Hacía bastante tiempo, que la pequeña represa que proporcionaba el agua a la comunidad de regantes de un determinado lugar tenía un escape, y el agua discurría libremente por el propio camino de la comunidad, deteriorándolo y enfangándolo, como es lógico. Se informó al organismo estatal responsable de la represa, solicitando la reparación de aquella fuga.

Habiendo pasado un año y medio sin respuesta, la comunidad de regantes decidió vaciar la represa, tapar la fuga con arcilla y dejarla, unos días, bajo la acción del sol, para que se secara. Posteriormente, se volvió a llenar la represa y se constató que la reparación había resultado eficaz, puesto que ya no se apreciaba fuga alguna.

Nueve meses más tarde, el organismo estatal responsable comunicó que aquella reparación no se había hecho de acuerdo con la normativa, que la comunidad de regantes se había arrogado competencias que no le correspondían y que, por tal motivo, impondría una sanción administrativa.

El organismo estatal procedió a la reparación según la normativa, pero aquella sólo duró dos meses; tras éstos, volvió a producirse la fuga.

La situación actual es la de una comunidad de regantes que se niega a pagar una sanción que consideran improcedente, que recurre administrativamente contra ésta, y que siguen perjudicándose de la fuga de agua, porque la reparación oficial no ha funcionado bien. Digamos, de paso, que la factura de la reparación oficial fue establecida a cargo de la comunidad de regantes, lo que provocó la presentación de una queja ante el Defensor del Pueblo.

La comunidad de regantes vio claramente la decisión que se había de tomar: volver a arreglar la fuga como se hizo , con éxito, la primera vez, pero sin decir nada al organismo competente.

Hechos como éste y muchos otros similares ponen de manifiesto una cuestión fundamental. Lo que pueda realizar la instancia más próxima, que no lo realice la más alejada. Es un principio que perfecciona la democracia, la hace más próxima y operativa.

Se denomina principio de subsidiariedad. Y ésta sería la reflexión: la democracia se reafirma cuando se puede actuar localmente y se deteriora cuando se centraliza. Pero, para poder resolver los problemas localmente, es necesario que las recaudaciones queden, por lo menos en un porcentaje significativo, en el propio lugar. No tiene nada de extraño que, desde las bases populares, se cuestione la globalización, porque va en contra del principio de la subsidiariedad.

La actitud anti-global comienza por potenciar la economía local sobre la global. Ir a la pequeña tienda en lugar de ir al gran centro comercial

Son pequeños gestos que vuelven a distribuir la riqueza de una manera más justa.

Acerca del autor

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Licenciado en Ciencias Químicas, Master en Astronomía, casado con Blanca, dos hijos, cuatro nietos, colaborador habitual de Ràdio Estel, de Ciutat Nova y de CAT-Diàleg. Asesor ocasional de la Eurocámara en temas de medio ambiente.

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