Joan, ¿Quién se sienta siempre a tu lado? El Rashid. ¿Cómo es que no ha venido hoy? Creo que es la fiesta del cordero… ¿Le pondrá falta, profe? Pues, no lo sé. Hoy no es fiesta… Pero… para él sí… Una sociedad que siempre ha sido plural. Una diversidad que se intensifica día tras día. Una interpelación tanto más incisiva cuanto democrático es el contexto. Un fenómeno para nada teórico. Las situaciones del día a día que nos ponen continuamente ante una realidad compleja y aparentemente fragmentada. Una diversidad que es cultural, sin duda alguna, y que tiene también un substrato religioso innegable.
No hace mucho, asistí a la presentación de los resultados de una investigación que la cátedra Ferrater Mora de pensamiento contemporáneo de la UdG ha realizado. Se trata de un proyecto de investigación otorgado por la Direcció General d’Afers Religiosos y que tiene el objetivo de verificar qué tratamiento se hace de la religión y la diversidad religiosa en las escuelas y hospitales de Girona y ver si se da una actitud de laicidad positiva, o no. Cuando hablamos de laicidad positiva, nos referimos a aquel modelo de laicidad que, partiendo de la necesaria separación entre el Estado y las confesiones religiosas, considera que la religiosidad y las manifestaciones religiosas de las diferentes confesiones son potencialmente beneficiosas para la sociedad democrática. El estudio, aunque se circunscribe al ámbito territorial de la ciudad de Girona – Salt, ofrece pautas para hacer de él una lectura más amplia. El documento completo del estudio se puede descargar aquí .
La investigación pretendía también averiguar la existencia o no de un posible modelo catalán de tratamiento de la diversidad religiosa. Concluye que, posiblemente, sólo se podría hablar de una diversidad de las formas de gestionar la diversidad religiosa. Por tanto, parece demasiado atrevido hablar de un modelo consolidado, más allá de unos rasgos característicos y diferenciales respecto al modelo predominante en el Estado español. La singular existencia del tratamiento institucional de los asuntos religiosos, dedicándole una Dirección General, marca ya una pauta sobre el talante propio en este terreno. Se pone de manifiesto una asimetría estructural que hace que la religión católica sea claramente respetada, mientras que las demás religiones minoritarias sean, en cambio, toleradas. El derecho a la libertad religiosa toma un enfoque más amplio, considerando que la creencia religiosa no puede ser valiosa por ella misma, ya que ello supondría ir en contra de las personas sin referentes religiosos. Por tanto, la creencia religiosa es una de las formas posibles y muy destacada con que una persona puede dar sentido a la propia existencia.
Una de las conclusiones del estudio, me ha llamado poderosamente la atención. Es obvio que no es posible tratar en profundidad los resultados de este trabajo, en un artículo breve como este. Por eso, me limito a comentar uno de los aspectos de la investigación. En el abanico que va de una laicidad positiva (aunque estructuralmente asimétrica) a una laicidad negativa (podríamos hablar también de laicismo); los espacios donde existe mayor diversidad religiosa son precisamente aquellos en los que se hace más presente la laicidad positiva. Esta idea de que la diversidad, en general, nos acerca a una comprensión más integral de la persona, me ha hecho releer el artículo de Lucas Cerviño en el último número de la revista Ciutat Nova. Parece una constatación de que, siendo la Realidad plural, la convivencia con la diversidad nos encamina, casi por fuerza, hacía un camino mucho más rico en matices. Las sociedades que se quieren uniformes (si es que todavía existen) circulan con coches de gran cilindrada por la monótona vía rápida que lleva al peaje de la nada.
En cambio, las sociedades pluralistas, caminan por senderos de montaña, admirando la extraordinaria sinfonía de la naturaleza, hacía una cima que, aunque costosa, es del todo cierta. La Realidad (que los creyentes denominan Dios, bajo nombres distintos), siendo plural en ella misma, se comprende mejor si la vivimos desde ventanas diversas, mirándola con cristales de colores diferentes, utilizando todas las dimensiones del ser humano, mirando a derecha y a izquierda, para acoger a aquel que llama a la puerta de nuestra pequeña realidad.
Acerca del autor
Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

Gracias por esta visión que cuestiona nuestro entorno social