El conflicto y la polarización no son episodios a superar, sino elementos con los que convivir. Sí, se trata de convivencia. Conocer mejor los procesos que nos pueden separar, nos puede ayudar a acercarnos de una manera diferente.
Un mundo complejo
¡Cada maestrillo tiene su librillo! Esta podría ser una buena síntesis de la complejidad del mundo. Y es que cada persona es un mundo, con sus suposiciones, percepciones, necesidades, sentimientos, expectativas, emociones, referencias … Como resulta difícil comprender tanta complejidad, tendemos a simplificarlo en categorías binarias: bueno / malo, cierto / falso, correcto / equivocado.
Este proceso conlleva inevitablemente la creación de identidades enfrentadas: los buenos y los malos, los que poseen la verdad y los que no, los que actúan correctamente y los que se equivocan… Esto, en sí mismo, no tiene por qué ser negativo, mientras no nos aferremos implacablemente a nuestra manera de ver las cosas como si fuera una verdad absoluta. De ser así tendremos servido en bandeja el “nosotros y ellos” y la polarización empezará a hacer de las suyas.
La polarización es un concepto que se utiliza mucho en física (electroquímica, electromagnética, óptica …), pero obviamente aquí lo uso en su vertiente sociopolítica. Entiendo pues por polarización, en el contexto de estos tres artículos, aquella situación de confrontación extrema que se produce cuando aparece en la sociedad un elemento sobre el que las opiniones se dirigen y se sitúan en polos extremadamente opuestos.
Hay que saber gestionar el fenómeno de la polarización para evitar que destruya la convivencia. No podemos olvidar que cuando la polarización se instaura en una sociedad, puede acabar desencadenando una dinámica violenta. Por eso es importante y urgente disponer de elementos que nos ayuden a dar una respuesta adecuada.
La polarización, según el filósofo holandés Bart Brandsma, tiene tres elementos fundamentales que trataré de exponer a continuación.
La tenemos en la mente
La polarización es pensar en términos de «nosotros contra ellos», y el constructo mental consiste en todo lo que se puede pensar sobre ese «nosotros» y ese «ellos». Por tanto, no podemos observar la polarización a nuestro alrededor, siempre es abstracta, la tenemos en la mente. Está formada, al contrario que el conflicto, por palabras, puntos de vista e ideas.
Por ejemplo, en un atentado terrorista el conflicto es evidente por la existencia de armas o explosivos, de personas heridas que gritan, terroristas que huyen… Mientras que la polarización aparece cuando empezamos a pensar en términos de ‘nosotros contra ellos’. Cuando llenamos la mente de atributos, positivos o negativos, con relación a los dos polos. Atributos que refuerzan unas identidades enfrentadas, centrando la atención en la diferencia y dando relevancia a la identidad.
Este primer elemento tiene un aspecto negativo: no podemos vivir sin polarización. Pero también tiene uno positivo: tratamos con conceptos, marcos de pensamiento, que son maleables y, no sin dificultad, se puede influir en ellos, alterar, desmantelar e incluso sustituir.
Más leña al fuego
La polarización necesita combustible. Es como una hoguera, no puedes abandonarla demasiado tiempo; hay que ir añadiendo leña. Si tardas demasiado, tendrás que tomarte la molestia de volver a encender el fuego. Si a la polarización le dejas de añadir combustible, se debilita, pierde intensidad y al final termina por extinguirse totalmente.
En este sentido, la naturaleza del combustible no tiene importancia. Basta centrarse en la identidad del otro y vincularla a determinadas afirmaciones relacionadas con la esencia de esta identidad. Añado leña al fuego afirmando, por ejemplo, que las personas homosexuales son enfermas, y también asegurando que son personas sensibles y amables. A menudo no somos conscientes de ello y se puede caer en la trampa de pensar que, según qué afirmaciones pueden ayudar a llevar el debate a un nivel más alto. En la polarización esto no es así, la sensatez no existe.
No atiende a razones
La polarización es una dinámica visceral. Cuando una polarización se intensifica, el volumen de materia de conversación (debate y discusión) aumenta, mientras que la racionalidad disminuye. Esto explica, en buena parte, la sensación de impotencia que experimentan las personas que intentan gestionar positivamente la polarización.
Tratar de combatir la polarización con la razón suele tener efectos muy limitados. Parecería razonable apostar por el intercambio de conocimientos sobre la identidad del otro para profundizar sobre los puntos de vista del polo opuesto, pero la polarización no es un fenómeno razonable.
La visceralidad es caprichosa y tiene su propio funcionamiento, al que todos somos extremadamente sensibles. La división entre amigos y enemigos es tenaz, y resiste ante la evidencia. Y cuando los hechos se empeñan en demostrar que alguien no tiene razón, siempre queda la teoría de la conspiración.
Cada cual en su papel
Ante un proceso de polarización es muy importante saber cuáles son sus protagonistas y qué papel juegan. Continuando con el esquema que propone Bart Brandsma, el primer jugador es el polarizador que encontramos en cada uno de los dos polos enfrentados. Su rol es el de suministrar combustible a la idea del «nosotros contra ellos» y a menudo lo hace con mucha dedicación. Es un papel protagonista y atractivo debido a que implica una supuesta superioridad moral, ya que se trata de demostrar que el otro está equivocado al 100% (nunca al 98% o 92%, sino al 100%)
Cada uno de los polarizadores buscará urgencias para presionar y posicionarse. Esta es una de las primeras decisiones a tomar ante un proceso de polarización: participar o no. Tarde o temprano, sin embargo, aparecerá la figura del seguidor de un bando o del otro. El seguidor no suscribe al pie de la letra los puntos de vista del polarizador: elige un bando, pero actúa dentro de los límites del espacio donde se ha posicionado. En este espacio central que queda entre los seguidores de ambos polos, encontraremos a los silenciosos. Aquellos que no eligen un bando. Ni blanco, ni negro: gris. Son personas que se sitúan en este espacio central, ya sea por simple indiferencia o por su fuerte implicación en tratar de buscar una salida a la situación, lo que les hace buscar una cierta neutralidad.
En todas las polarizaciones aparece una cuarta figura que es el constructor de puentes. Aquel que piensa que hay que actuar ante la polarización. Analiza los extremos, detecta las deficiencias en la visión del mundo de ambos polos, e interviene a raíz de estas deficiencias. Normalmente, el constructor de puentes quiere crear un diálogo, pero si la brecha es muy grande se corre el peligro de querer construir sin ninguna base. Los polarizadores toleran a los constructores de puentes, pero casi nunca están interesados en hablar con el polo opuesto. En este caso lo que hace el constructor de puentes, en su intento, cargado de buenas intenciones, de dar voz a unos y otros, es expandir el monólogo de los polarizadores, actuando más bien como suministrador de combustible.
Cuando la polarización se intensifica demasiado, puede aparecer la última figura la del cabeza de turco. La intensificación del proceso hace que los silenciosos se conviertan en seguidores, los extremos se alejen aún más y el centro quede desierto. Entonces, el centro se convierte en un lugar peligroso. La presión de polarización se calcula por el grado de tolerancia hacia la posición intermedia. Antes de que este grado de tolerancia llegue a cero, ya se ha buscado un cabeza de turco. Este se encuentra siempre en el medio y, en este sentido, el constructor de puentes tiene muchos números para acabar haciendo este papel.
No todo está perdido
De momento, conocemos sucintamente los elementos y los protagonistas de la polarización. Ciertamente, el escenario que se nos dibuja no es nada alentador. Pero, aunque lo parezca, no todo está perdido. Siempre se puede hacer algo en favor de la convivencia. En este sentido, en los dos artículos siguientes, me propongo hablar del conflicto y su relación con la polarización y, finalmente, buscar elementos que permitan la mediación y la cohesión social.
Sería necesario un extenso tratado para profundizar todas estas cuestiones. Mi modesta intención es sólo la de ofrecer algunos elementos de reflexión que puedan ser útiles, a quien tenga la paciencia de leer los tres artículos, a fin de encontrar herramientas que permitan vivir y convivir mejor en un mundo complejo, en el que el conflicto y la polarización no son sólo hechos puntuales y anecdóticos.
Acerca del autor
Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

Moltes gràcies Francesc, espero amb “impaciència” els propers dos articles ?
Gracias por sus conocimientos profesor.