Recientemente, he leído un artículo de Diego Fares S.J. y Austin Ivereigh sobre la “comunicación en una sociedad polarizada”.
Vivimos en un clima tal de polarización generalizada, que nos ahoga. Esta atmósfera afecta a múltiples ámbitos de la vida social y quiebra la convivencia, sin excluir a la familia ni a las relaciones de amistad: familiares y conocidos ya no se saludan, por discrepancias políticas, sociales o éticas.
Esta llaga polarizadora tampoco respeta la religión ni las Iglesias, como si el hecho de profesar un mismo credo ya no fuera suficiente para encontrarse en un entendimiento básico, aunque éste no omita el respeto por una sana diversidad de visiones. En definitiva, el pluralismo, omnipresente en el público debate y premisa intocable de lo políticamente correcto, ha desembocado en una imparable ansia de divergir en todas las cuestiones.
Los autores del mencionado artículo proponen un modelo para oponerse a esta peligrosa y deprimente deriva: “Se trata de dos “no” y de dos “sí”: Ante todo, no discutir con quien trata de polarizar, y no dejarse confundir por falsas contradicciones. Después, decir sí, más con las obras que con las palabras, a la misericordia como paradigma último, y decirlo en la lengua materna, que llega al corazón de toda persona, y en su cultura específica>>.
Este método hunde sus raíces en una antropología fundamental que alcanza a nuestro ser personal y a su consiguiente actuación. En la práctica no conseguiremos nunca adquirir una <<forma mentis despolarizadora>>, como dicen nuestros autores, si nos quedamos en la superficie de las cosas. La actual crisis relacional, de la cual la polarización es sólo un dramático efecto disgregador, es una “crisis cultural” que sólo puede ser superada con un plus de cultura y de pensamiento. Porque, en el fondo, quien polariza no hace sino poner al descubierto una penosa carencia de pensamiento, de auténtico pensamiento.
Por eso, en esta reflexión, quisiera detenerme en el tema de las contradicciones. Fares e Ivereigh se nutren del magisterio del papa Francisco para exponer la diferencia entre contradicción y contraste: mientras que la contradicción transita por el ámbito de la ideología, el contraste lo hace por el de la realidad. La realidad no es nunca contradictoria. Cuando chocamos con otros, la causa primigenia más probable es la de que hemos abandonado la realidad para refugiarnos en la ideología. Y es en este plano donde se produce la discusión, casi siempre estéril y antipática. Cuanto más se calienta la discusión, más se aleja la realidad, hasta el punto en que todo termina en una concatenación de ataques y acusaciones personales.
En el plano de la realidad, no hay discusión sino discernimiento, dice el papa Francisco. Un discernimiento que puede ser fatigoso, pero siempre productivo en términos personales y sociales. Afrontemos, por ejemplo, la problemática de los refugiados. Si permanecemos en el ámbito de la realidad, encontraremos innumerables contrastes en el modo de afrontarla, pero seguramente confluiremos en alguna perspectiva de solución. ¿Qué es, pues, lo que embarra el debate? El nacionalismo, el racismo, el economicismo, el proteccionismo exasperado, el populismo, el egoísmo. Todas ellas, ideologías incapaces de contener la realidad en sí mismas. Si permanecemos en la esclavitud de estas ideologías, la polarización está asegurada.
Una forma mentis despolarizada es, en cambio, un pensamiento desideologizado. Lo decía ya el papa Montini en tiempos de la Populorum Progressio: «El mundo sufre por falta de pensamiento». Ya ha pasado el tiempo de las grandes ideologías, dicen los pensadores postmodernos. Pero no parece que hayan sido sustituidas por un verdadero pensamiento de la realidad sino, más bien, por una multitud de micro y cripto-idelogías, tanto más peligrosas en la medida que son inconscientes. ¿Cuáles son las mías? ¿Las tuyas? Es una pregunta importante.
Autor: Jesús Morán, Licenciado en Filosofía, especializado en antropología teológica y en teología moral. Copresidente del Movimiento de los Focolares.
Acerca del autor
Ciutat Nova: Revista trimestral donde descubrimos y compartimos historias y proyectos inspiradores y cercanos para fortalecer #vínculos positivos. #diálogo

Gracias por este artículo sugerente y positivo. Muy interesante el binomio ideología vs realidad, me ayuda a hacer una radiografía rápida para analizar mis comportamientos y ver dónde estoy situado cuando digo o hago algo…
Quizá ha pasado el tiempo de las ideologías y tenemos que recuperar los grandes ideales como la paz, el amor recíproco, la salvaguardia del planeta y la solidaridad de toda la humanidad… y muchos más.