De Hugo Assmann a Francis Fukuyama
He leído una frase que me ha hecho pensar mucho. Parece un juego de palabras, pero cuando la examinas a fondo, ves que está llena de contenido y de razón. Se trata de una afirmación de Hugo Assmann, doctor en Teología y Ciencias Sociales. Dice: «Hemos mercantilizado lo sagrado y hemos sacralizado lo mercantil».
Refiriéndose a esta frase, Hugo Assmann explica que la humanidad, constituida por personas, es lo más sagrado que hay en el mundo, y no podemos mercantilizarla ni degradarla a la ínfima categoría de masa consumidora. Hemos hecho de la persona humana un instrumento al servicio de la economía, cuando debería ser al revés, la economía al servicio de la persona. Por otra parte, cuando dice que hemos sacralizado lo mercantil, se refiere a que hemos convertido el mercado global, en una especie de dios todopoderoso en el que tenemos que creer firmemente y sin fisuras. Una especie de ídolo en el que hay que confiar ciegamente.
Cada tercer viernes de mes, sale el índice de confianza en el mercado, si éste se mantiene o sube, las Bolsas suben, si la confianza se tambalea, las Bolsas bajan. El mercado no quiere dudas ni disidencias. Los teóricos del mercado lo dicen bien claro. Francis Fukuyama lo expresa muy bien con estas palabras: «La historia de la evolución del pensamiento se ha terminado. Sólo hay un pensamiento único con capacidad de dinamizar la sociedad. Es la ley del beneficio, es un proceso que no admite interferencias, cualquier alternativa está destinada al fracaso «.
Estas palabras de Fukuyama dibujan el perfil de la sociedad de consumo. Las sociedades occidentales, altamente consumistas y tecnificadas, han perdido capacidad de crítica y de reflexión. Porque cuando Fukuyama habla de la ley del beneficio, cabe preguntarse: ¿beneficio para quién? ¿Para todo el mundo? Seguro que no. ¿Para el consejo de administración de las multinacionales? Sin duda.
¿Con qué razón se nos puede negar el derecho a buscar alternativas, el derecho a pensar y reflexionar? El mercado quiere y necesita la fidelidad incondicional de los consumidores. La propuesta consumista fomenta el tener y al mismo tiempo insensibiliza la capacidad solidaria de la persona. El mismo Fukuyama dice frases tan duras como esta: «En la lógica del mercado, el discurso solidario no tiene sentido».
De hecho, sin embargo, tenemos todo el derecho de permitirnos invertir estas palabras desde una ética diferente, y decir: En la lógica humana y solidaria, el discurso hegemónico del mercado no tiene sentido. Entre un tipo de pensamiento y otro hay todo un mar por donde navegar, por donde tratar de construir una sociedad a medida verdaderamente humana.
Acerca del autor
Licenciado en Ciencias Químicas, Master en Astronomía, casado con Blanca, dos hijos, cuatro nietos, colaborador habitual de Ràdio Estel, de Ciutat Nova y de CAT-Diàleg. Asesor ocasional de la Eurocámara en temas de medio ambiente.
