La reconversión ecológica del monasterio de Santa Maria de Poblet

En la revista Ciutat Nova de verano, Josep Maria Mallarach nos anima a mejorar nuestra coherencia ecológica a nivel personal y social. Para illustrarlo con un buen ejemplo, aquí nos explica evolución de uno de los procesos en el que él ha participado.

El Monestir reial de Poblet (Conca de Barberà) tiene la particularidad de que sigue siendo gestionado por una comunidad cisterciense, es decir, por la misma orden monástica contemplativa (una rama de los benedictinos) que lo fundó hace casi nueve siglos.

Durante los siglos de esplendor medieval, los monjes y monjas cistercienses impulsaron y difundieron las mejores prácticas agrícolas, ganaderas y forestales en Europa central y occidental, lo que hoy diríamos prácticas ecológicas, para ser lo máximo posible autosuficientes , al tiempo que conservaban el patrimonio natural, su belleza, armonía y silencio.

Poblet fue un ejemplo de buenas prácticas en sus extensos dominios rurales, que gestionaban por medio de “granjas” gestionadas por hermanos legos durante siglos, probablemente hasta la Desamortización (1832-35), cuando los monjes fueron expulsados. Cuando, en el 1940, otros  monjes reanudaron la vida en Poblet, siendo éstos procedentes de ambientes rurales, siguieron aplicando sus prácticas tradicionales en las pocas tierras que pudieron volver a adquirir, pero cuando comenzaron a llegar monjes de procedencia urbanas, por los años 1960-70, éstos, siguiendo las tendencias del sector agrario catalán, incorporaron maquinaria y energías fósiles, sin examinar si aquellos cambios eran compatibles con los principios cistercienses o incluso cristianos.

En el 2007, cuando fue designado  Prior, Fra Lluc Torcal (un hombre brillante y polifacético y de extraordinaria capacidad) impulsó la ‘reconversión ecológica’ del monasterio para recuperar la coherencia que habían tenido sus antepasados. Y no la planteó por vía de un simple retorno al pasado –lo que tendría poco sentido- sino dando respuesta a los retos actuales, con las reflexiones, métodos y tecnologías más idóneos de que disponemos, siempre que éstos fueran coherentes con sus principios. En los algo más de siete años en los que tuve el honor de acompañarle, la comunidad monástica impulsó un conjunto de cambios extraordinarios en el conjunto del metabolismo monástico, que convirtieron al monasterio de Poblet  en un referente.

El hecho de que todo el conjunto monástico de Poblet fuese inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, en el año 1991, y que estuviera dentro de un Paraje Natural de Interés Nacional, condiciona y limita las obras y las opciones tecnológicas que es posible implantar para, como corresponde, ser estrictamente respetuoso con el excepcional legado arquitectónico, monumental y paisajístico; por eso, la mayoría de las actuaciones realizadas son invisible a los visitantes y a los huéspedes del monasterio.

Lo primero que hizo la comunidad fue reflexionar con calma y profundidad. Fruto de tal reflexión fue la Declaración de la Congregación de la Corona de Aragón de la Orden Cisterciense sobre la relación de los Monasterios con el entorno natural , del año 2009, ( seis años antes de que el Papa Francisco promulgara la encíclica Laudato si’) que fue aprobada por unanimidad. Por razones de espacio, solamente expondré brevemente el propósito y los resultados alcanzados en relación con el agua, la energía, los residuos y la alimentación. En cada uno de estos ámbitos, los monjes de Poblet impulsaron docenas de acciones, algunas muy creativas, que hemos expuesto detalladamente en diversos artículos.

AGUA: La comunidad se propuso reducir el consumo doméstico, reducir substancialmente el agua del riego, recoger las aguas pluviales, reciclar las aguas grises y evitar la contaminación del agua superficial y subterránea. Lograron un ahorro del 90% del agua en su conjunto y eliminaron toda contaminación.

ENERGÍA: El propósito fue la substitución progresiva de las fuentes energéticas, fósiles y contaminantes por otras que fueran limpias y renovables, disminuir las emisiones de CO2 y otros gases contaminantes derivados del petróleo y reducir la contaminación lumínica. Se consiguió una reducción de alrededor del 70% de los combustibles fósiles que se consumían antes y una fuerte reducción de la contaminación lumínica. Cuando se pueda construir la pérgola fotovoltaica, proyectada en el gran aparcamiento exterior, el monasterio será excedentario de electricidad.

RESIDUOS: El propósito fue minimizar los residuos no orgánicos, mejorar y afinar la selección selectiva y compostar la fracción orgánica, prescindiendo de embalajes y envases innecesarios. Consiguieron reducir gran parte de la fracción no orgánica, que se recicla de forma selectiva y cuidadosa, y compostar toda la fracción orgánica generada, que se destina a abonar los huertos y jardines del monasterio.

ALIMENTACIÓN: Se propusieron volver a cultivar la tierra con criterios ecológicos para avanzar en el autoabastecimiento de verduras y frutas. Recuperaron y reforzaron los cultivos que existían y pusieron en marcha el huerto histórico del monasterio, recuperando gradualmente los espacios. En cuanto a los alimentos que habían de comprar, priorizaron los de proximidad y los ecológicos.

En el año 2015, el P. Lluc Torcal fue elegido Procurador general de la Orden cisterciense. Dejó Poblet per ir a vivir a Roma. Desde su nueva responsabilidad, ha impulsado la conversión ecológica en la Casa central de la Orden, y también en aquellos monasterios cistercienses de todo el mundo donde se requería, dado que, por razón de su cargo, los ha de visitar, difundiendo así la fructífera experiencia alcanzada en su monasterio.


En este Diàleg de Pedralbes sobre Espiritualidad Ecológica -en catalán-, podéis seguir una charla entre Josep Maria Mallarach y el P. Lluc Torcal moderada por Francesc Torralba.

Josep Maria Mallarach
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