1. LAS PERSONAS MAYORES DEL SIGLO XXI

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) a 1 de enero de 2019 hay más de 9 millones de personas mayores de 65 años, un 19,1% del total de la población. El envejecimiento se extiende a edades cada vez más elevadas, lo que ha sido llamado envejecimiento del envejecimiento y se vaticina que en el año 2051 la proporción de mayores de 80 sobre el total de mayores de 65 será casi del 42%. (Fundación Pilares, 2012)

El envejecimiento de la población es fruto de un conjunto de cambios relacionados tanto con la mejora de las condiciones de salud como demográficos, económicos y culturales. Los factores institucionales y culturales como la universalización de las pensiones y la atención sanitaria, y la extensión de los servicios sociales y de atención a la dependencia han permitido mejoras sustanciales en la calidad de vida. También los factores culturales, relacionados con estilos de vida y de consumo, asociados a una sociedad más rica y estable, han mejorado de modo importante la calidad de vida en las personas que se criaron en una mayor pobreza.

Las personas mayores del siglo XXI distan mucho de tener las costumbres, valores, expectativas y modos de vida de las personas mayores de décadas pasadas. Sus características principales son las siguientes:

  • Mayoritariamente son pensionistas con una situación económica estable por jubilación (5,9 millones) o por viudedad (2,4 millones) con un importe medio superior a mil euros en España.
  • Mayoritariamente son personas con autonomía suficiente para ejercer sus derechos y hacerse cargo de sus obligaciones. Sólo el 27 % son dependientes para las actividades básicas de la vida diaria.
  • Las mujeres superan en un 32,0% a los hombres, y esta diferencia aumenta cuanto más avanzada es la edad. Las mujeres suelen tener menos ingresos y co­brar pensiones más bajas que los hombres y, consecuentemente, sus condiciones de vida son peores.
  • El nivel de instrucción es más bajo cuanto más avanzada es la edad, aunque en los últimos 40 años ha habido un cambio notable en el nivel educativo de las personas mayores, con reducción del analfabetismo y aumento de los niveles de estudios secundarios y superiores. En el futuro, el nivel educativo irá aumentando, ya que casi un 20 % de las personas de 50 a 54 tienen estudios superiores.
  • Una de las consecuencias del proceso de envejecimiento es la liberación de tiempo de uso individual y social para los cuidados, el ocio, la formación y la participación voluntaria, especialmente en el grupo de edad de 60-64 años.
  • Las personas mayores son grandes cuidadoras: el 14,0% cuidan de personas dependientes y de menores en las propias familias. Más de dos tercios de ellas, especialmente mujeres, dedican más de 20 h. semanales al cuidado.
  • A lo largo de la vejez aumenta la probabilidad de vivir en soledad. Se ha observado un incremento de los hogares unipersonales en personas de 65 (29,9% de mujeres 17,7% de los hombres mayores de 65 años).
  • Respecto a lo que les importa y valoran realmente, lo más importante es la familia y los hijos (94% de las personas encuestadas). La crisis económica y financiera de los años 2008-2015 reveló el potencial solidario intrafamiliar de las personas mayores.

Existe un consenso general en el que el aumento de la esperanza de vida trae consigo una diversificación del grupo de personas mayores y consecuentemente un cuestionamiento de la concepción homogeneizadora de la «tercera edad» basada en la tríada tradicional infancia-adultez-vejez. El proceso de envejecimiento puede subdividirse, al menos, en tres subetapas: madurez-fragilidad-cuidados: “La primera etapa plena de vitalidad, donde el individuo sigue buscando la máxima expresión de su desarrollo madurativo; una segunda marcada por el inicio de las situaciones de fragilidad, y una tercera —no obligatoria— definida por una posible necesidad de cuidados. (Sancho et al. 201)

La descripción realizada nos da una visión compleja del envejecimiento desde la que plantearnos la cuestión del buen trato a las personas mayores que deberá de tener en cuenta la triple realidad descrita:

  • Un grupo que goza de buena salud, tiene niveles aceptables de bienestar, y formación, y comienzan a mejorar sus niveles de participación social pasando de ser consumidoras pasivas de recursos a ser corresponsables y exigentes de sus derechos. Este grupo que actualmente se inicia con 60 años, aumentará la edad de inicio pues la edad de 65 años, como norma de jubilación, ha sido alterada por la Ley 27/2011 al fijarse en los 67 años
  • Otro grupo de personas mayores, en general mayores de más de 78 años y de sexo femenino fundamentalmente, que sufren situaciones de soledad grave y dependencia leve o moderada y que viven en su domicilio con necesidad de ayuda y apoyo por parte de terceras personas.
  • Un tercer grupo, con discapacidades derivadas de enfermedades, problemas de salud, dependencia y/o con riesgo alto de exclusión social. Este grupo va claramente en aumento, lo que nos obliga a pensar y poner en marcha políticas combinadas de prevención de la discapacidad y de la dependencia y nuevas formas de atención social y sanitaria

2. CONSTITUTIVAMENTE INTERDEPENDIENTES Y VULNERABLES

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Autora: Marije Goikoetxea Iturregui. Doctora en Derechos Humanos. Profesora de ética en la Universidad de Deusto. marije.goicoechea@deusto.es.


Este artículo ha sido publicado en el número 185: Atrévete a envejecer

Acerca del autor

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