.

En el ejercicio de nuestro compromiso socio-ambiental para reducir nuestra huella resultará muy útil detenerse a pensar con calma las 10 preguntas incómodas para valorar nuestra coherencia que nos propone en Ciutat Nova Josep Maria Mallarach. Para algunos será también de utilidad revitalizar hábitos de consumo de nuestros mayores, del medio rural hasta hace pocas décadas, cuando los desperdicios eran mínimos y la reutilización era la norma. Ayer pensaba –perdone el lector esta glotonería cárnica– en esa carne del cocido sofrita y esos canelones con los restos del día anterior… ¡Hum, qué rico!

Nuestro consumo no es neutro, en cierta forma nos define personalmente y como sociedad. Decidimos qué, dónde o a qué empresas compramos productos y contratamos servicios; todos podemos avanzar hacia un consumo más ético, que sea ambientalmente responsable y socialmente solidario. Las opciones existen –productos sostenibles y de temporada, comercio de proximidad, empresas suministradoras de energía renovable…– y aumentarán en función de nuestra mayor demanda, pues nuestras necesidades y nuestras preferencias dirigen la oferta.

Lo sabemos: para la necesaria revisión de nuestro estilo de vida las claves están en la austeridad y la sobriedad. Basta que pensemos en una de las propuestas que nos hace El dado de la Tierra: “sólo lo que se necesita”; en la Web de esta iniciativa encontraremos, además, ideas y propuestas. También es muy útil la sencilla aplicación de la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS) , que permite estimar el CO2 no emitido cuando reutilizamos. Además de estos dos recursos que presenta Ciutat Nova en su número de este verano, son muchos los disponibles actualmente, que nos permiten calcular el impacto de nuestro estilo de vida y actuar un cambio hacia un consumo responsable.

El indicador de sostenibilidad de nuestro estilo de vida más difundido es el concepto de “huella ecológica”, ideado en los años noventa para calcular de forma sencilla el consumo de recursos, expresándolo en forma de la superficie terrestre ecológicamente productiva necesaria para hacerlo posible. En su expresión más rigurosa contempla el ciclo vital completo de los productos, desde su producción a su transporte y distribución, su consumo y los residuos generados. Mathis Wackernagel y William E. Rees, de la Universidad de British Columbia (Canadá), se basaron para ello, por tanto, en el concepto de Biocapacidad, pudiendo ser aplicado a escala personal, de familia o de colectividad a cualquier escala.

El cálculo de la huella ecológica, aunque siempre es una aproximación útil, puede hacerse a distintos niveles de precisión, por lo que los recursos disponibles para ello son de complejidad variable. La recomendación es comenzar por cálculos sencillos, más globales de nuestro consumo personal en materia de vivienda, comida y transporte, que son los responsables de en torno al 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Posteriormente, podremos acudir a herramientas de cálculo más rigurosas, pero tendremos que echar mano de facturas, de especificaciones técnicas de ciertos aparatos… Un cálculo preciso nos permitirá afinar en nuestras opciones de consumo, por ejemplo ante la compra de un vehículo, la elección entre productos alternativos para una misma necesidad, la definición de una dieta alimentaria, etc.

Como primera aproximación recomiendo la calculadora de la Global Footprint Network, organización independiente sin ánimo de lucro dirigida por M. Wackernagel, que nos hará sencillas preguntas sobre alimentación, vivienda y movilidad, siempre con opciones de afinar el cálculo.

Una segunda aproximación, algo más completa, pero también con requerimientos de información de fácil respuesta, es la calculadora de la Fundación Vida Sostenible. Incluye en la estimación preguntas sobre consumo de energía y agua, movilidad, alimentación y reciclaje. La web de esta Fundación incluye otros interesantes recursos, como el proyecto Comida crítica, orientado a aspectos ligados a la alimentación a los que no se suele prestar atención, como las relaciones con el ambiente o la justicia social.

Algo más completa, también de la Fundación Vida Sostenible, en colaboración con la Diputación Foral del Bizkaia y Global Action Plan, es una interesante herramienta que permite calcular separadamente la huella en relación con cuatro elementos relevantes: empleo de energía en el hogar, consumo de agua, transporte y generación de residuos.

Finalmente, para un cálculo más preciso o, como señalaba antes, para indagar en comparaciones entre opciones de consumo, recomiendo vivamente la visita al Observatorio de la Huella de Carbono, iniciativa reciente de la Cátedra de Ética Ambiental de la Universidad de Alcalá. Junto a una documentación técnica excelente y desde el rigor científico, este Observatorio no sólo dispone de una completísima y detallada calculadora de huella, en este caso expresada en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, sino que incluye otros recursos de gran utilidad como los del menú “Alternativas”, referido al impacto de diferentes opciones  de consumo en relación con comida, transporte, ropa, higiene, tecnología y mascotas. Merece la pena dedicarle un tiempo, tantas cosas nos sorprenderán y aprenderemos mucho sobre cómo reducir la huella.

Sí, ojalá todos encontremos la ocasión para dedicarle un rato a este tipo de recursos, a calcular nuestra huella –para reducirla– y a familiarizarnos con las posibilidades que nos brindan para avanzar hacia un estilo de vida más sostenible. Y, para concluir, recordar que, como nos dicen Lucas Cerviño y Jordi Rodríguez este verano en Ciutat Nova, revisar nuestra huella ecológica puede convertirse en una experiencia espiritual si lo hacemos como expresión de una “purificación recíproca y del enriquecimiento mutuo para promover la consciencia de un origen común, una pertenencia mutua y un futuro compartido”, una cultura del “cuidado” que surge del cultivo de la interioridad y que, al mismo tiempo, se abre a relaciones sostenibles con la naturaleza y con las generaciones actuales y futuras.


Imagen cortesía de Marija Aaric – Unplash

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Geógrafo académico, vivencial y comprometido, siempre abierto al asombro, indagando en las relaciones entre la sociedad y la naturaleza.

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