Inspirar, sugerir, motivar, descubrir una Girona distinta, una sociedad diferente. De todo esto iba el video que dio inicio al acto organizado por la asociación Azahara bajo el título “Jóvenes que inspiran: emprendeduría y diversidad”. El objetivo parece claro, la iniciativa loable, el reto ilusionante. Más allá de la obligada, necesaria e imprescindible felicitación a la entidad organizadora y a las personas que han hecho posible un acto de esta naturaleza, parece también oportuno hacer algunas reflexiones sobre su contenido.

Tres jóvenes que expresan algunas de las múltiples diversidades que impregnan la sociedad actual. Tres jóvenes que inspiran a su alrededor unos valores, que esparcen una cultura emprendedora en el sentido más amplio de la palabra. Tres jóvenes que en el ámbito de su trabajo respectivo ejercen un liderazgo, basado en la humildad, el trabajo en equipo y la búsqueda de la inteligencia colectiva. Tres jóvenes que, si añadimos al moderador, ya son tres. Los cuatro son sólo aquellos que han subido al escenario para compartir sus experiencias, pero se intuye que muchos otros podrían haber ocupado su lugar. Jóvenes hijos de una generación de sacrificio y de esfuerzo, jóvenes que trabajan generosamente para construir una sociedad más humana, jóvenes que tienen en el horizonte un mundo mejor para las generaciones que los sucederán.

A lo largo de las dos horas durante las que se fueron desgranando las diversas reflexiones y vivencias, me parece captar un eje vertebrador que va surgiendo aquí y allá. Este eje gira alrededor del convencimiento de que, compartir un objetivo común favorece avanzar de forma colectiva y refuerza la convicción de que la aportación personal, por pequeña que parezca, es imprescindible para caminar hacia una sociedad más igualitaria que nos acerque a una verdadera comunidad. El conjunto, podría parecer una ingenuidad juvenil, pero en realidad no es así. Todos ellos son muy conscientes de que obstáculos no faltan, pero también saben que cada piedra en el camino puede ser una oportunidad, un trampolín de lanzamiento hacia una respuesta diferente, una acción innovadora, una manera nueva de hacer frente a problemas antiguos o nuevos.

Jóvenes abiertos al mundo, pero profundamente arraigados al lugar donde viven, implicados hasta el tuétano con la cultura de la sociedad donde se encuentran, sin dejar de beber de las fuentes de sus culturas de origen. Jóvenes creíbles porque lo que explican no son teorías, sino que comparten su propia vida. Y esto se contagia, ilusiona, interpela, motiva y espolea. Por cierto, no sólo a los jóvenes…


 

Acerca del autor

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Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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