En un mundo que ha sustituido las iglesias por fábricas y edificios comerciales, Mercè Brey sueña con transformar la sociedad desde donde pasamos un tercio de nuestro tiempo: el trabajo. Si la religión transformó la sociedad en el pasado, ¿por qué no podemos transformarla ahora a través de las empresas y organizaciones?
Mercè ¿puedes traernos un café?
Treinta años en el mundo empresarial, primera mujer en presidir la Cámara de Comercio Italiana en Barcelona, miembro de consejos de administración, de comisiones nacionales e internacionales y, un día, en una reunión para ultimar una importante gestión que ella había hecho posible, se va a encontrar con esta “petición” por ser la mujer de la reunión. Una oportunidad para tomar conciencia del trabajo que queda por hacer.
Fue un proceso de maduración. Yo me ocupaba de la internacionalización financiera de la empresa y recorría el mundo, como un caracol, arrastrando la maleta. La internacionalización te pone en contacto con la diversidad de culturas, de legislaciones, de formas de hacer…
Un mundo con poca diversidad de género, ¿no?
Sí, este ámbito profesional estaba muy masculinizado y las reglas del juego las establecía lo que yo llamo el elemento masculino.
Y también un mundo con mucho “cansancio”.
Exacto. El filósofo Byung–Chul Han explica que antes vivíamos en una sociedad disciplinaria donde imperaba el no y estaba llena de normas, leyes y explotación por parte de terceros. Esta sociedad generaba locos y criminales. La sociedad actual, en cambio, se basa en el rendimiento, es mucho más eficiente y ya no estamos esclavizados por los demás, sino que nos exprimimos a nosotros mismos para lograrlo. ¿Y qué produce esta sociedad? Personas deprimidas y fracasadas. Byung–Chul Han la llama sociedad del cansancio.
Estos pensamientos me venían de madrugada, sentada en un aeropuerto. Esperando… o en el hotel. Me sentaba en la cama y, aunque pensaba que estaba haciendo un trabajo muy bonito, también me preguntaba sobre el sentido de lo que estaba haciendo y si eran necesarios tantos sacrificios.
Somos seres que hacemos, pero también que sentimos
Todo esto iba preparando un cambio de guión después de treinta años de carrera. Publiqué dos libros y decidí poner mi experiencia al servicio de las empresas y de las personas acompañándolas en las estrategias de diversidad e inclusión.
EL SUEÑO
Es necesario un cambio, una transformación.
Antes construíamos iglesias y catedrales y hoy construimos fábricas, edificios de oficinas… porque nuestra vida gira en torno al trabajo. Aquí es donde entra mi sueño, que quiero compartir con los lectores de Ciutat Nova: Si la religión fue capaz de transformar la sociedad, ahora, transformando las organizaciones, ¿no seremos capaces de volver a cambiarla? Debemos crear entornos laborales en los que podamos desarrollar todas nuestras capacidades como seres que hacen, pero que también sienten; como personas que hacen, pero que también son. Esto es lo que yo entiendo por transformación, y todos tenemos una responsabilidad.
Me gusta verlo así, formulado como un sueño.
¡Cuidado con los sueños! que a veces se hacen realidad. El motor del cambio es la ilusión. Pregúntate qué te hace sentir de un modo especial y verás que tiene mucho que ver con tus dones y capacidades. Cuando los pones al servicio de tu propósito, se convierten en un motor de cambio espectacular.
FEMINIZAR LAS EMPRESAS
Parece que tienes un especial empeño en feminizar las empresas, las organizaciones.
Sí, y hay que explicar bien el concepto de feminizar. Mira, el patriarcado ha hecho mucho daño tanto a los hombres como a las mujeres con la práctica de taxonomizar, de etiquetar. Hemos tomado el grupo de los hombres y hemos dicho: son fuertes, valientes, decididos, racionales y lógicos. Esto es un hombre. Y hemos cogido el grupo de las mujeres y hemos dicho: las mujeres tienen la capacidad de colaborar para llegar a un consenso, son empáticas, flexibles, intuitivas, generosas… Esto es una mujer. Así que esperamos que los hombres se comportan de esta manera y las mujeres de esta otra. Lo hemos dado por descontado y forma parte de nuestra cultura.
Pero esto no es cierto: ¿no conoces a ningún hombre sensible, intuitivo y generoso? ¿No conoces a ninguna mujer que sea lógica y racional? Claro que sí. Pero la sociedad ha cogido lo masculino y ha dicho: “esto es lo que te hace tener éxito”. Y, por otro lado, hemos cogido los atributos femeninos y, decidiendo que no son tan eficaces para el éxito, los hemos arrinconado.
Tenemos un exceso de lo masculino en la sociedad. ¿Y qué pasa cuando tenemos algo en exceso? El agua, por ejemplo, riega los campos, llena los embalses… Da vida. ¿Pero qué pasa cuando tenemos demasiada? Lluvias torrenciales, tsunamis… pura destrucción. Del mismo modo, cuando hay un exceso de masculinidad en las organizaciones, la fuerza se convierte en violencia, lo racional o lógico se convierte en un exceso de dogmatismo, individualismo, egoísmo…
También puede haber un exceso de lo femenino.
¡Por supuesto! En este caso, de la empatía y la flexibilidad, pasamos a la dificultad de poner límites, a la infravaloración de la persona…
En un entorno con organizaciones excesivamente masculinizadas, necesitamos un contrapeso femenino. No estoy sugiriendo que los hombres se retiren, sólo digo que, al acentuar la parte masculina, ha aflorado su faceta más feroz. Para equilibrar esto, las organizaciones deben dar cabida a que el elemento masculino conviva en equilibrio con esa capacidad de empatía, de colaboración, de consenso, de escucha, no de oír, sino de escuchar… En esto consiste la feminización de las organizaciones.
EL EQUILIBRIO ES UN ESPACIO
Encontrar el punto de equilibrio.
No exactamente. El equilibrio no es un punto, no debo ser 50% masculina y 50% femenina. El equilibrio es un espacio. Algunas situaciones me piden que muestre más el lado masculino, que ponga límites, que sea respetada…. Otras veces necesito mostrar más el lado femenino, porque necesito escuchar las necesidades de mis clientes o necesito crear equipo. La clave es recurrir, cada momento, a la energía que me permite hacer valer todas mis cualidades y valores.
Es cierto, cuando pensamos en el equilibrio nos imaginamos un punto en medio de una línea.
El punto no tiene vida. La vida está en un espacio donde se mueve y oscila. Es como si estuviéramos tejiendo. Por eso hablamos del barómetro MOMA, un espacio con Moderada presencia Omega –esencia femenina– y moderada presencia Alfa – esencia masculina– . Necesito espacio y a veces tengo que utilizar más el hemisferio izquierdo de mi cerebro y a veces el derecho.
DIVERSIDAD + INCLUSIÓN
¿Tenemos que empezar por la diversidad de género para afrontar todas las diversidades?
Sí. Taxonomizar, etiquetar, también lo hacemos con las generaciones, las culturas, las capacidades diferentes, la orientación e identificación sexual… pero diversidad es una palabra absolutamente profunda. La diversidad es cuántos años llevo haciendo este mismo trabajo, son tus hobbies y mis hobbies, si soy introvertida o extrovertida…
Pero la palabra diversidad por sí sola se queda corta; debe ir acompañada de otra palabra: inclusión, que significa aceptar y valorar la diferencia intrínseca de todas y cada una de las personas. Y para ello tengo que tener equilibrado mi lado femenino.
La esencia femenina tiene que expresarse más
Cuando la esencia femenina puede expresarse, tenemos una mayor sensación de bienestar, porque las personas nos sentimos visibles y reconocidas. Cuando tenemos más bienestar, nuestro talento se desinhibe; cuando tenemos más talento, hay más creatividad; cuando tenemos más creatividad, hay más innovación; cuando tenemos más innovación, hay más valor añadido; y cuando tenemos más valor añadido, hay más rentabilidad a medio y largo plazo para las organizaciones.
Fíjate, un solo concepto, el de feminizar las organizaciones, aporta más bienestar y acaba aportando rentabilidad a las organizaciones.
El dialecto de las organizaciones es muy racional y para que te entiendan tienes que poner números sobre la mesa. Mucha documentación científica nos dice que, si la diversidad es real y no de cartón piedra o de purplewhashing, la cuenta de resultados mejora. Las empresas crecen en reputación, productividad y retención y atracción de talento.
DESMOTIVADOS Y DESCONECTADOS
Entonces pongamos números.
Una encuesta de Gallup realizada a 2,5 millones de personas en 150 países constata que el 85% de los trabajadores no están motivados ni se sienten vinculados a su lugar de trabajo.
Esto tiene un impacto que afecta directamente a la misma persona trabajadora ¿Qué nos pasa cuando tenemos el síndrome del lunes? Estamos alquilando la cabeza al servicio de la remuneración, pero no hay compromiso. Cuando no nos comprometemos con lo que hacemos de forma constante, se activan procesos físicos como el estrés; los niveles de cortisol se disparan y, por lo tanto, el sistema inmunitario baja y empiezan a aparecer las enfermedades; del estrés pasamos a la ansiedad y de la ansiedad a la depresión, primer motivo de baja laboral en muchos países desarrollados. La motivación, por tanto, tiene un impacto directo en nuestra salud.
¿Qué relación tiene la motivación con la diversidad y la inclusión?
La motivación es un proceso intrínseco. Tú puedes poner las condiciones para que yo esté motivado, pero no puedes motivarme. Las personas nos motivamos cuando nos sentimos vistas y reconocidas, cuando sabemos que podemos expresarnos tal y como somos. Esto se consigue con espacios de seguridad psicológica donde las personas nos sentimos apreciadas por lo que somos, donde podemos discrepar, donde hay respeto, colaboración, tolerancia, empatía, humildad, curiosidad…. Estos espacios de seguridad psicológica sólo son posibles cuando aceptamos una diversidad inclusiva a la que llegamos dejando que se exprese la esencia femenina. Para mí es una cadena muy lógica.
Hay que trabajar desde la persona, no desde el beneficio
¿Qué orden sigues para asesorar a una organización que quiere emprender este camino?
Primero “ponemos el termómetro” a la organización para poder hacer propuestas realistas y oportunas. Tras acordar y fijar los objetivos, el segundo paso es la concienciación. Esto lleva tiempo porque es necesario la organización sea consciente de los sesgos inconscientes que dificultan, por ejemplo, la aceptación de puntos de vista discrepantes.
Se necesita mucha formación cuando se hace un cambio de liderazgo, porque las organizaciones funcionan y cambian según lo hacen sus líderes. En general, hemos aceptado un liderazgo muy masculino, muy patriarcal, y necesitamos ver liderazgos inclusivos que posibiliten zonas de seguridad psicológica.
LA REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA
Está claro que no os quedáis en la superficie. Vais a fondo.
Todos hablamos de la cuarta revolución industrial, de la revolución tecnológica, de la inteligencia artificial…. Pero, si nos fijamos bien, hay otra mucho más sutil. Yo la llamo la revolución de la conciencia.
Hace cuarenta años nadie hacía yoga y ahora se ofrecen clases en todas partes. Soy vegetariana desde los 16 años y siempre me costó encontrar los productos que quería, pero actualmente hay mucha conciencia alimentaria. Me refiero a que ahora mucha gente busca el propósito que da sentido a la vida y esto está muy cerca de la espiritualidad. Esta revolución subyacente y silenciosa es la revolución de la conciencia. Las personas, trabajadoras y consumidoras, reclaman una forma diferente de hacer, un nuevo liderazgo, una forma diferente de ser tratados y ser vistos.
Si las empresas no son conscientes de este cambio, pueden ser expulsadas del mercado. Algunas ya lo están sufriendo, porque no están entendiendo que estos cambios sociales ya están aquí y creo que con la pandemia se han acentuado. Las organizaciones tienen una gran oportunidad de tomar esto en consideración y trabajar desde un enfoque diferente, no desde el punto de vista del beneficio, sino desde el punto de vista de la persona. Muchas empresas ya están entendiendo que se trata de una forma muy eficiente de seguir haciendo negocios.
Después de escuchar a Mercè podríamos decir que esa primera negativa a traer un café – porque, si todavía no había quedado claro, no lo hizo– también fue el comienzo de un proceso educativo. Un proceso que dialoga con la realidad y con el sueño.
Puedes ver el vídeo de la entrevista en el canal de YouTube de Ciutat Nova (el vídeo está en catalán)
Esta entrevista ha sido publicada en el número 188 de la revista: ¡Qué trabajos!
Acerca del autor
Tras una amplia experiencia en el mundo de la enseñanza, actualmente está en la dirección de la revista Ciutat Nova.
