Una mañana, escuchaba tranquilamente el familiar trino de los cuantiosos pájaros que hay en el campo. De repente, me llamó la atención una auténtica señal de alerta. Me asomé por la ventana y pude ver dos golondrinas emitiendo ese estridente sonido mientras revoloteaban por encima de un gato que paseaba tranquilamente por la calle. Pensé: “Avisan de la presencia del gato. Eso es apoyo mutuo”.
Esa misma tarde, cuando salí a pasear fui testigo de otro hecho. Con los campos recién cosechados ese mismo día, al atardecer, muchos animales salieron a campo abierto. Laboriosas hileras de hormigas recogían los granos abandonados. Varios conejos atravesaron el camino y huyeron al percibir mi presencia. Me paré para ver un par de corzos (así me han dicho que se llaman), corriendo y saltando. Uno al verme huyó rápidamente. El otro se me quedó mirando. Caminé unos pasos en paralelo y el corzo hizo lo mismo. Retrocedí unos pasos en paralelo y él hizo lo mismo. Me paré y él siguió corriendo y saltando a su aire mientras yo intentaba hacer una foto. Sólo cuando empecé a caminar hacia él, salió huyendo y se escondió en el bosque.
Seguí mi paseo. En varias ocasiones, observé y reconocí el mismo aviso de alarma de cuando las golondrinas avisaban del gato y pensé que ahora avisaban de mi presencia. Me consta que las golondrinas no son miedosas, porque en varias ocasiones se me acercan a menos de medio metro en la barandilla del balcón. Pero en esta ocasión, decenas de golondrinas empezaron a sobrevolar y alertar por encima de mi cabeza. Me quise entretener viendo el vuelo, pero de repente, una nube de diminutos insectos voladores se me echó encima, se metían por dentro de mis orificios nasales, en mis ojos por detrás de las gafas, por el pelo, los espantaba con la visera pero eran muchos. Sólo pude huir hasta que insectos y golondrinas desaparecieron a la vez.
Sigo sin saber qué pasó. Yo estaba perpleja, nerviosa y con la respiración agitada. La respiración siempre avisa del peligro. ¿Se habían aliado insectos y golondrinas porque yo había invadido “su territorio”? Pensé en el instinto de alarma y de supervivencia. Los humanos, también alertamos ante los enemigos, nos juntamos para protegernos y hacemos coaliciones para defendernos… Pensé en el dicho: La mejor defensa, un buen ataque”, y por esa sinrazón de un pensamiento que lleva a otro, pensé en el desgaste provocador y de ataque continúo que vivimos actualmente por parte de nuestra polarizada clase política. La diferencia entre los humanos y los animales, en este aspecto, es que los animales ante un peligro presente alertan, huyen o colaboran en su defensa y una vez el peligro ha pasado vuelven a la tranquilidad. Por nuestra parte, los humanos llevamos el miedo dentro. Tenemos un proceso de memoria emocional que, más allá del instinto, nos recuerda nuestra vulnerabilidad incluso cuando el peligro no está presente. Cronificamos el instinto de alarma ante el cual, según nuestra personalidad, reaccionamos de dos maneras opuestas: negando la idea de peligro (negacionistas) y no tomando medidas preventivas, o exagerando el peligro, visualizando situaciones alarmistas y proponiendo matar moscas a cañonazos.
Otro distintivo humano es que, elijamos la opción que elijamos, buscaremos aliarnos con quienes piensan como nosotros, y consideraremos enemigos a los que piensan lo contrario.
Acerca del autor
Voces e Imágenes Internas para escuchar y amar nuestro maravilloso cuerpo.
