Entrevista a Ángela Alonso, médico intensivista en el Hospital Universitario de Fuenlabrada
Empatía, profesionalidad, apertura, responsabilidad, sinceridad, claridad, compañerismo… Cada uno de estos conceptos podría servir para describir alguna de las múltiples caras de nuestra
entrevistada, pero la verdad es que todos ellos no son más que matices del concepto que centró la charla: humanidad.
¿Por qué tenemos que hablar de humanizar la sanidad cuando debería parecernos casi una redundancia?
Es verdad que sólo los seres humanos podemos humanizar, es algo intrínseco nuestro. Pero esto no significa que lo sea siempre.
A los profesionales sanitarios se les presupone una vocación.
Efectivamente, nosotros nos dedicamos a esto porque ha surgido esa vocación, una palabra muy bonita que viene del latín, vocatio, que significa llamada. Pero a menudo con el tiempo esa llamada que hemos sentido se va perdiendo porque hay muchos factores externos nos empujan a ello: la saturación de nuestro sistema sanitario con una sobrecarga de trabajo tremenda, unas condiciones laborales muy malas o la precariedad absoluta de recursos humanos. Además, muy a menudo nos sentimos desprestigiados, denostados… poco cuidados. Todo eso va minando y empezamos a difuminar el objeto de nuestra profesión, que es ayudar a otros seres humanos, cuidarlos y sanarlos, si podemos.
Entonces, ¿es el sistema lo que no está humanizado?
El sistema sanitario es un engranaje que nos engulle y centra el foco en otros elementos: cifras, números, tasas, mortalidad o gasto sanitario. Todo eso es importante, pero la sanidad no la forman las camas, ni los hospitales, ni los respiradores. La sanidad la formamos las personas, y poner ahí el foco supone un cambio de cultura que afecta a la actitud de cada uno.
La buena noticia es que esto depende de nosotros, que somos los motores del cambio. Esa es la razón de humanizar. No es que no seamos humanos, lo somos.
FRAGMENTACIONES
Vayamos, pues, por partes. ¿La especialización es una fragmentación que puede influir en esta deshumanización?
Aquí la fragmentación es necesaria, porque el campo del conocimiento en el mundo de la sanidad ha aumentado de forma exponencial. No podemos saberlo todo y es bueno que surjan las especialidades e incluso las súperespecializaciones. Pero su parte negativa aparece cuando perdemos el foco, ya que todo el organismo está en relación.
Un hepatólogo, por ejemplo, puede tratar muy bien el hígado, pero no se puede olvidar del resto. Es más, no podemos olvidar que ese hígado es un órgano que no vive solo. Se trata de una persona que tiene un hígado enfermo. No estamos atendiendo un hígado sino una persona que debemos entender como un ser biopsicosocial.
Esa concepción holística, integral, de los seres humanos la posee el médico de familia, que nos acompaña a lo largo de nuestra vida, a nosotros como individuos y también a nuestra familia, nuestras relaciones. El médico de familia es la base de la pirámide del sistema sanitario, pero desgraciadamente son los profesionales que están menos valorados. Parece que están en primera línea de fuego, porque se les dispara y critica. Conseguir esta visión global en otras especialidades se trata de algo muy complejo que supone un cambio importante.
Así llegamos a otro reto: el trabajo en equipo.
Actualmente, cada paciente está valorado por muchos profesionales sanitarios distintos. Cada profesional hace su parte por el bien del paciente, pero entre todos no son capaces de ver al paciente.
Yo puedo ser fisioterapeuta y hacer muy bien mi fisioterapia, pero solo si entiendo la situación general del paciente podré adaptar mi trabajo a su evolución, para lo que necesito hablar con el médico responsable. La comunicación es vital y no se trata solo de “yo te cuento qué es lo que tienes que hacer”, supone un diálogo y una valoración del trabajo de los demás. Somos las piezas de un puzle que tiene que estar ordenado para que se vea la imagen.
También se percibe una gran brecha entre la gestión y la atención sanitaria.
Yo la llamo Matrix. La gestión –la organización–, y la asistencia son dos mundos paralelos que no se comunican. Los asistenciales estamos a pie de cama o en las consultas viendo a los pacientes, sabiendo como están; los directores, los gerentes, los ministros y los asesores están en un despacho haciendo un trabajo de organización, pero no se comunican con los profesionales de pie de cama. Pueden tener ideas maravillosas, pero ellos no las van a llevar a cabo y tienen que contar primero con nosotros para saber cómo están las cosas y si se pueden llevar a cabo.
LOS TRES PILARES
¿De qué forma podemos colaborar los no sanitarios en la mejora del sistema?
Cada uno de los tres pilares básicos de la sanidad (paciente, familia y profesional sanitario) tiene que hacer su parte. Todos podemos dar y todos podemos recibir, o así debería ser. A veces parece que los profesionales sanitarios solo tenemos que dar, pero también tenemos que recibir. Con la pandemia ha quedado clarísima la fragilidad del ser humano y también la de los sanitarios, con el burnout, el desgaste profesional que puede llevar implícito el abandono de la profesión, o el hacerlo mal, o simplemente el cubrir el expediente. Esto conduce a perder profesionales, como ha sucedido en la pandemia. Muchos no quieren volver a trabajar porque ha sido muy duro. La pandemia ha sido la gota que ha colmado el vaso, porque no veníamos limpios, veníamos muy cansados. Se nos ha exigido mucho, lo hemos dado todo, pero no se ha sabido cuidar al cuidador.
Los pacientes, por su lado, tienen que colaborar conociendo su enfermedad y cuidándose. Esto es importante, porque puede parecer que los sanitarios somos los encargados de resolver los problemas, pero necesitamos la colaboración del paciente y de su familia que es cuidadora antes, durante y después del paso por el hospital o del proceso de una enfermedad. Los seres queridos tienen que formar parte de este engranaje. Hay que dedicarles tiempo porque también sufren. No tenemos que atender solamente sus necesidades psicológicas, emocionales, espirituales o de ayuda física y ayuda material, sino que tenemos que enseñarles cómo cuidar. Los papeles no siempre son estables.
LA REGLA DE ORO
¿Qué entiendes por cuidado?
Para mí el cuidado es preocuparse por el otro. Cuando tú te preocupas por el otro, ya le estás cuidando. A veces significa tratarle, curarle y otras veces significa acompañarle, sostenerle, estar con él. Nosotros debemos ser ese apoyo que necesitan, esa mano a la que agarrarse, esos ojos a los que mirar con honestidad. En el fondo se trata de la regla de oro: No hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Si nos pusiésemos enfermos, nos gustaría que nuestro médico y nuestra enfermera estuviesen ahí. Aunque supiésemos que no vamos a volver a casa o que no nos vamos a curar, o que el final está cerca.
Todo el organismo está en relación
APRENDIZAJES
¿Qué hemos aprendido durante la pandemia?
Muchas cosas, y también hemos desaprendido algunas. Como sociedad y como sanitarios hemos aprendido a trabajar de forma diferente. La Covid–19 nos ha movido el suelo bajo nuestros pies a todos. Nos hemos enfrentado a algo que no habíamos vivido nunca, una pandemia agresiva, brusca, inesperada y explosiva, con muy pocos medios y sin saber cómo tratar a los enfermos, porque es algo absolutamente nuevo. Ahora estamos aprendiendo, pero en los momentos iniciales hacíamos cábalas sobre lo que podía funcionar y usábamos todo lo que estaba en nuestra mano, pero realmente no sabíamos cómo curar. Todo esto nos ha removido muchísimo y nos ha dejado desorientados. Nos hemos sentido absolutamente vulnerables. Todos éramos carne de cañón, todos éramos personal de riesgo, todos nos podíamos contagiar en cualquier momento.
El principal miedo era no poder atender a nadie en las condiciones óptimas, ni muchísimo menos. En cierto modo hemos tenido que desaprender para volver a las bases. No nos sirve todo este castillo tan bonito que hemos construido, porque tiene cimientos de barro. Tenemos que volver a lo básico, a la investigación, a basar el tratamiento en la fisiopatología. Esta situación nos ha vuelto más… humanos. Si alguien estaba un poco endiosado en su pedestal, esto le ha puesto en el punto de la casilla de salida otra vez.
No debemos olvidar lo que hemos aprendido con la pandemia
Hemos aprendido que no valoras cosas a las que no sueles dar importancia, como la comunicación o el acompañamiento, hasta que descubres que no las tienes, cuando ves que los pacientes están solos, que tú estás solo.
La pandemia también ha sido una cura de humildad. Hay mucha gente que ha perdido a alguien. Muchos hemos perdido compañeros o familiares. Empiezas a relativizar muchas cosas y pones otra vez la brújula hacia el norte. Pero yo creo que lo importante no es lo que hemos aprendido, sino que no lo debemos olvidar, porque estamos condenados a repetirlo.
Ángela Alonso es médico intensivista en el Hospital Universitario de Fuenlabrada
Ángela Alonso es miembro de Proyecto HU–CI: Humanizando los cuidados intensivos y también ha colaborado en el libro La Salud –Editorial Ciudad Nueva– con el capítulo “La importancia de la mirada” en el que nos cuenta más fondo como descubrió que su misión “no era reparar cuerpos maltrechos, sino ayudar a las personas en uno de los momentos más duros y dolorosos de su vida.”
Proyecto HUCI – Humanizando los Cuidados Intensivos
Humanizando los Cuidados Intensivos es una organización internacional con más de 100.000 profesionales convencidos de que la atención sanitaria ha de estar centrada en la dignidad de todos sus actores.
Proyecto HU–CI trabaja para cambiar el modelo de atención sanitaria, centrándolo en el cuidado a las personas: pacientes, usuarios, familiares y profesionales de la salud a través de la investigación colaborativa metacéntrica, la formación de los profesionales en habilidades no técnicas (human tools) y la certificación de las UCI en buenas prácticas de Humanización.
Desde 2017 ha capacitado a más de 10.000 profesionales sanitarios y continúa su labor de divulgación y sensibilización por todo el mundo.
La entrevista entera se puede ver en este vídeo:
Esta entrevista ha sido publicada en la revista Ciutat Nova número 187: ¡Salud!
Acerca del autor
Tras una amplia experiencia en el mundo de la enseñanza, actualmente está en la dirección de la revista Ciutat Nova.
