En la reflexión que propongo a continuación relaciono dos artículos: el 155 de la Constitución española y el 387 del compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Supongo que he relacionado estos dos puntos porque, mientras escribo este artículo, me encuentro en Suiza impartiendo un curso sobre Promoción de la paz, Derechos humanos, Comunidad política y la Salvaguardia del medio ambiente desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia.

Sobre el artículo 155 no hay mucho que añadir, ya que se ha hecho “famoso” en estos últimos meses. Se comenzó a aplicar a raíz de las votaciones del 1 de octubre y de la Declaración de Independencia de Cataluña. El objetivo, según establece el artículo, consiste en adoptar las medidas necesarias para obligar una Comunidad Autónoma al cumplimiento forzoso de sus obligaciones o para la protección del interés general. El artículo 387, en cambio, es poco conocido por la mayor parte de la población, pero resulta muy útil leerlo a la luz de los acontecimientos que estamos viviendo actualmente a nivel político y social. En este sentido, hay que tener en cuenta que Cataluña se puede considerar una minoría cultural que, en el caso del 387, se englobaría en el concepto general de «minoría» o «grupo minoritario»: «A cada pueblo corresponde normalmente una Nación, pero, por diversas razones, no siempre los confines nacionales coinciden con los étnicos. Surge así la cuestión de las minorías, que históricamente han dado lugar a no pocos conflictos. El Magisterio afirma que las minorías constituyen grupos con específicos derechos y deberes. En primer lugar, un grupo minoritario tiene derecho a la propia existencia: Este derecho puede no ser tenido en cuenta de modos diversos, pudiendo llegar hasta el extremo de ser negado mediante formas evidentes o indirectas de genocidio. Además, las minorías tienen derecho a mantener su cultura, incluida la lengua, así como sus convicciones religiosas, incluida la celebración del culto. En la legítima reivindicación de sus derechos, las minorías pueden verse empujadas a buscar una mayor autonomía o incluso la independencia: en estas delicadas circunstancias, el diálogo y la negociación son el camino para alcanzar la paz. En todo caso, el recurso al terrorismo es injustificable y dañaría la causa que se pretende defender. Las minorías tienen también deberes que cumplir, entre los cuales se encuentra, sobre todo, la cooperación al bien común del Estado en que se hallan insertos. En particular, el grupo minoritario tiene el deber de promover la libertad y la dignidad de cada uno de sus miembros y de respetar las decisiones de cada individuo, incluso cuando uno de ellos decidiera pasar a la cultura mayoritaria».

Encuentro muy acertado el equilibrio entre derechos y deberes de una minoría ya que, por una parte es un derecho el poder «buscar una mayor autonomía o incluso la independencia»; por otra parte, el grupo minoritario tiene el deber de «cooperar al bien común» y respetar «las decisiones de cada individuo, incluso cuando uno de ellos decidiera pasar a la cultura mayoritaria­». Mantener este equilibrio, entre derechos y deberes, no se presenta como una tarea sencilla pero tampoco es imposible. La clave, como también señala el 387, es «el diálogo y la negociación».

Llevamos meses escuchando estas dos palabras, pero no vemos hechos y actuaciones que vayan en esa dirección. En ese sentido hay que apelar a la responsabilidad del Gobierno de España, y de todos los ciudadanos que se sienten españoles, para escuchar y extender la mano a los ciudadanos que no se siente españoles y que tienen una identidad nacional forjada alrededor de Cataluña. Obviamente esto debe ser recíproco, pero en el caso de Cataluña, si el gobierno que posee más poder y recursos no propone una mesa de negociación, difícilmente se conseguirá cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Conviene recordar que una comunidad política está al servicio del bien común, pero la organización o la forma de dicha comunidad política puede cambiar a lo largo de la historia. De hecho, la unidad política de España no es algo sagrado ni inmutable. Los procesos de cambio son siempre complejos, pero inevitables y necesarios para seguir creciendo y evolucionando como humanidad. Esto no quiere decir que la única salida para Cataluña sea la independencia, pero para seguir conviviendo en el marco de referencia que se ha tenido hasta ahora, hay que abrir la puerta al diálogo y a nuevos acuerdos. Desde estas páginas esperamos que, en la nueva etapa abierta por las elecciones del 21-D, se inicie un camino más fecundo de respeto y colaboración al servicio de todos los ciudadanos y de los distintos sectores de nuestras sociedades.

Acerca del autor

Argentino trotamundos y catalán por adopción, interesado desde siempre en el misterio del Amor, un poco existencialista y bastante enamorado de las lecturas y las metáforas.

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