El decrecimiento como puerta abierta a la esperanza de una creciente felicidad, más justa, más universal. ¿Hay otro camino razonablemente posible?

 

DOGMA

Si la tarta es mayor, habrá más para todos. ¡Este es el dogma! Lo que se considera cierto, un principio innegable que nadie puede discutir. El dogma suele responder a la necesidad de control del pensamiento para preservar intereses poco confesables, disfrazados de verdades incuestionables.

Si hay crecimiento económico, todo el mundo saldrá ganando. Una falacia que el sistema ha impuesto como dogma. Habría que girar la tortilla y proclamar sin tapujos que, si seguimos creciendo todo el mundo saldrá perdiendo. Vamos a la deriva del crecimiento por el crecimiento o, mejor dicho, del crecimiento para el capital. No nos engañemos, el crecimiento está al servicio del capital, no de las personas, ni de la igualdad.

Para mantener el dogma se ha impuesto la dictadura del PIB. El Producto Interior Bruto, un índice del que su propio inventor, Simon Kuznets, ya advirtió de sus limitaciones y de su insolvencia para medir adecuadamente el bienestar de las personas y el verdadero progreso. No importa, el capitalismo sigue imponiéndolo al servicio de sus intereses y como ariete de una desigualdad creciente y una pobreza masiva.

Apostar por el crecimiento continuado del PIB es apostar por extraer cada vez más recursos de los que el planeta puede dar. Es legitimar extracciones de forma creciente exponencialmente. Es agravar la brecha entre el norte global y el sur empobrecido. Un norte global con un 19% de la población mundial que genera un 92% de la huella ecológica. ¿No es esto la colonización del siglo XXI?

¿ALTERNATIVAS?

Es obvio que ante esta situación aparecen alternativas, algunas de buena de fe y otras, intentos desesperados de perpetuar el crecimiento para alimentar el capital.

Hay quien habla de austeridad. Pero, en realidad, la austeridad apuesta por la escasez para generar mayor crecimiento. Es decir, seguir creciendo (no sea que el capital se enfadara), pero hacerlo con menos recursos: ¿humanos? ¿materiales? ¿energéticos? Vete a saber… Difícilmente se acepta la palabra decrecimiento, porque se trata de una apuesta por una abundancia más justa y equitativa, de forma que el crecimiento sea innecesario. Y eso, por supuesto, supone un ataque a la esencia del capitalismo que, como dice Giorgos Kallis, “no puede funcionar en condiciones de abundancia”.

También hay quien habla de un crecimiento sostenible, un oxímoron de manual. La historia va a crecer sin extraer de la naturaleza más de lo que puede dar, a base de ser más eficientes y verdes. La idea es atractiva, pero guste o no, crecer significa producir más y eso implica más recursos de todo tipo. Más eficientes, quizás sí, pero la eficiencia se pone al servicio del crecimiento para ir engordando el capital. El otro camino sería el de las energías renovables que están en un claro crecimiento, pero si lo miramos más a fondo, estas energías limpias crecientes no están sustituyendo a las energías sucias, sino que se están sumando a ellas, se les están añadiendo.

Otro intento ciertamente atractivo y loable (y necesario) es el de la economía circular que permite, no sólo reducir el impacto de la actividad humana sobre el medio ambiente, sino también reducir las necesidades de materias primas, de producción y la disminución de desechos y de la utilización de energías fósiles. Queda claro, pues, que la economía circular es una gran cosa; pero sin decrecimiento es insuficiente. La realidad es que la circularidad global está empeorando, del 9,1% de 2018, hemos pasado al 7,2% en 2023[1]. Esto significa que todavía desperdiciamos casi el 93% de los recursos que utilizamos. Pero, incluso si nos situamos en un escenario idílico (y, posiblemente utópico) de una circularidad del 100%, el crecimiento seguiría implicando una mayor utilización de recursos.

DECRECIMIENTO FELIZ

Durante bastante tiempo he creído en alguna de estas alternativas. Ahora en una, ahora en otra, ahora en una combinación de todas ellas. Pero, cuando los argumentos se te desmenuzan razonadamente entre las manos, hay que buscar otras opciones. En estos momentos, la única posibilidad que me parece razonablemente sensata es la apuesta por el decrecimiento. No un decrecimiento por el decrecimiento, y mucho menos un decrecimiento para castigar a nadie; sino un decrecimiento para hacer crecer la felicidad de todos.

Desarrollar aquí y ahora los detalles que se esconden bajo esta expresión de “decrecimiento feliz”, rebasaría los límites y propósito de este artículo. Prometo hacerlo en una próxima ocasión. Por ahora, me limito a constatar mi convencimiento de que para aligerar progresivamente la crisis ecológica y evitar que llegue al punto de no retorno, el decrecimiento creo que es el único camino. No es la meta que alcanzar, sino el camino para llegar a una sociedad sostenible, igualitaria y solidaria.

Es el camino que comporta la reducción del consumo de los recursos renovables y no renovables, de los consumos energéticos, de la producción de desperdicios biodegradables y no biodegradables, del consumo de carne en la alimentación, del consumo de suelo, de la utilización de elementos químicos en la agricultura, de la cantidad de movimientos en automóvil y de viajes en avión, de las tasas de natalidad, del crecimiento de núcleos urbanos, de la pesca. En definitiva, es el camino para volver a entrar en los límites de la sostenibilidad ambiental.

El gran reto, la gran pregunta, la gran duda es si esto es posible hacerlo procurando la abundancia suficiente para todos. Sinceramente, creo que sí. Pero, en cualquier caso, la pregunta debería ser: ¿hay otro camino? Por tanto, seguramente es la hora de dar la vuelta a la lógica de Wallis y dejar de afirmar que “el crecimiento es sustituto de la igualdad”, para pasar al convencimiento de que la igualdad puede ser sustituto del crecimiento.

Parece una utopía, pero no lo es. Es una necesidad. No es una varita mágica, ni un camino fácil, pero posible e imprescindible. Me he comprometido a explicarlo con mayor profundidad y espero hacerlo en un próximo artículo. Invito, de momento, a pensar, reflexionar, tomar conciencia plena del callejón sin salida donde nos encontramos.

[1] The Circularity Gap Report 2023: https://www.circularity-gap.world/2023


Este artículo ha sido publicado en el blog del autor: «Mirades» y puede escucharse también el pódcast en Spotify: «Felicidad creciente» (ambas publicaciones en lengua catalana)

Acerca del autor

Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

0

Finalizar Compra