El valor de la «parentalidad» más allá de la paternidad y la maternidad

 

Ser padre y/o madre es una de las experiencias más extraordinarias de la vida. Nos permite probar sentimientos de enorme alegría, amor, orgullo, emoción y felicidad. Nos impulsa, en definitiva, a dar lo mejor de nosotros.

Nadie duda de las buenas intenciones que guían nuestros actos y, mucho menos, del amor por nuestros hijos. Cualquier padre o madre, salvo excepciones provocadas por situaciones extremas (abusos, adicciones, violencias, etc.), actuará siempre con la INTENCIÓN de querer y seguir queriendo a sus hijos y, siempre, lejísimos de intenciones perversas o depravadas.

Sin embargo, la experiencia cotidiana y actual demuestra que estas intenciones no bastan para que la educación de nuestros hijos llegue a buen puerto. Y mucho menos cuando la tarea de ejercer como padres y madres aparece «incrustada» en un contexto educativo que dibuja un doloroso escenario de desconcierto, sin referencias fijas, sin certezas y sin apoyos, con muchos fantasmas y muchos estímulos, con un exceso de manipulación y una enorme carencia de valores. Y, desde hace algunos meses, debido al Covid19, que nos situa ante nuestra propia fragilidad evidenciando que lo que está en crisis es nuestro modo de entender la realidad y de relacionarnos.

En este contexto cobra más relevancia que nunca algo que es recurrente en todas las intervenciones que desarrollamos quienes nos dedicamos a la formación y acompañamiento de padres y familias: la formación y el acompañamiento .

Ser padres y madres educadores NO SE IMPROVISA.

La biología, la sublime biología que nos lleva a tener un hijo, necesita acompañamiento.  Un acompañamiento necesario para acompañar a los hijos hacia su futuro y ponerlos en condición de vivir su propia vida desarrollando las potencialidades que están presentes (en potencia o en acto) favoreciendo el desarrollo de nuevos conocimientos y nuevas competencias; ayudarles, en definitiva, a construir su propio proyecto de vida.

La paternidad y la maternidad se gestan en el corazón pero se desarrollan en la voluntad y el esfuerzo por querer llegar a serlo; son dos caras de la misma moneda, y son dos vías que transcurren paralelas y dependen la una de la otra. Se trata, pues, de querer ser padres y de aprender a serlo.

Cualquier padre o madre, todos, independientemente de nuestra cultura de origen o condición social, necesitamos apoyo e información; necesitamos «compañeros de viaje» en el aprendizaje de la parentalidad.

A finales de los años 70 Serge Lebovici, psicoanalista francés, plantea por primera vez y de forma clara una nueva idea, la de «convertirse» (llegar a ser) en padre o madre de su hijo, como un trabajo que cada persona realiza en su interior día a día

A partir de ahí se introduce la idea de parentalidad.

Más allá de sus orígenes psicoanalíticos o, incluso de las manipulaciones o sesgos sufridos por el concepto, lo importante es que se nos plantea que se puede «llegar a ser padre o madre«; desde nuestra óptica, esta idea de parentalidad viene en nuestra ayuda en tanto en cuanto no destruye o sustituye la de paternidad, sino que la amplia y le sirve de ayuda.

Se trata, pues, desde la altísima concepción que tenemos de «ser padres o madres», llegar a serlo plenamente.

Se trata, en definitiva de que, a nuestro SER padres o madres, añadamos el desarrollo de capacidades y habilidades que, puestas en práctica, ayudan a formar hijos que se desarrollan como individuos autosuficientes, conocedores de las implicaciones de lo que supone “vivir” y además, hacerlo en sociedad.

Son herramientas y estrategias que, puestas al servicio de esa maravillosa tarea de ser padres y madres, nos pueden ofrecer el mapa y el itinerario que nos guíe hacia el SER padres y madres COMPETENTES.

El ejercicio de la parentalidad positiva y creativa exige reflexiones que nos ayuden a descubrir nuestras propias capacidades como padres y madres (muchas de ellas, tal vez escondidas) y además, encontrar nuevas “estrategias”. Ello requiere tiempo y espacio, necesita formación y entrenamiento en esas mismas estrategias que son las que nos harán «llegar a ser» padres y madres competentes; padres y madres capaces de afrontar, junto a otros padres y madres, el reto de educar.

Acerca del autor

Ayudar es educar. Estoy convencido. Y ayudar a crecer como persona-en-relación. Llevo más de 20 años trabajando para compartir estas ideas y sueños educativos con adolescentes, padres, madres, educadores y educadoras.

0

Finalizar Compra