Pere lo tiene todo muy claro y bien calculado. Es ingeniero. Esta estructuración, no obstante, está al servicio de una pasión, de una emoción colectiva que se desata cuando se ha levantado un castillo humano. Hablando con él, resulta imposible separar lo que es Pere de lo que es la “colla”.
¿Qué es una colla castellera, Pere?
Es una representación de toda la sociedad, aunque no dejamos de ser una gran familia donde hay abuelos, niños, hermanos, tíos… Todos están convidados: una característica de los castillos humanos que muchas otras actividades no tienen. Nos gusta decir que somos una pequeña comunidad y una gran familia, y esto aporta mucho valor a la sociedad.
Parece, incluso, una propuesta alternativa para esta sociedad individualista.
Sí. Y también porque es una actividad física no competitiva. A fin de cuentas, una “colla castellera” es un grupo de gente que tiene como motivación básica conseguir un objetivo que ellos se proponen. La lucha es contra ti mismo. De una actuación de castillos humanos pueden resultar ganadoras varias collas, mientras que en la mayoría de deportes sólo gana un participante.
UNA MANERA DE VIVIR
¿Qué es lo que más destacarías de hacer castillos?
Tiene dos componentes muy fuertes: el social y el pasional, que es brutal. Cuando llevas meses ensayando un castillo y consigues el objetivo, la pasión y la emoción que compartes con esas 200 o 300 personas que, como tú, han estado ensayando cada viernes, te engancha. También valoro la flexibilidad: pertenece a la “colla” tanto el que va una vez al año a la plaza y se pone la camisa, como el que ensaya todas las semanas.
Y un tercer elemento importante para mí es la voluntariedad. Cuando entras en una “colla castellera”, asumes que todos participamos desinteresadamente, sin remuneración.
Y todavía hay más elementos pero, para mí, ser casteller es un todo. Hay muchas maneras de vivir los castillos y para alguien como yo, que llevo en ello tantos años, al final, hacer castillos se convierte en una forma de entender la vida.
Los castillos humanos son una actividad tradicional y, a la vez, muy viva. Como pequeña sociedad que es, el mundo de los castillos parece un fiel reflejo de cómo una sociedad puede ir evolucionando sin perder nunca lo que le resulta esencial.
Efectivamente. Cambiamos las técnicas, los estilos de liderazgo, el modelo organizativo, la equiparación en la participación de las mujeres o las medidas de seguridad, pero los objetivos y la emoción que se siente cuando se alcanzan son los mismos.
Vayamos a la organización. Tener 200 personas ensayando cada viernes debe ser complicado de gestionar.
Se necesita mucha organización y experiencia. Cada uno debe ocupar su puesto y lo ha de ensayar mucho. Es, absolutamente, un trabajo en equipo: si falla uno, fallamos todos, porque el castillo se cae.
¿Y qué hace el “cap de colla”?
En una “colla”, la gente se gestiona desde la vertiente técnica y la social. Todo lo que es hacer el castillo, es responsabilidad del “cap de colla”: los aspectos técnicos, la gestión de los equipos, la motivación… Viene a ser como un entrenador.
Seguro que también hay dificultades. Pienso en la gestión de los egos, los miedos, las relaciones…
¡Y tanto! La gestión de las personas es lo que genera más dolores de cabeza… Damos oportunidades y herramientas para llegar a lo que aspiran. Por ejemplo, cada posición tiene unos requisitos concretos: altura, peso, experiencia, ensayo…
¿Y cómo tomáis las decisiones?
Trabajamos en equipo. Somos un buen grupo y nos reunimos cada viernes para ir definiendo objetivos y estrategias. Las decisiones más técnicas, las acabas tomando como en un deporte, en el que resulta importante conocer bien a cada persona y sus capacidades.
Pero seguro que hay decisiones que sólo tú, el “cap de colla”, puedes tomar.
Sí. Las decisiones estratégicas (qué castillos se hacen en cada momento) pero para ello hay que recoger la opinión de todos. Si bien, al final, solemos tomar las decisiones por consenso. En nuestra “colla” ya es una tradición tomar las decisiones en equipo, porque si lo haces por consenso, es mucho más fácil que la gente esté de acuerdo y las entienda…
Y lo más importante es…
Crear tu equipo, consolidar un grupo en el que puedas confiar porque, al final, será con quien trabajarás el día a día. El “cap de colla” gestiona, da apoyo, va controlando…, pero es el equipo el que acaba realizando los trabajos.
Viendo todo esto, nos preguntamos ¿cómo deber ser un “cap de colla” en su entorno profesional? Tanto el hecho de ser “casteller” como el de ser “cap de colla”, seguro que ya forma parte de tu manera de hacer las cosas, y eso se debe notar en el trabajo y en la vida familiar y social en general.
Sí. Es un gran aprendizaje en todos los sentidos. Te ayuda a gestionar gente cuando estás en una posición de líder, pero también a entender cómo somos las personas y a entender el mundo, que es complejo pero que, bien gestionado, puede llegar a funcionar muy bien. Evidentemente, hay “caps de colla” de todo tipo. Yo soy ingeniero y no todos lo son. Pero sí que hay características necesarias para todos los “caps de colla” y la más importante es que te guste trabajar en equipo.
Seguro que también ayuda en una entrevista de trabajo…
¡Claro que sí! Ser casteller te da muchos puntos.
DE SANTS A BOMBAY 
Sois una colla relativamente joven: 25 años.
Somos post-olímpicos, del año 1993. La fundación de los Borinots –así se nos conoce popularmente a los Castellers de Sants- fue una manera de seguir aprovechando toda la energía humana que se había desplegado durante la preparación de los Juegos Olímpicos (el voluntariado…) dando una opción de seguir trabajando por la ciudad.
Ya se intuye una vocación de crear tejido social. En vuestro caso, como “colla” de barrio.
Totalmente. Además de los castillos, los Borinots ofrecen la oportunidad de hacer actividades muy diversas en el barrio: un espacio en la Fiesta Mayor de Sants, conciertos, la Diada d’Estiu, “calçotades”, una fiesta infantil… Y como “colla” de Sants, tenemos la herencia de un barrio obrero, que tuvo que luchar mucho para disfrutar de lo que ahora tiene, como el parque de la España Industrial.
De hecho, esto se refleja en vuestro equipo…
Sí. El gris es el color de las camisas que llevaban los trabajadores de las fábricas textiles del barrio.
¿Y sois todos del barrio?
Casi todos. Un 80% son gente del barrio y la gran mayoría viene a los ensayos caminando.
Pero también habéis hecho una experiencia de intercambio con “castellers” de la India.
¡Un sueño hecho realidad! Un intercambio muy enriquecedor entre dos culturas muy diferentes que, por caminos muy diversos, han terminado levantando, cada una, torres humanas. El año 2013, 200 castellers de Sants fuimos a Bombay y eso fue una manera única de conocer otra cultura desde dentro. Llegamos a hacer castillos con ellos, todos mezclados. La impresión de ir 200 personas a un “Slum” –uno de esos barrios de chabolas hechas con planchas metálicas, -ver cómo viven y hacer castillos con ellos fue irrepetible, impresionante. Como comentaba una compañera: brutal y vital.
¿Y cuál es la diferencia que destacarías entre la cultura catalana y la india?
Yo diría, más bien, que lo que me llamó más la atención fueron los puntos de unión: ver cómo dos maneras de vivir muy diferentes hacían una cosa muy similar y que, cuando la completaban, cuando habían levantado un castillo, lo celebraban exactamente igual que nosotros. Al final, la parte más humana, la emoción, es exactamente la misma.
Nos queda bien claro: una “colla castellera” es una pequeña sociedad y una gran familia… con las puertas abiertas.
Esta entrevista aparece publicada en el número 172 / Invierno 2018/ de Ciutat Nova
Acerca del autor
Tras una amplia experiencia en el mundo de la enseñanza, actualmente está en la dirección de la revista Ciutat Nova.

Muy bien.Es una forma de unir a las personas por un fin.