A veces resulta difícil o por lo menos confuso, hacerse responsable de las acciones de uno mismo ya que la Vida tiene una extraña e impredecible manera de extenderse.
Un día me trajeron una bolsa con frutos de un huerto de pueblo. Entre los exquisitos manjares había una lechuga larga, con su tierra del huerto, sus hojas externas verdes y feas sin quitar y… un caracol que escondido entre sus hojas había hecho un largo viaje hasta llegar a mi cocina.
Me supo mal matar al pobre animalito que había vivido tan bien hasta ese día y después de mucho pensar decidí tirarlo en un jardín cercano a casa para que siguiera alimentándose hasta el final de sus días, o tal vez se lo comiera un gato, o… ¿Cuánto puede llegar a vivir un caracol?
De vez en cuando, al pasar por el jardín pensaba en la buena vida que le había dado al caracol y me sentía orgullosa de mi acto. Al pasar al cabo de varios meses, vi que estaban quitando todas las plantas del jardín y me asusté, ¿iban a dejarnos sin jardín? Me acerqué a los jardineros que estaban trabajando y les pregunté. Estaban retirando todas las plantas porque había una plaga de caracoles que se las estaban comiendo, después plantarían nuevas plantas y en primavera el parque estaría muy bonito.
Su respuesta me hizo sentir fatal. Me fui sin decir nada. Por querer evitar la muerte de un caracol, ¿había sido la responsable del exterminio de flora y fauna en el jardín?
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