Liderazgo de género[1]

Cuando un hombre ocupa un cargo, se lo considera competente hasta que demuestre que no lo es. Si el cargo lo ocupa una mujer, se la considera incompetente hasta que demuestre lo contrario. ¿Podemos ir bien de esta forma? ¿Qué tipo de liderazgo necesitamos?

¿Sirve una mujer?

Cuando pensamos sobre el liderazgo, fácilmente nos vienen a la cabeza algunas palabras como: inteligencia, energía, empatía; capacidad de expresarse y comunicarse, y quizás también otras como ambición, visión y constancia para perseverar hasta llegar a la meta. Quizás también podemos añadir la capacidad de trabajar en equipo y la capacidad de escucha.

Si son estas las características de un líder no debemos ir sobrados de estos valores. Es fácil darse cuenta de que, actualmente, gran parte de la ciudadanía muestra un profundo descontento con relación a sus líderes que, mayoritariamente, son hombres.

Visto el panorama parece lícito preguntarse: ¿las mujeres, con sus características típicamente femeninas, no están bien dotadas para el liderazgo? ¿Quizás son más aptas para papeles de servicio o de cuidado? En el ámbito empresarial se ha comprobado que donde lideran mujeres predomina un enfoque relacional. Las mujeres tienden a conducir las cosas de una forma más participativa y democrática. ¿Las habilidades relacionales son menos frecuentes en los hombres? ¿Son este tipo de capacidades interesantes para el liderazgo?

Pero ¿aquí quién manda?

Mandar, mandar, hace tiempo que mandan los hombres. Pero el liderazgo no va de mandar. ¿Quizás va de poder? ¡Hombre! Pues resulta que el poder también hace tiempo que lo tienen bastante por mano los hombres. El resultado es que mandando y ostentando el poder, tenemos un tipo de liderazgo que no resuelve suficientemente bien la complejidad de las sociedades actuales y, además, genera malestar entre la población.

¡Pues ya está! Si los hombres no lo logran, quizás probarlo con las mujeres. Pero creo que esto no va de mujeres y hombres, sino de femenino y masculino. Suele atribuirse a la masculinidad la individualidad y la autonomía, mientras a la feminidad se le atribuye vínculo y relación. Si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo que cada vez es más plural e interdependiente, parecería que romper con los viejos esquemas y estructuras masculinas es el primer paso para abrir la puerta a la prometedora innovación de apostar por los valores femeninos si queremos transitar hacia a un mundo mejor. Y es verdad que estos valores femeninos llevan ya tiempo en crecimiento, empujados por la necesidad de cooperación, comunicación, cuidados e inclusividad. Pero ¿todo esto deben hacerlo sólo las mujeres?

Humano significa masculino y femenino

En realidad, si es necesario afrontar los retos de la humanidad contemporánea, se necesitan líderes que sean auténticamente humanos. El reto, posiblemente es, cómo valorar todas estas características consideradas femeninas y que han sido, y aún siguen estando, claramente ocultadas; para hacer que cualquier persona, hombre o mujer, se convierta en un líder mejor.

Muchas de las cualidades del actual líder moderno son consideradas femeninas. La gente necesita líderes que sepan expresar abierta y honestamente las emociones, que sepan establecer conexiones a nivel personal, que sepan resolver los conflictos con el diálogo y no con la ideología. Pero aquellos valores más típicamente masculinos también son necesarios. En realidad, quizá se trate de un concepto de líder más inclusivo, con unas características humanas que provienen del masculino y del femenino, y que pueden ser ejercidas tanto por una mujer como por un hombre.

La antropología afirma que las diferencias en el tipo de comportamiento basadas en el sexo no tienen un fundamento biológico, sino que son construcciones culturales y sociales. El teólogo Gerard Rossé[2], hablando sobre el libro del Génesis, afirma que lo humano surge cuando se convierte en relación hombre-mujer. Es pues en la unidad de características masculinas y femeninas donde se puede encontrar a la persona “ideal” para hacer de líder. No se trata pues de ser hombre o mujer, puesto que la persona está llamada a ser completa en sí misma y cada una incorpora elementos femeninos y masculinos, todos ellos necesarios para el liderazgo.

Si el liderazgo reclama empatía, humildad, paciencia, apertura, flexibilidad, vulnerabilidad y equilibrio, esto implica que es necesario tener integridad y confianza en uno mismo y en los demás. Tener el coraje de saberse seres vulnerables y conectados con los demás. Todo ello son características de los seres humanos, sean hombres o mujeres. El dominio histórico de los hombres sólo pone de manifiesto que exclusivamente con los valores típicamente masculinos no vamos a ninguna parte o, como mínimo, no vamos muy lejos. La justicia empuja a cambiar los papeles y transitar hacia un liderazgo femenino ejercido por mujeres. Pero los retos de la humanidad reclaman el liderazgo de seres humanos, iguales y distintos.

 

 

[1] Para este artículo se ha tenido en cuenta: Nancy O’Donnell, Leadership femminile: prospettiva psicologica, Nuova Umanità, 247 (2023/1), pp 53-61

[2] Gerard Rossé, Riflessioni sul rapporto uomo-donna in Genesi 2-3, Nuova Umanità, 144 (2002/6), pp 743-760

Acerca del autor

Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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