Cómo afrontar el hambre y los grandes desafíos de la humanidad
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Periodista y escritor de larga trayectoria internacional. Actualmente escribe con regularidad en Le Monde Diplomatique en español y El País.
• Después de haber trabajado, entre otros medios, en TVE, BBC y Reuters, fue portavoz del Presidente de la Asamblea General en Nueva York, donde trabajó en la Secretaría de la ONU. Fue Director de Comunicación de la FAO en Roma y Director de la oficina de FAO en España.
• Coordinó los actos de conmemoración del 75 aniversario de Naciones Unidas en España. Actualmente es Director del Instituto de Estudios de Naciones Unidas (ONUES).
• Entre sus libros cabe destacar: La Contra: una guerra sucia (1989) que fue finalista del Premio Reporter 1990, y El Año que Vivimos Atrevidamente, fruto de su experiencia como portavoz en la ONU.
• En 2018 dirigió y coordinó la colección El Estado del Planeta, publicada conjuntamente por diario El País y la FAO.
• Entre los premios internacionales que ha recibido destacan CNN World Report Award y Stories from the Field de la ONU.
¿Un pesimista es sólo un optimista bien informado? Pues no. Enrique Yeves demuestra que esta afirmación atribuida a Mario Benedetti no es cierta. Su experiencia en organismos internacionales, especialmente en la FAO y la ONU, le ha permitido conformar una mirada global, informada y realista que, a pesar de no podernos dar noticias muy alentadoras, desprende un compromiso y un trabajo incansable por un mundo mejor.
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La mayor parte de su vida profesional ha transcurrido en organismos internacionales como la FAO y la ONU. ¿Hubo algo que le impulsara a emprender este camino?
Cuando era joven creía firmemente en que era posible alcanzar las grandes utopías del mundo como la justicia, los derechos humanos o la igualdad. Pese a todo, sigo creyendo hoy en ello, aunque entiendo mejor cuales son los límites o las causas que impiden su consecución.
También tuve conciencia muy temprano de que esos grandes retos de la humanidad, como la pobreza, el hambre o el cambio climático, pueden y deben ser afrontados conjuntamente por todos los habitantes del planeta. Para que eso pueda realizarse de forma eficaz son los grandes organismos del sistema de Naciones Unidas los que nos permiten llevarlo a cabo codo con codo, independientemente de credos o culturas. Nos guste o no, con todos sus límites, es el único sistema multilateral que existe, por eso vale la pena defenderlo y fortalecerlo.
Siempre me ha atraído trabajar con personas de otras culturas para construir un mundo mejor y, debo decir, eso es Naciones Unidas.
Ha ejercido de director de comunicación de la FAO y coordinó la conmemoración del 75 aniversario de la ONU en España. ¿Nos puede ayudar a visibilizar mejor el trabajo concreto que realizan estos organismos?
Vayamos por partes. Para hacer una reflexión sobre la utilidad de la ONU hay que precisar: ¿de qué Naciones Unidas hablamos? ¿De la Asamblea General? ¿Del Consejo de Seguridad? ¿De agencias especializadas como la FAO o la UNESCO? ¿De las ayudas a los refugiados o de la intervención humanitaria? Un análisis serio debe precisar que hablamos de cuestiones muy distintas y, por lo tanto, hay que afrontarlas desde distintos ángulos.
Los datos –ver tabla #1– dan una idea del importante trabajo de la ONU por todos los rincones del planeta. Lo cual, sin embargo, no nos impide reconocer también sus límites y contradicciones, especialmente en la cuestión del mantenimiento de la paz, el DNA de la organización para lo que fue creada tras la segunda guerra mundial. En este sentido, el Consejo de Seguridad se ha demostrado totalmente inoperante e ineficaz para evitar las guerras, como estamos viendo ahora en el caso de Ucrania.
Mejorar y reforzar la capacidad de la ONU para estos temas es la solución a largo plazo, no su limitación o eliminación.
Entremos en el tema de este número de Ciutat Nova. A la crisis climática se le añadió la pandemia y ahora la guerra en nuestro granero, Ucrania. ¿La crisis alimentaria mundial ya ha empezado?
La verdad es que la crisis alimentaria mundial ha estado aquí y sigue estándolo. Si acaso, se ha agravado, pero lo cierto es que en pleno siglo XXI de avances tecnológicos y milagrosas revoluciones agrarias, una de cada 9 personas no tiene acceso a un derecho humano tan básico como es el derecho a la alimentación, a vivir, a pesar de que el planeta produce mucho más de lo necesario para sus habitantes. Ese es sin duda uno de los grandes retos actuales de la Humanidad y la situación se está agravando, como demuestran los últimos datos de la FAO –ver tabla #2–
Tras haber disminuido de forma constante durante decenios, el hambre crónica comenzó a crecer lentamente en 2014 y sigue en aumento, una tendencia que el conflicto en Ucrania y la pandemia de la COVID-19 obviamente no han ayudado a paliar, pero la crisis viene de lejos.
Si hay alimentos suficientes, ¿por qué entonces siguen millones de personas muriendo de hambre?
La respuesta es por la pobreza o, dicho mejor de otra manera, por la riqueza: unos tenemos mucho y otros muy poco. El ya tristemente famoso 1 por ciento de la población posee el 46 por ciento de toda la riqueza generada en el planeta. Estas desigualdades han generado una sociedad donde a una amplia capa no le llegan los beneficios colectivos.
Nuestra revista se ha hecho eco muy a menudo del trabajo para conseguir el objetivo #HambreCero (ODS 2), pero ¿es posible eliminar el hambre? Hay quien ve un cierto buenismo en toda la Agenda 2030.
Eliminar el hambre es perfectamente posible. La FAO nació tras la II Guerra Mundial para erradicar el hambre en una Europa devastada por la guerra y se consiguió en un periodo relativamente corto. Cuando hablamos de que hace falta decisión política me refiero a que sólo los Estados con sus políticas y capacidades de gestión tienen posibilidades reales para erradicar el hambre. Tenemos ejemplos recientes, como el Brasil del Presidente Lula da Silva que en una década logró sacar del hambre y la pobreza a 40 millones de personas.
Sin embargo, a pesar de las pomposas declaraciones políticas, lo cierto es que precisamente desde 2015 las cifras de gente que padece hambre no han dejado de aumentar. Que los países no pongan en práctica políticas para erradicar el hambre no quiere decir que el objetivo sea buenista o idealista, bien al contrario, ponen de relieve que falta decisión real para lograr un objetivo que es totalmente alcanzable. Sin embargo, en efecto, el ODS 2 no va a ser alcanzado en la fecha prevista, aunque eso no quiera decir que no pueda lograrse. Hay un gran cinismo y una gran disparidad entre lo que muchos gobernantes dicen desde las tribunas internacionales y lo que después ponen en práctica.
Entonces… ¿los objetivos de la agenda son una quimera?
Los grandes retos globales solo se pueden solucionar de forma conjunta, todos los países, todos los ciudadanos, la sociedad civil, las empresas…
Es posible descargar gratuitamente la entrevista entera clicando aquí
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#1 ¿Qué hace la ONU?
– Proporciona alimentos y asistencia a 97 millones de personas en 88 países
– Suministra vacunas al 50 % de niños y niñas del mundo, que ayudan a salvar tres millones de vidas al año.
– Asiste y protege a 97,3 millones de personas que huyen de la guerra, el hambre y la persecución.
– Colabora con 196 países para que la temperatura global no aumente más de 2°C.
– Mantiene la paz con 90.000 efectivos en 12 operaciones.
– Trata la crisis mundial del agua, que afecta a más de 2200 millones de personas.
– Protege y promueve los derechos humanos mediante 80 tratados y declaraciones.
#2 ¿El hambre aumenta?
Sí: según los últimos datos de la FAO:
– Casi 690 millones de personas pasaban hambre en 2019 (de 10 millones más que en 2018 y casi 60 millones más en cinco años).
– Los altos costos y la escasa asequibilidad impiden a miles de millones de personas lograr una alimentación saludable o nutritiva.
– La cantidad de personas que sufren hambre es mayor en Asia, pero está creciendo con más rapidez en África.
Fuente: fao.org/publications/sofi
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Esta entrevista ha sido publicada en el número 190 de la revista: Que aproveche
Acerca del autor
Tras una amplia experiencia en el mundo de la enseñanza, actualmente está en la dirección de la revista Ciutat Nova.

