“Poeta i llaurador soc
i faig la feina tan neta,
que llauro com un poeta
i escric com un llaurador”
Mossèn Cinto Verdaguer
(Poeta y labrador soy / y hago el trabajo tan limpio / que labro como un poeta / y escribo como un labrador)
Aquellos que por casualidad habitamos en el mundo noroccidental, vivimos en sociedades desarrolladas y sofisticadas. Algunos las llaman, avanzadas. La mayoría ni cazamos ni sembramos. ¿O quizás sí?
Byung-Chul Han, el conocido y reconocido filósofo contemporáneo, afirma que «en nuestra época estamos pasando de ser labradores del pensamiento a cazadores de información». Pensar o informarse, ¡qué abismal diferencia! ¿Estar informados nos sirve para pensar más y mejor? ¿O se trata sólo de una cacería recolectora?
Seguro que no nos pasa desapercibido que este giro que señala Han implica un retroceso en el progreso de la humanidad. En el neolítico supuso un notable avance para la humanidad pasar de ser cazadores y recolectores, a ser ganaderos y campesinos. Abandonar ahora el cultivo del pensamiento para convertirse en cazadores de información parece un camino poco sensato.
La información ahora la tenemos por todas partes, a un click, sin esfuerzo y sin coste aparente. Información buena y mala, verídica y falsa, interesada y gratuita. Todo tipo de información convive en un alud que invade los píxeles de nuestras pantallas de cualquier tamaño. Discriminar el grano de la paja resulta casi imposible. Vivimos este proceso positivamente, porque consideramos que cuanto más informados estemos mejor. ¡La información es poder! Que dice aquél. Ni siquiera nos detenemos a matizar que lo que nos puede ser verdaderamente útil no es la información, sino la buena información.
Los estudiantes de todos los niveles seguramente son uno de los colectivos que más han gozado con tanta información y tan barata. Algunos han llegado a imaginar que, hoy en día, no hace falta ni siquiera ir a clase, porque toda la información se encuentra fácilmente en la red. Ciertamente que toda esta información tan a mano, sirve para realizar trabajos de forma rápida y ágil (ctrl+c / ctrl+v). Incluso sirve para aprobar exámenes, de esos en los que hay que recordar un montón de cosas. Pero, todo este acceso fácil a información abundante e insegura a partes iguales, ¿sirve para aprender? ¿Sirve para pensar? ¿Sirve para aprender a pensar?
Estudiantes cazadores de información. Sociedad cosechadora de datos. Civilización decadente que debe repensarse a sí misma. Mundo global que debe encontrar respuestas a fenómenos complejos, multifactoriales, multilaterales e interdependientes. Deberíamos avanzar, progresar todos juntos, para vislumbrar caminos compartidos que nos lleven a nuevos horizontes, hasta ahora nunca imaginados. Y en lugar de salir adelante, retrocedemos para volver a ser recolectores. Gastamos un tiempo que no tenemos, cazando información, cazando “moscas”, cazando datos, para ponerlos en la lista de citas que somos capaces de vomitar para quedar bien, para aparentar que sabemos mucho, que… ¡estamos informados!
Esta recolección de información es fácil, aunque no es gratuita, porque nos ocupa tiempo y, a menudo, nos utiliza como fuente de información de nuestros hábitos, costumbres, posicionamientos… Estamos tan ocupados cazando que no nos queda tiempo para cultivar pensamiento y conocimiento. ¡Tanta falta que nos hace! Sin embargo, ni nos queda tiempo, ni estamos acostumbrados a ello. La caza pasa de una presa a otra, sin detenernos, surfeando, con rapidez. Reflexionar, pensar, adquirir conocimiento, en cambio, requiere paciencia, tiempo, serenidad, tranquilidad. Todos aquellos ingredientes que tenemos caducados en la despensa. El pensamiento debe sembrarse, labrarse, cultivarse, regarse, cuidarlo.
La buena información, medida, filtrada, puede alimentar el pensamiento. Y viceversa. Pero el pensamiento debe tener su espacio y su tiempo, porque es imprescindible para el análisis, esmerado y en profundidad, de las situaciones complejas a las que debemos dar respuesta. El pensamiento es imprescindible para la acción bien dirigida a la resolución de problemas de todo tipo que nos espolean e inquietan. La acción sin reflexión fácilmente se convierte en activismo sin sentido, estéril. Labrar es penetrar en la tierra con esfuerzo. Labrar es preparar el terreno para una buena siembra. Regar es alimentar con paciencia la semilla para una buena cosecha.
Ahora nos hacen mucha falta las buenas cosechas… Ahora es imprescindible avanzar hacia la raíz de los problemas, entender profundamente su verdadera naturaleza. Sólo así, con respuestas razonadas y compartidas, iremos encontrando espacios de diálogo y de construcción de aquellos nuevos espacios donde todas y todos debemos tener nuestro lugar y nuestro espacio, sin exclusiones.
Este artículo ha sido publicado en el blog del autor (en lengua catalana): A prop de l’Onyar
Acerca del autor
Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.
