Me dispongo a escribir este artículo. Título, hoja en blanco en la pantalla del ordenador y … de golpe, ¡aviso! Se activa la pantalla del teléfono móvil. Mensaje entrante, es necesario hacer una prueba. Instalar una aplicación, compartirla, hacer cambios, ver si funcionan… Han pasado veinte minutos. Retomo la tarea. ¡Eh! Un momento. Correo electrónico urgente. Es necesario responder. ¡De nuevo a la tarea! Podría parecer sólo una anécdota. En el fondo, he sido víctima de la técnica y esto no es una banalidad.
Hoy en día, la técnica no es sólo un instrumento importante de nuestra existencia, sino que se ha convertido en el medio donde se desarrolla nuestra vida. Vivimos sumergidos en la técnica, a pesar que algunos se vanaglorian de permanecer al margen, mientras programan el microondas en la cocina.
Nadie duda de la importancia sociológica que la técnica ostenta actualmente. Basta ir por la calle i fijarse en lo que hace la gente. Como se mueve al ritmo de semáforo sincronizado y como camina erráticamente pendiente de los más diversos aparatos electrónicos que llevamos encima. Además, se ha convertido también en un fenómeno antropológico. Si entendemos la libertad como la capacidad de escoger responsablemente tanto los fines que queremos alcanzar, como los medios para llegar a ellos, deberemos concluir que la técnica tiene mucho que ver con la libertad de la persona. La técnica no es neutra, se desarrolla una determinada técnica u otra, en función del modelo de progreso que queramos alcanzar. La técnica, no es nunca sólo técnica. Condiciona profundamente la relación del hombre con el medio ambiente y encamina el progreso en una determinada dirección. ¡Atención pues! Es oportuno preguntarnos: ¿qué es? y sobretodo ¿qué debe ser esto de la técnica para la humanidad?
Actualmente la frontera entre la ciencia y la técnica es muy borrosa. La ciencia se asocia más al conocimiento, de tal forma que parece que todo el conocimiento es científico, como si no hubiera otro. La técnica y la tecnología se entienden más como un conjunto de procedimientos operativos útiles desde el punto de vista práctico para determinadas finalidades. De hecho, la tecnología representa un determinado nivel de desarrollo de la técnica, en la que la alianza con la ciencia introduce una característica fundamental. Tanto es así, que la estrecha relación entre técnica y ciencia ha hecho que, desde el último cuarto del siglo XX, se hable de tecnociencia. La presencia de este fenómeno en nuestras vidas ha sido cada vez más intenso. Raimon Panikkar decía:
“hoy, si uno no cree en la ciencia, lo excomunican”.
Parece como si fuera de ña ciencia y de la técnica no exista nada más. Se interpretan los datos de la ciencia como si explicasen la realidad.
Quizás no deberíamos convertir en dogma esta ciencia moderna que no es ni neutral, ni universal. Un científico reconocía en una conferencia que esto de la velocidad de la luz, pues, sí, pero… Todos estamos seguros que es de 300.000 km/segundo, pero se ve que en realidad debería ser de 297.792,458 km/segundo y además, parece ser que cada vez que la miden da una cifra distinta. La realidad es poliédrica, la materia no lo es todo, sólo la adecuada y fructífera relación entre las diversas dimensiones de la realidad, pueden acercarnos a la universalidad de la experiencia humana, aquella que abre las puertas a la esperanza y es garantía de libertad.
Ante el drama de que la vida humana ya sea algo interior a la técnica, son muchos los pensadores que le han dedicado parte de su obra (Ortega y Gasset, Martin Heidegger, entre otros). El filósofo protestante francés Jacques Ellul lo llama “fenómeno técnico” y considera que el medio donde se desarrolla la vida del hombre, es un “medio técnico”, Tacha de ambivalente a la técnica por cuatro motivos:
- todo progreso técnico supone costos
- el problema técnico plantea problemas todavía más complejos que aquellos que resuelve
- los efectos negativos de la técnica son inseparables de los positivos
- los efectos de la técnica son imprevisibles.
De estas cuatro consideraciones se podría concluir erróneamente que es necesario iniciar una cruzada contra la ciencia y la técnica. Combatir la tecnología. Nada más lejos de mis intenciones. No admite dudas el hecho de que los avances científicos, el progreso de la técnica y el desarrollo de la tecnología son potencialmente generadores de bienestar en la vida de las personas y así ha sido a lo largo de la historia. Su preeminencia absoluta es la que debe provocar reflexión, debate y especialmente diálogo en la sociedad.
El filósofo de la ciencia, Jordi Pigem, en una entrevista afirmaba:
“Se está hundiendo el Titanic y nosotros nos dedicamos a cazar Pokemon en cubierta”.
Ciertamente, algo de esto nos puede estar pasando. Es posible que ante la complejidad del mundo actual, podamos caer en el sectarismo de pensar que la técnica nos sacará del atolladero. En este sentido, me gustaría destacar dos aportaciones que la Doctrina Social de la Iglesia ha ofrecido a lo largo de los años. La primera es un recordatorio esencial: la técnica es un medio y no una finalidad. Además, es necesario que sea un medio que sirva para conseguir cotas cada vez más elevadas de progreso para todos. Sólo es útil en la medida que permita un mayor bienestar, una mayor justicia, más igualdad y libertad para cualquier hombre o mujer del planeta, para todo el mundo y para todos los pueblos de la tierra. La segunda aportación es un aviso: la técnica tiene una peligrosa tendencia a la autonomía.
Se puede constatar con facilidad que la técnica trata de autojustificarse moralmente, llevándonos al engaño de que tot aquello que técnicamente es viable, es moralmente bueno y debe realizarse. Ponerle obstáculos sería cerrarse al progreso, término equívoco que intenta asociar lo que es nuevo, con lo que es bueno.
Ahora, que ya estamos llegando a los últimos capítulos de esta serie dedicada al pensamiento social, continuamos encontrándonos con temáticas abiertas al diálogo, al pensamiento plural, a la multidisciplinariedad y a la interdependencia que exigen un mundo colaborativo, mas que competitivo. Por cierto, os dejo porque el móvil está echando humo…
Este artículo se publicó en Ciudad Nueva (Junio 2017) . La serie también se puede leer online gratuitamente en este enlace del blog de su autor.
Acerca del autor
Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

Gràcies Francesc
Gràcies Francesc