Antes del verano compartía con vosotros el impacto que hacía en mí el inicio de la lectura de Laudato Si’.
Los meses estivales me han permitido muchas cosas, entre ellas, llegar a las últimas páginas –en una lectura troceada y pausada– de esta encíclica del papa Francisco. Y esto, además, en un periodo especialmente propicio, porque, coincidiendo con las vacaciones, he podido cambiar de ritmo, aminorarlo y disfrutar un poco más de la naturaleza, ya sea en el campo, viendo crecer las «malas hierbas» del jardín, o las hojas que brotan después de la poda, o los higos que maduran; ya sea paseando por la playa de un océano que muestra su majestuosidad con un ritmo de mareas que para mí, mediterránea de nacimiento, me maravillan. Por el contrario, también un período en el que he sufrido por la naturaleza, incluido el ser humano: los incendios en nuestras tierras, en Canarias, en la Amazonia…; el drama de las personas que intentan cruzar el Mare Nostrum en busca de una vida mejor, o al menos, de una opción de vida, a riesgo de la muerte, y encuentran fronteras en medio del mar…
Y ahora, nos encontramos en el Tiempo de la Creación. Cinco semanas, del 1 de septiembre al 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, para promover en todo el mundo la oración y la acción para el cuidado de toda la creación. Esta es una iniciativa ecuménica, reconocida oficialmente e impulsada por las principales Iglesias cristianas. Tiene su origen en 1989, con el reconocimiento del día 1 de septiembre como Jornada de oración por el cuidado de la creación por parte del patriarca ecuménico de la Iglesia Ortodoxa. Otras Iglesias cristianas europeas se añadieron y el papa Francisco también, en el año 2015, coincidiendo con la publicación de Laudato Si’.
Como veis, todos los astros se alinean y las vivencias y las reflexiones confluyen en mi cabeza, en mi corazón… y en estas líneas, que no quieren ser un análisis de la encíclica, sino más bien unos apuntes, destilados de este conjunto de circunstancias.
Insistiendo en la mirada integral a la cuestión ecológica, hay que decir que no podremos cuidar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin cuidar todas las relaciones básicas del ser humano, porque la crisis ecológica es una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad.
Conviene fortalecer la dimensión social del ser humano, nuestra apertura natural al “otro”, que, como yo, es capaz de conocer, amar y dialogar. Del mismo modo que no conviene ignorar su dimensión trascendente, su apertura al “Otro” divino, que puede encontrar múltiples expresiones, según los contextos culturales.
Por tanto, no habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología integral sin una adecuada antropología. (Cfr. Laudatoi Si’ 118-119). Miremos pues, de crecer como personas humanas, seres en diálogo. ¿Por dónde empezar? Que nada ni nadie pase a nuestro lado en vano; eso sí está al alcance de todos.
Acerca del autor
Ciutat Nova es una parte de mí. Soy licenciada en Filología Hispánica y con formación en periodismo: un tándem ideal para una amante de las lenguas, las palabras y la comunicación. Media vida en Valencia, donde he nacido, y media vida en Cataluña: otro buen tándem…

Gracias, Amparo… Esperaba tu post después de la lectura de la genial -aunque no maravillosamente estructurada- encíclica de Francisco. 🙂
Y, sí, has dado en el clavo. Una de las principales y geniales aportaciones de esta LS, en mi opinión, es el reconocimiento de las relaciones, de la relacionalidad, no sólo como característica básica de la realidad natural, sino también como requisito del cambio (antropológico…) que está demandando el punto crítico al que hemos llegado, como civilización, «frente» a ella.
Sólo la persona, entendida «en relacion», que pone en el centro al otro, a «lo otro», es capaz de dar respuestas a esta crisis… Y en esto es mucho lo que podemos aprender de la Naturaleza, de la que formamos parte.
Gracias, Amparo.
Muchas gracias, Juan, por tu comentario… Subrayas el aspecto de la relacionalidad: sin duda, es una clave de lectura de la realidad, del mundo, también para encontrar respuestas a tantas preguntas…
Y este mismo intercambio, es un ejemplo: poniendo las ideas y reflexiones en común, en relación, afinamos aún más las intuiciones…