Un relato basado en experiencias personales vividas por la autora durante sus momentos de meditación, y muy especialmente cuando estuvo ingresada, perdió la conciencia, sintió que se moría y estaba en el Paraíso.

Yo creo que cuando venimos a la vida traemos nuestro Ángel de la Guarda y no tengo ninguna duda de que al morir nos viene a recoger un angelito, un Ser de Luz que nos Ama.

En mi caso, como cristiana, mi primera parada fue la puerta del Cielo donde San Pedro me hizo una sola pregunta:

–¿Has amado a todo el mundo?

–”Sí, a todo el que se lo merecía, a todo el que era bueno y me ha tratado bien.”

Y en mi caso particular, siguió una ristra de quejas por todas las personas y cosas malas que me habían pasado en vida y que me habían impedido ser mejor persona y más feliz.

Entonces, como en un sueño, empecé a ver pasar, una a una, todas esas personas. En especial, revivía las emociones vinculadas a ciertos hechos que me habían dejado un recuerdo negativo en vida. Una a una, y acompañada de una vocecita a mi lado, aprendí a poner amor en todas mis relaciones personales. “Lo de la tierra, se queda en la tierra”, me decía. “El pasado está pasado y no te puede seguir dañando cuando aprendes que todas tus experiencias eran lecciones de amor”

Cada vez era más rápida en aprender y sanar mis relaciones. Llegó un momento en que sentí que podía perdonar, aceptar y amar cualquier persona y experiencia que recordara. Había conseguido limpiar mis emociones negativas y me sentí un ser espiritual, libre, amoroso y grande. En ese momento me sentí en presencia de Dios, un Dios padre, creador, grande, libre, amoroso, en cuya presencia solo podía sentir Paz y Amor.

Creo que es entonces cuando empieza nuestra eternidad como seres de luz.  Para mí el Cielo no es estar tumbada a la bartola y saltar de nube en nube. Es un estado de energía vibrante y poderosa llena de Amor. En este estado, el único pensamiento es el de ayudar y colaborar en el proyecto Divino de expandir el Amor a todos los niveles.

“Porque es Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna” Francisco de Asís

Después de esta experiencia me desperté. Sigo viviendo sin olvidar un solo día que el Cielo existe. Aunque mi enfermedad, mis experiencias actuales y ciertas relaciones personales me hagan creer que no existe y, aunque constantemente pierda mi tranquilidad, cuando vuelvo a entrar en la profundidad de la meditación, vuelvo a recordar quién soy, un maravilloso y poderoso ser de luz de paso por esta vida para expandir el amor.

Y por todo esto, cada día doy gracias por quién soy y por lo que tengo.


Esta entrevista ha sido publicada en el número 192 de Ciutat Nova: Morir:el arte de vivir

Acerca del autor

Voces e Imágenes Internas para escuchar y amar nuestro maravilloso cuerpo.

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