¡Las luces de Navidad ya brillan en nuestras calles desde hace días! Ciudades y pueblos lucen su decoración navideña y los comerciantes esperan buenas ventas para cerrar el año. Esta atmósfera tan entrañable, que nos recuerda el nacimiento de Jesús Niño, tambien me lleva a pensar sobre el mensaje de paz, amor y concordia que este niño representa. De hecho, celebramos el milagro de un Dios que se ha hecho hombre. Paradójicamente, un Dios que por definición es muy superior a todos nosotros, se hace pequeño y se encarna en unas condiciones limitadas de espacio y tiempo, para acercarse a la humanidad, para amarla, para entrar en diálogo con cada persona por doquier.
A la luz de este amor inmenso me pregunto espontáneamente: ¿seremos capaces de vivir estos días en un clima de paz y concordia? No es necesario tener una bola de cristal para pronosticar que durante estas fiestas, en más de una sobremesa, la señora paz y su amiga la concordia, tendrán que pedir turno, más de una vez con insistencia y, quizás, en alguna ocasión no podrán sentarse a la mesa. Es cierto que las relaciones en nuestra sociedad viven momentos de tensión. A veces, basta un leve gesto o un breve comentario fuera de lugar para atizar el fuego e, incluso, provocar un auténtico incendio en medio de una charla de familia o entre amigos.
Me pregunto si hay que resignarse y sufrir pasivamente esta situación. O ¿Quizás no hay otra salida que subir el tono de voz y decirla bien gorda? Pienso que hay más opciones. Creo que los seres humanos tenemos recursos suficientes para tratarnos como personas, para respetarnos y mantener una relación cordial alrededor de la mesa de Navidad, más allá de las diferencias y de las opiniones opuestas. Pero, tampoco podemos pecar de ingenuidad. Una actitud de diálogo que tiene el valor de acoger el pensamiento del otro con paciencia, que es capaz de escuchar profundamente a la persona que piensa de forma contraria, ciertamente, no se improvisa. De la misma forma que un corredor de maratón debe entrenar fuerte si quiere completar los 42 kilómetros, también, para mantener una actitud de diálogo sincera y profunda, es necesario entrenarse.
En este sentido, me gustaron mucho los tres puntos que propone Céline Croon en la entrevista que le hizo Romà Tersa, en el último número de la revista Ciutat Nova. Esta experta de la Cruz Roja Internacional se dedica a restablecer el contacto entre familiares separados por conflictos armados y la violencia organizada. Está claro que en Cataluña no tenemos conflictos armados, pero también es muy evidente que, si analizamos las dinámicas de un conflicto armado, encontraremos puntos comunes con la casi totalidad de conflictos entre personas y pueblos. Céline habla de tres puntos que se nos presentan como tres propuestas de entrenamiento para alcanzar la meta de la paz y la concordia.
La primera consiste en interesarnos por el otro mediante el acercamiento y, por tanto, saliendo de nuestra “zona de confort” para conocer mejor al otro. A mi nivel, por ejemplo, intento practicar este interés por el otro leyendo prensa muy variada: ABC, El Mundo, La Razón, El País, El Periódico, Diari ARA y El Nacional forman parte de mis lecturas habituales. Por lo menos intento leer los titulares y, a veces, aprovechando un viaje o un domingo tranquilo, compro prensa de diversas posturas. También el interés por la historia es una forma de acercarnos al otro y, sobre todo, ayuda mucho a mantener siempre una capacidad de apertura de mente, que nos ayude a percibir matices nuevos y detalles de temas que creíamos ya muy conocidos.
El segundo ejercicio consiste en acoger situaciones reales. Siguiendo esta propuesta me pregunto: ¿Cuántas personas pueden decir que han participado en una Diada y también en una manifestación a favor de la unión política de España? O bien, ¿Cuántas personas que no votaron el 1 de octubre, salieron de casa para acercarse a alguna sede electoral y ver de primera mano lo que se estaba viviendo? En mi caso, durante el verano, tuve que pasar unas semanas en Madrid y un día propuse a un amigo ir a conocer el “Valle de los Caídos”. No había estado nunca allí y pensé que era importante conocer un lugar como aquel. Son gestos, incluso pequeños y cotidianos, pero es aquello que está a nuestro alcance si queremos construir una convivencia más sana entre todos.
Finalmente, Céline Croon propone valorar la diferencia. Ella misma nos dice que esto “no significa estar de acuerdo en todo” pero, ciertamente, es un gran ejercicio el hecho de poder subrayar puntos positivos del pensamiento o la postura del otro. ¿Lo hacemos a menudo? De hecho, creo que no es suficiente con la “aceptación” de la diferencia; es necesario llegar a “celebrar” la diferencia. ¡Es un reto! Quizás uno de los más difíciles, pero hay que intentarlo.
Para algunos, ya estamos viviendo en la República catalana. Para otros, esto es un colosal desaguisado. Pero para todos llega la Navidad y, más allá de nuestras creencias, podemos ser portadores de diálogo y de paz o de división y tensión. Depende de nosotros.
También sobre esta temática: La diversidad, ¿fuente de conflicto? de Robert Roche
El tema del conflicto se trata en el último número de la revista: ¿Los otros y nosotros? (171 – otoño 2017)
Acerca del autor
Argentino trotamundos y catalán por adopción, interesado desde siempre en el misterio del Amor, un poco existencialista y bastante enamorado de las lecturas y las metáforas.
