Hoy, quince de marzo, es una de esas fiestas que abundan en el calendario y que se dedican a nivel internacional a alguna causa concreta. En este caso el motivo del día es el consumo.

A diferencia de otros casos, en los que la causa es clara, esta vez la información es un poco confusa. Si uno busca un poco sobre esta efeméride descubrirá que hay quien habla de ‘Día del Consumo’, otros lo hacen sobre el ‘Día de los Derechos del Consumidor’ y los hay que hablan de ‘Día del Consumo responsable’. Como supongo que puedo elegir, me quedo con esta última opción que considero la más sensata.

Ciertamente el consumo es como un poliedro de muchas caras que forma parte ineludible de nuestra vida y que nos lo podemos mirar desde una multiplicidad de aspectos. A veces, de una cara a la otra, sólo hay tenues diferencias de tonalidad. Matices que pueden tener su importancia. Véase si no, el artículo de Toni Lodeiro en Opcions: «¿Consumo consciente, responsable o sostenible?«.

La importancia del consumo en nuestras vidas, nuestros hábitos y nuestras maneras de entender el mundo y la vida, es precisamente el tema que se ha tratado en el último número de la revista Ciutat Nova: «Otras caras del consumo”.

Dedicar una jornada al año a hablar de consumo, como de cualquier otra cosa, es siempre insuficiente pero nunca está de más. Es una campanilla que nos llama la atención y nos ayuda a reflexionar, al menos durante ese día, en clave del tema que se conmemora. Las consecuencias que de ello se derivarán para los 364 días restantes (365 en los años bisiestos) ya es cosa nuestra.

Tomar conciencia para ser responsables y consecuentes

Cada día consumimos. Lo hacemos más de una vez. En algunas ocasiones lo hacemos muchas veces al día. No podemos detenernos cada vez a hacer un ejercicio de toma de conciencia, ni de reflexión. Creo que la toma de conciencia debe ser más integral, va más ligada a qué estilo de vida impregna mis decisiones de consumo. A cuál es mi ética de consumo. Esto hará que cuando doy el primer paso para consumir, ya me oriento en una dirección determinada. Y el primer paso es siempre la búsqueda de información: precios, calidades, características, orígenes, distribuidores, logística …

¿Pero, de qué me hace falta tomar conciencia? En estos momentos, más que nunca, creo que debo hacerme consciente de que, aunque sea el egoísta más recalcitrante, el individualista más convencido, necesito ser responsable y consecuente a la hora de consumir. No hacerlo va en detrimento de mi propia salud, de mi propio bienestar y de mi propio futuro inmediato. Huelga decir que también va en contra de la salud, el bienestar y el futuro de los que me rodean y de las generaciones que vienen detrás nuestro.

Consumir es un equilibrio de una diversidad de fuerzas, a menudo contrapuestas. Un equilibrio que pasa por la conciencia personal y termina su recorrido en el equilibrio ambiental y social del planeta. ¡Poca broma! Los desequilibrios son tan bestias que el margen de error cada vez es más escaso.

Posiblemente si somos capaces de unificar en un equilibrio, siempre delicado y frágil, las diferentes dimensiones que configuran la esencia de la persona humana; seremos también capaces de contribuir al no menos débil y vulnerable equilibrio del único planeta que, por ahora, podemos habitar.


El autor también reflexiona sobre esta temática en su Guspira (chispa) número 8 (vídeo en catalán): «El vot del consum»

Acerca del autor

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Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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