Pequeños y grandes cambios que (nos) son necesarios
La crisis del coronavirus parecía un obstáculo demasiado complicado: estar de sobremesa y, al mismo tiempo, mantener el distanciamiento social parecía una contradicción demasiado fuerte, pero las nuevas tecnologías nos ayudaron.
A pesar de la frialdad de las pantallas, Amparo, encargada de moderar en esta ocasión, condujo la conversación con profesionalidad y calidez, demostrando que la distancia no es un impedimento cuando se cree en lo que se hace. En este segundo ‘De sobremesa’, los protagonistas hablaron de ecología, una temática que, habiendo sacudido la opinión pública en los últimos meses, encajaba con el momento actual, casi como si se hubiera ensayado. La conversación fue saltando entre tres ámbitos: comenzaron con el tema estrella, coronavirus y ecología, después, continuaron con políticas públicas y el papel de los gobiernos para frenar el cambio climático y terminaron con un momento de autocrítica.
[la mayor parte del evento es en lengua catalana]
1. PANDEMIA Y ECOLOGÍA
La relación que la pandemia del coronavirus ha tenido con la ecología no podía faltar, ni por su actualidad ni por su correspondencia con la temática, y eso porque la pandemia ha puesto en evidencias una dualidad de aspectos sobre ecología que se tenía que tratar con detenimiento. Amparo puso sobre la mesa el tema y Olympia, decidida a abrir la conversación, la inició con el primero de estos aspectos: “Muchos científicos dicen que no será la última pandemia que vivamos, porque las prácticas que hemos desarrollado a lo largo de la historia han tenido muchas consecuencias medioambientales que, al final, tenían que pasarnos factura”,
Por su parte, Fortunat quiso remarcar otro de los aspectos: la disminución de las emisiones de carbono a la atmósfera gracias al confinamiento; y, siguiendo esta línea, Yukiko expuso una reflexión que, según ella, tendría que destilarse de esta situación: cada uno ha de revisar que es lo imprescindible en su vida y hacer una elección para intentar reducir su huella de carbono individual.
Ada, sin embargo, expresó que “los años y años de explotación al planeta no pueden ser compensados con sólo unos meses de inactividad”, y eso la llevó a reflexionar sobre la necesidad de llevar a cabo una transición de tipo ecológico; es decir, llevar a término una serie de políticas públicas por parte de los gobiernos para frenar el cambio climático, como, por ejemplo, la modificación del IRPF según la huella ecológica de cada uno.
2. POLÍTICAS PÚBLICAS
Al hilo del último apunte de Ada, la conversación pasó al segundo ámbito temático: gobiernos, políticas públicas y ecología. Aquí, establecieron un paralelismo muy interesante entre las políticas sobre ecología y las políticas sobre la igualdad de género. Hoy en día, en Cataluña, todas las políticas públicas han de presentar un plan de perspectiva de género, pero, en cambio, no han de tratar de manera central el ecologismo. Esto es así porque, tal como razonó Ada, – y como pasaba anteriormente con la perspectiva de género– no todos ven la ecología como un punto esencial que deba ser tratado.
Y, a continuación, Pau expuso la siguiente paradoja: los que más padecen el cambio climático son los países más pobres, pero, al mismo tiempo, también son los que menos pueden hacer para invertir sus consecuencias, por falta de recursos.
Olympia no estaba del todo de acuerdo y, a guisa de anécdota, explicó que un alto cargo del gobierno francés criticó a la India porque contaminaba mucho. Admitiendo que esta afirmación podría ser cierta, ha de tenerse en cuenta que, en países considerados dentro de la perspectiva económica de occidente como desarrollados, como Francia, se ha estado contaminando mucho durante los últimos años para llegar a donde está ahora, y países como la India no hacen sino seguir sus pasos. Además, se ha de tener en cuenta si la contaminación procede de las empresas propias del país o, en cambio, de las que están geo-deslocalizadas y proceden de países desarrollados.
3. AUTOCRÍTICA
Finalmente, el flujo de la conversación discurrió hacia un momento de autocrítica. Según Ada, hemos de saber adaptar nuestras acciones a los recursos y a las oportunidades que tenemos en cada momento, para ser lo más respetuosos posible con el medio ambiente. Olympia opina que nuestra acción individual está limitada y, por lo tanto, a nivel individual, no lo podemos cambiar todo; es necesario, en primer lugar, que una serie de agentes influyentes se pongan de acuerdo para cambiar la estructura actual a nivel productivo y social.
Fortunat puso en común su estrategia para reducir la huella de carbono: moverse por necesidad. Al mismo tiempo, sin embargo, criticó: “Me parece exagerado que se hable de la vergüenza de volar: “Yo, para volver a mi país, Madagascar, tengo que ir en avión, sí o sí”. Por su parte, Yukiko explicó que se había comprado una camiseta de una empresa que, por cada unidad vendida, planta un árbol. A pesar de ser un gesto muy micro, todos convinieron en que cada gota cuenta.
Y, de este modo, el compromiso con el medio ambiente iba tiñendo la conversación mientras, poco a poco, iba alcanzando su fin. Amparo se encargó de concluirla con esta interpelación: “El primer paso para poder cambiar alguna cosa es reconocer que se está haciendo mal”. Y así, aquel poco de culpa, que se había instalado en la mirada de todos, dejó paso a un sentimiento conjunto de caminar hacia adelante para construir, juntos y poco a poco, un futuro más verde y mejor.

Ada: Se requiere una transición de tipo ecológico. Llevar a término una serie de políticas públicas por parte de los gobiernos para frenar el cambio climático, como, por ejemplo, la modificación del IRPF según la huella ecológica de cada uno.

Amparo: El primer paso para poder cambiar alguna cosa es reconocer que se está haciendo mal.

Olympia: Nuestra acción individual está limitada. Es necesario que, anteriormente, una serie de agentes influyentes se pongan de acuerdo para cambiar la estructura actual a nivel productivo y social.

Fortunat: Me parece exagerado que se hable de la vergüenza de volar.
Yo, para ir a mi país – Madagascarr– he de ir en avión, sí o sí. Mi criterio es que, para reducir la huella ecológica, nos tendríamos que mover por necesidad.

Pau: Los que más padecen el cambio climático son los países más pobres, pero, al mismo tiempo, también son los que menos pueden hacer para invertir sus consecuencias, por falta de recursos.

Yukiko: Cada uno ha de revisar que es lo imprescindible en su vida y hacer una elección para intentar reducir su individual huella de carbono.
Acerca del autor
Periodista por vocación y también en formación en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). Observadora, apasionada por conocer historias nuevas y un poco soñadora, me gusta escribir pensando que mis palabras pueden ayudar a crear un mundo mejor. He crecido rodeada de libros toda mi vida, por lo tanto, el arte de escribir ha marcado, desde siempre, mi camino.
