Las actuales Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) hacen posible la enseñanza a distancia con una inmediatez y una capacidad de relación (online) antes nunca vistas. ¿Es posible aprender virtualmente conservando las relaciones? ¿Qué retos lanza la situación post–pandémica a la virtualidad ? Hablamos con la profesora costarricense Mariel Badilla, impulsora del proyecto académico Instituto Universitario Sophia de América Latina y Caribe (ALC).
“Es cierto. Durante la pandemia ha sido un reto virtualizar la enseñanza”, dice Mariel. Le cuesta aceptar el término problema que le lanzo, prefiriendo en cambio el de reto, y esto ya me da el tono de esta entrevista, que centramos en la brecha digital en la enseñanza y en los aspectos relacionales de la educación en el contexto actual. Pero ella acepta que la virtualización hecha con prisas y sin mucha preparación ha llevado a un agotamiento de pantalla. La presencia humana es de una calidez insustituible, “pero cuando, por razones logísticas o económicas, no podemos encontrarnos personalmente, la virtualidad puede ser un sustituto”. Para ella puede ser también una precursora de la relación cara a cara.
Firme partidaria de una enseñanza con un fuerte componente relacional, Mariel afirma que “cualquier transmisión de conocimiento presupone una relación”, y que el aprendizaje es connatural a los seres vivos, quienes, aprendiendo, se adaptan, se reorganizan y mejoran. Cree por tanto que la enseñanza debe ser mucho más horizontal de lo que estamos acostumbrados: “en la antigua Grecia, la escuela era sinónimo de encontrarse bien y poder intercambiarse. A menudo maestros y alumnos paseaban juntos dando clase”. Fue con la revolución industrial que la sociedad impulsó una escuela masificada para producir personal capacitado para la fábrica: “de hecho, la escuela tradicional se asemeja mucho a la fábrica, donde alguien desde arriba da unas instrucciones a los alumnos, que suelen ir formados en filas y llevar uniforme, y estas instrucciones deben cumplirse y después este cumplimiento es evaluado”.
Hace relativamente poco tiempo que han (re)aparecido modelos centrados más en el colectivo que aprende y en las relaciones entre maestro y alumno y entre alumnos. Sophia ALC quiere ser parte de esta nueva forma de entender la enseñanza y lo hace desde el convencimiento de que “todo conocimiento es amor”, un principio de la tradición cristiana que viene de lejos y es clave en la espiritualidad que inspira el Movimiento de los Focolares, impulsor del proyecto. Por tanto, se trata de construir relaciones agápicas en el proceso de enseñanza, donde el otro se siente plenamente acogido y escuchado. “Es una relación de ida y vuelta” –explica Mariel– “una línea que aquí, en América Latina, ha sido propuesta por varios estudiosos de la educación”.
Le planteamos si se aprende mejor en un entorno de estas características: “por supuesto, porque entonces tanto la razón como la emoción se encuentran alineadas. Y es cierto que en un ambiente de interés recíproco se aprende todo mucho mejor”. Esto puede ser un antídoto contra la deserción en la enseñanza virtual que, según nuestra entrevistada, es bastante alta.
Sophia ALC propone una diplomatura universitaria en liderazgo social que ha tenido muy buena acogida. Recientemente se ha cerrado la segunda edición y la enseñanza ha sido totalmente virtual. Queremos conocer, pues, las claves del éxito de este proyecto. “De entrada cada estudiante es asignado a una comunidad de aprendizaje, y cada una de estas comunidades está animada por un experto que favorece la comunicación”. Sumemos, a todo esto, una red de personas encargadas de la organización y otra red de tutores y mentores, y ya se ve que el estudiante de Sophia ALC no es alguien aislado en su casa peleándose con el entorno virtual, sino que es parte de un colectivo que aprende.
Una vez puesta esta base, ya podemos hablar de contenidos, software o aplicaciones, que se convierten en el perfecto aliado del estudiante virtual. Empezamos a entender las reglas de este juego nuevo… sin embargo, nos explica Mariel que “hace falta un equilibrio entre el online y el offline”. De hecho, en ambientes de enseñanza presencial, las herramientas virtuales también pueden ser un complemento interesante”.
Como es normal, esta nueva experiencia de Sophia ALC también ha encontrado problemas y dolores de cabeza por el camino (perdón: retos y oportunidades). Cuenta Mariel que el curso pasado los estudiantes tenían entre 18 y 70 años, provenían de 11 países del continente (algunos con fácil acceso a internet, otros no tanto; en el país X todo el mundo conoce un determinado software, mientras que en el país Y nadie lo conoce) y además la diplomatura se puede hacer en castellano o portugués –y por tanto hay mucho trabajo de traducción–. Quedo boquiabierto ante tantos riesgos asumidos. Resume ella: “Por fuerza los estudiantes han tenido que ser empáticos y creativos en ese proceso. Algunos han compartido contenidos con compañeros, o les han ayudado a saltar la brecha digital de mil formas diferentes”. Se ve cómo, en un proceso de enseñanza con éxito, la empatía y la voluntad de ayudar por parte de todo el colectivo son esenciales. Mariel repite con convicción que “la inteligencia colectiva es superior a la inteligencia individual.”
Preguntamos si los contenidos son tan importantes como las aptitudes para esta diplomatura (o para la enseñanza en general): “Está claro que los contenidos son importantes, pero tienen fecha de caducidad. ¿Qué profesiones habrá en el 2050? Esto no lo sabe nadie. Sin embargo, sabemos a ciencia cierta que harán falta personas con capacidad para relacionarse, entender contextos generales, tener una visión amplia, ser resolutivas… Los contenidos concretos de un trabajo, sin embargo, quién sabe cómo serán.” Y de paso argumenta que esta capacidad de relación también debe darse entre investigadores de diferentes disciplinas, para hacer avanzar la ciencia de manera integral.
“Pero la horizontalidad en un contexto de enseñanza, es decir, que todo el mundo pueda decir su opinión, ¿no es una fuente de conflictos?” –preguntamos tímidamente. “Claro que sí. Pero esto es lo que nosotros queremos: dar voz a todo el mundo, que se sientan escuchados… y es cierto que pueden surgir conflictos, pero no deben darnos miedo, debemos aceptarlos como parte de un proceso en el que no hay una única verdad”.
¿Y todo esto cómo lo han percibido los estudiantes? Un alumno de Uruguay manifestaba su grata sorpresa por la fluidez de un curso totalmente virtual, que él atribuía sobre todo a las comunidades de aprendizaje. Otra participante de Argentina estaba muy contenta de haber visto tanta escucha y participación a la vez. Uno de Bolivia decía que la virtualidad pautada le ha ayudado a aprender a organizarse su día a día encontrando espacios para el estudio y la reflexión. Estas impresiones dan a entender que todo el mundo se ha sentido no sólo partícipe de su formación, sino también cocreador de ésta, al fin y al cabo, uno de los objetivos de este curso.
El Instituto Universitario Sophia, promovido por el Movimiento de los Focolares, es una institución internacional que ofrece una preparación integral en un ambiente internacional e intercultural. Su sede en América Latina y Caribe (ALC) ofrece un curso de liderazgo comunitario que ya ha terminado su segunda edición. A través de una metodología colaborativa, se dirige a personas interesadas en actualizar su práctica de liderazgo y adquirir o mejorar competencias para que su organización o comunidad pueda actuar de forma sostenible y sistémica.
Esta entrevista ha sido publicada en el número 191 de la revista: ¿Tecnopeligro?
Acerca del autor
Del Ampurdán a los Andes: las buenas rutas raramente son rectilíneas. Por el camino, muchos encuentros y enseñanzas. Todo esto me ha llevado al turismo, donde enseño y hago investigación.
