La variedad de idiomas, culturas y sentimientos que constituyen la realidad actual de España es evidente, lo que ya no resulta tan obvio es qué modelo de interrelación se quiere seguir para gestionar dicha pluralidad de identidades culturales. Desde hace años, Ciutat Nova aboga por un modelo que pueda vehicular el principio de “unidad en la diversidad”, es decir, evitar la uniformidad o la homogenización cultural promoviendo, más bien, procesos de intercambio y de enriquecimiento mutuo. Al hilo de esta lógica emerge una pregunta: ¿Cuántas identidades culturales existen en España?
Una respuesta nos lleva a constatar la existencia de varios idiomas y de varias identidades culturales. Siguiendo este razonamiento, nos tendríamos que preguntar sobre cómo esperamos que esas culturas se relacionen entre sí para conseguir encarnar una «unidad en la diversidad», concreta e integral. Si la respuesta, en cambio, apunta a que sólo existe una identidad cultural, la española, entonces nos preguntamos si la misma está siendo lo suficientemente flexible, dinámica y generosa para poder acoger la inmensa pluralidad que posee en su seno.
Los acontecimientos sociales y políticos que estamos viviendo, a raíz del proceso soberanista en Cataluña, cuestionan con fuerza la armonía y el equilibrio de la convivencia porque las posturas tienden a radicalizarse demasiado. Si no queremos caer en extremismos irreconciliables, que se dan por ambas partes y sobran ejemplos, es necesario subir el listón de la apertura hacia el otro. Tenemos que apostar, con más empeño, por una mayor acogida de lo distinto, es decir, ejercitar una apertura de mente y corazón hacia la identidad cultural del otro. La tensión social se ha intensificado y los dos bloques –partidarios y detractores de la independencia– parecen cada vez más alejados entre sí. Esto se constata especialmente en Catalunya. No resulta suficiente con llegar a constatar la gran pluralidad cultural de Cataluña y tampoco alcanza con reconocernos interdependientes con otros pueblos de España. De hecho, la interdependencia de todos los pueblos del planeta es una evidencia cada vez más demostrada, pero eso no evita las guerras y los enfrentamientos.
Si Cataluña quiere seguir siendo tal, sin fracturarse en dos o en más partes, necesita que todos los ciudadanos protagonicemos un salto de calidad en las relaciones de reciprocidad. Por eso subrayo la expresión “don recíproco” en el título del presente artículo, porque sin la capacidad de donar lo que cada uno es y de recibir lo que el otro dona creo que el actual modelo de convivencia será inviable y generará constantes desencuentros. Incluso si Cataluña se independizase, sería necesario seguir apostando por la reciprocidad, por el conocimiento y aprecio recíproco y, en definitiva, por una pluralidad que incorpore un dinamismo de donación mutua y constante. El delicado momento que vivimos no deja de ser una oportunidad, en primer lugar, para hacer un ejercicio de respeto y cariño hacia quien no piensa ni siente como uno mismo. Pero se trata de ejercitarnos, eso siempre supone un esfuerzo, como señalaba en un artículo anterior: «La convivencia de una Navidad».
Partiendo de ese ejercicio personal de apertura hacia el otro podemos llegar a iniciativas más operativas, que consigan concretar y actualizar la unidad en la diversidad – In varietate concordia– que por cierto es el lema oficial de la Unión Europea. Menciono algunas propuestas concretas que se podrían aplicar:
- Crear un organismo en la Administración Educativa estatal que promueva la interrelación entre las distintas identidades cultures y fomente las iniciativas que la propia sociedad civil pueda llevar a cabo.
- Introducir el uso de «las demás lenguas españolas» (Art. 3 de la Constitución Española) en el Congreso de los Diputados, esto tendría un gran valor simbólico y pedagógico. Y quizá un día se llegue a reconocer alguna de estas lenguas como oficiales también.
- Valorar positivamente en el acceso a la Universidad el conocimiento de alguna lengua de otra Comunidad Autónoma.
- Desarrollar más y difundir programas como “Escuelas viajeras” o “SICUE” (Sistema de intercambio entre centros universitarios españoles), para conseguir un mayor conocimiento y aprecio entre las distintas identidades culturas ya desde niños.
- Estudiar los posibles beneficios de una rotación temporal, por distintas capitales españolas, de las sedes de ministerios y organismos con competencia decisoria estatal e incluso el traslado del poder legislativo y judicial a otras ciudades. En este sentido es muy interesante el ejemplo de Suiza.
En definitiva, se trata de experimentar la pluralidad como algo positivo y enriquecedor, celebrar la diferencia y acogerla como propia para poder, desde allí, seguir construyendo y promoviendo el bien común, fomentando así el desarrollo y la evolución integral de cada identidad cultural.
Acerca del autor
Argentino trotamundos y catalán por adopción, interesado desde siempre en el misterio del Amor, un poco existencialista y bastante enamorado de las lecturas y las metáforas.

Hola Aurelio, M’ha agradat molt el teu article i aquestes propostes les trobo molt interessants
Crear un organisme a l’Administració Educativa estatal que promogui la interrelació entre les diferents identitats culturals i fomenti les iniciatives que la pròpia societat civil pot portar a terme.
Valorar positivament en l’accés a la Universitat el coneixement d’alguna llengua d’una altra Comunitat Autònoma.
Desenvolupar més i difondre programes com “Escuelas viajeras” o “SICUE” (Sistema de Intercambio entre Centros Universitarios Españoles), per aconseguir una major coneixença i afecte entre les diverses identitats culturals ja des de petits.
Benvolgut Aurelio, felicitats per l’article del que comparteixo el fons. Ara bé volia fer un parell d’observacions:
No es poden posar les dues parts a un mateix nivell. Una mai ha utilitzat la força, la violència, la repressió o l’amenaça (recordar, per exemple, al president del Parlament que té dona i dos fills). L’altra si. Els independentistes han comès molts errors, sens dubte, però ha estat un procés exemplar des del punt de vista de la radicalitat pacifista.
D’altra banda, la idea d’un organisme estatal sense la participació de les CCAA no pot funcionar. Fins que l’estat no entengui que tan espanyoles haurien de ser la llengua i la cultura castellana com la catalana, la basca o a la gallega no hi ha res a fer.
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