No solo ‘a pesar de’ sino ‘gracias a’… soy feliz
Mari Carmen resume en si la figura del médico y del paciente. Por eso, y porque es amiga de CN, conversamos con ella en este número. Pero es mucho más que esas etiquetas: ávida lectora, le gusta –y es buena– contando anécdotas, porque tiene un gran sentido del humor, le encanta viajar, formarse y compartir la vida con los demás. Y es feliz.
¿Qué recuerdo tienes de tu infancia?
Tengo buen recuerdo. No fue fácil, pero fui feliz. Antes de los tres años tengo presente cuando corría por el pasillo al llegar mi padre para abrazarlo… poco más. A los tres años tuve poliomielitis y estuve muy grave, a punto de morir. A partir de entonces fue diferente: llevaba aparatos ortopédicos, las personas con discapacidad salían poco a la calle, causábamos sentimiento de lástima en los demás, lo que hacía que te sintieras acomplejada, los niños te miraban regular y a la vez con curiosidad… En este contexto, tengo muy buen recuerdo de mi familia, que me trataba normal, no con los clichés estándares, pero normal. Y también de un vecino de la escalera de mi edad, que siempre me trató como una más: venía a jugar a mi casa, yo a la suya… Le estoy muy agradecida porque me ayudó mucho.
¿Qué querías ser de mayor, cuando eras pequeña? Y… ¿ha cuadrado con el paso del tiempo?
La verdad es que sí. Con mis circunstancias, mis muchos ingresos, operaciones, rehabilitación, etc. y por el trato con el personal sanitario, cuando veía que yo progresaba gracias a ellos… todo eso me hizo desear trabajar en el mundo sanitario. Me decía: Quiero ser una persona de esta profesión para tratar a la gente como debe ser tratada. Para curarlos, si puede ser, o al menos, para cuidarlos. Así ha sido: he podido ejercer la medicina durante muchos años, en la atención primaria, y ha sido una satisfacción y un regalo. Muchos pacientes me decían: “Ay, doctora, cómo se nota que me entiende porque usted lo ha pasado…”. Mi experiencia me ayudaba a ponerme en la piel del otro y tratar de cuidarles como yo entendía que querían ser cuidados.
Un libro o una película que te haya gustado mucho. ¿Por qué?
Me gusta mucho leer y me encanta el libro Martes con mi viejo profesor: dice tantas cosas que yo siento pero no sé poner en palabras, sobre la vida, la muerte, la enfermedad, las relaciones… Es un buen libro, de esos para ir subrayando y volverlo a leer.
Una película que se conoce poco, pero es estupenda es El fin es mi principio. Basada en un libro y en hechos reales, sobre la vida de un periodista italiano corresponsal en diversos países de Asia que después de muchas aventuras, diagnosticado de una enfermedad terminal, recuerda sus vivencias junto a su hijo y así, cierra el círculo de su vida.
Pasar por el mundo y dejar alguna huella… ¿Cuál quisieras que fuese la tuya?
Sí, me gustaría dejar una huella, pero que sirviera, que fuese útil. Por lo tanto, una huella de amor, porque pienso que, al fin y al cabo, lo que queda en realidad es el amor.
¿Qué te llevarías a una isla desierta?
Nunca me ha gustado esa pregunta. La verdad es que yo no iría a una isla desierta, me moriría enseguida. Por una parte, porque no soy habilidosa y, sobre todo, porque sin personas no sabría vivir. Me podría llevar cosas, pero sin personas, sin relaciones, ¿qué haría?
Una persona, o dos, que te hayan marcado positivamente.
Todos en mi familia, porque me han ayudado a ser lo que soy, también en los momentos difíciles, a levantarme cuando me caía, física y emocionalmente. Por otra parte, Chiara Lubich, fundadora de los Focolares. Conocer este espíritu de la unidad y la fraternidad universal con 15 años fue una transformación para mi vida: se me quitaron complejos y tonterías, me ayudó a salir de mi misma y madurar de otra manera, en la fraternidad y el amor, como motor para mover el mundo.
Vivir la enfermedad, como paciente y médico: ver y dar esperanza
Una sorpresa que te ha regalado la vida.
No sabría decir una en particular, son muchas, cosas pequeñas: Una puesta de sol maravillosa con personas que quiero, unas montañas, una florecilla en medio de un prado, un pájaro que vuela, un niño que te sonríe, la mano de una persona que aprieta la mía…
Ser médico y paciente a la vez: ¿esto hace entender la salud de otra manera?
Por supuesto. Es una suerte, poder ponerme de un lado y de otro: cuando estoy de paciente, me parece que puedo entender más al sanitario que está conmigo, o desde mi posición de médico, comprender mucho más al paciente.
Me ha marcado muchísimo mi discapacidad. Sin duda, me ayuda a apreciar la importancia de la salud, cuidarla con el ejercicio y un estilo de vida sano y equilibrado. Y también a saber vivir la enfermedad: aceptarla, intentar en esos momentos ver y dar esperanza. Trato de saber vivir bien y ayudar a vivir bien a los demás tanto la salud como la falta de salud.
¿De qué depende, sobre todo, la salud de las personas? ¿De las constantes vitales o de las relaciones con los demás, con uno mismo, con el entorno?
Es algo integral… Hay muchas dimensiones: física, emocional, psicológica, espiritual. Mantener el equilibrio entre todas esas cosas sería la salud. Una persona sana no solo es la que tiene las constantes bien y se siente sana. Eso implica también tener buenas relaciones con los demás, estar bien con uno mismo, saberse aceptar, perdonar, querer… y también a los demás y con el entorno, porque nosotros somos también parte de esa naturaleza que debemos cuidar.
¿Por qué eres amiga de Ciutat Nova?
Porque es una forma de expresión de ese espíritu de fraternidad universal y ahí estoy, intentando apoyarla en esta aventura fascinante.
¿Hay algo que no te hayamos preguntado y quisieras decirnos?
Pues sí, una cosa más. Como os decía, de pequeña fui feliz, aun con muchas cosas que no podía hacer… Durante una estancia de varios meses en el hospital después de una operación, el médico vino con un montón de estudiantes de medicina y les explicaba mi caso. Hizo una lista larguísima de todo lo que tenía y al final les dijo: “Y, a pesar de todo, Mari Carmen es feliz”. La verdad, me gustó ese “a pesar de todo”… No obstante, con el tiempo y tantas circunstancias, a través de la cuales mi relación con Dios se ha fortalecido y ha madurado, ahora no sólo digo a pesar de sino gracias a (todo el paquete de mi vida), soy feliz.
Acerca del autor
Ciutat Nova es una parte de mí. Soy licenciada en Filología Hispánica y con formación en periodismo: un tándem ideal para una amante de las lenguas, las palabras y la comunicación. Media vida en Valencia, donde he nacido, y media vida en Cataluña: otro buen tándem…

Gracias por esta entrevista y sobre todo por las respuestas de M.Carmen.La felicidad está en el corazón de quien ama y vive por los demás