Mis abuelos viven a 10.000 Km de lejos de mí, en Argentina. Esto nos obliga a vernos físicamente solo cada 2 años o más, lo que causa que nos podamos llegar a perder la vida del otro o alejarnos poco a poco. Y a pesar de no haber superado 1 año del total de mi tiempo pasado físicamente con ellos, siempre he tenido una relación muy cercana con mis 4 abuelos. Cuando voy disfruto como si fuera el último día.
¿Pero, cómo podemos mantener una relación estando tan lejos? Yo, por ejemplo, lo consigo gracias a las video llamadas. Cada semana llamo a mis abuelos para contarles mis novedades (haya o no) o simplemente para pasar un rato con ellos, y a su vez puedo saber si se encuentran bien o mal. Esto se convirtió en un hábito después de pasar 5 meses en Argentina, mi gran aventura hasta el momento. Cuando volví los extrañé como nunca y mi forma de calmar este sentimiento fue llamándolos. Fue así como, con el tiempo, terminó siendo un hábito y ahora me resulta tan natural llamarlos como a los demás ir a casa de sus abuelos los domingos para las cenas familiares. Puede que nos separen 10.000 Km de océano, pero yo los siento cada vez más cerca, cada vez los conozco más y, además, puedo estar presente de alguna manera en su día a día. De esta manera, el salto temporal que ocurre cuando voy no es tan grande, ellos pueden verme crecer y yo no los siento como si fueran medio desconocidos.
Autora: Ailin Bacca
Fotografía: Raquel Banchio
Este artículo se ha publicado en el número 185: Atrévete a envejer
Acerca del autor
Ciutat Nova: Revista trimestral donde descubrimos y compartimos historias y proyectos inspiradores y cercanos para fortalecer #vínculos positivos. #diálogo
