El Espai Societat Oberta nos abrió sus puertas para llevar a cabo la primera de las sesiones del proyecto De Sobremesa. El pequeño local de la Vía Augusta, diáfano y luminoso, invitaba al debate, a la palabra y al diálogo. Cuando los protagonistas del acontecimiento comenzaron a llegar, el goteo de risas, tímidas conversaciones y un tanto de nervios comenzaron a llenar el ambiente.

Olympia fue la encargada de moderar, en esta primera ocasión. Un diálogo distendido, como una sobremesa de amigos, en la que cada palabra iba arrastrando la vergüenza y los nervios, dejando paso a reflexiones muy interesantes. La conversación, cuyo principal tema fue la adolescencia, estuvo subdividida en tres grandes ámbitos temáticos, tal como había preparado Olimpia, con profesionalidad y detenimiento: La educación y el papel que corresponde al Estado, la relación de los jóvenes con las instituciones, y las tan controvertidas redes sociales.

1. Familia vs. Estado 

Iniciando el primero de los ámbitos a tratar, Olympia puso sobre la mesa el denominado pin parental, que ha suscitado opiniones diversas desde su aprobación, en Febrero, por parte del Gobierno de Murcia. Se trata de un tema que, por su actualidad y su relación con el primer tema de De Sobremesa, no podía faltar. Esta propuesta política, planteada por Vox e implantada por el PP, permite que los padres decidan si sus hijos han de acceder o no a ciertos contenidos educativos, tales como charlas sobre identidad de género o diversidad sexual. Según Pau, a través de la educación, los padres imponen a los hijos un modo de actuar con una ideología subyacente, y esta política es una imposición ideológica.

Ada mostró abiertamente su contraposición a la idea del pin parental, asegurando que el Estado ha de poner las bases de la educación, porque es necesario que a los niños se les enseñe no sólo matemáticas o lengua, sino también aspectos básicos de la vida, como son la existencia de otras orientaciones sexuales además de la heterosexual, con independencia de lo que quieran los padres. Siguiendo esta línea, “la educación tendría que ofrecer los elementos básicos y fundamentales para entender la realidad y, a partir de aquí, ser nosotros mismos capaces de interpretarla” reflexionaba Pau.

En la otra parte, Amparo, con una pincelada de realidad, expresó la siguiente reflexión: “la neutralidad no existe en la enseñanza, venga ésta de la familia o del Estado. De hecho, nada de lo que hacemos, es neutral completamente”. Yukiko apoyaba esta idea, añadiendo que todos somos animales políticos y que, por lo tanto, ser neutrales al cien por cien es tarea imposible.

2. Derechos y deberes

Otro interrogante que se adueñó de la conversación fue la cuestión de si los niños tienen o no derechos. Muchos opinan que son propiedad de los padres, tal como comentaba Ada. Pau añadió que, de hecho, los niños no sólo se ven como propiedad de los padres sino que también son propiedad del Estado. Yukiko comparaba este concepto con lo que pasaba con las mujeres, hace unos años, cuando no tenían ningún derecho y estaban supeditadas a las decisiones de un tercero.

Siguiendo en la línea de la educación, Olympia condujo la conversación hacia otro terreno: La educación de los niños en casa. Amparo mostró su disconformidad exponiendo argumentos tales como la falta de sociabilización o la incompatibilidad, por parte de los padres, de combinar su trabajo con la educación de los hijos. Yukiko aportó el ejemplo de la cantante Billie Eilish, que se educó en su casa y, gracias a haber sido educada por sus padres, pudo profundizar en temas que el Estado no valora en la escuela, como el arte.

Fortunat aprovechó el salto al segundo ámbito temático para hablar de la mayoría de edad: por mucho que la edad legal sea los 18 años, cada niño tiene un ritmo diferente de maduración; éste es un proceso que se va desarrollando en el tiempo, y no de golpe. “Alguien puede tener el modo de pensar que te exigen a los 18 años, a los 15, y es posible que otro no lo adquiera hasta los 20”, sentenciaba Fortunat.

La desigualdad que padecen los niños por el solo hecho de serlo también se puso sobre la mesa. Ada lo hizo alegando que, cuando participa en debates, no se tiene en cuenta su opinión, sólo por su edad. Para Pau, en cambio, “la discriminación de edad está medio justificada porque las personas adultas han vivido más y, por lo tanto, tienen más experiencia”. Olympia se encontraba a caballo entre ambas reflexiones ya que, si bien es verdad que los adultos han tenido más tiempo para captar información, por otra parte, los jóvenes son más abiertos de mente y pueden aportar más, en según qué tema.

3. Las redes

Las redes sociales fue el último gran tema, antes de cerrar el diálogo. Para Yukiko, la globalización de la tecnología ha ayudado mucho en los países en desarrollo, ya que ha sido la herramienta gracias a la cual muchos niños han aprendido a leer y a comunicarse. Olympia afirmaba que las redes pueden aportar un potencial revolucionario a los jóvenes, que ellos quizás no tienen a nivel material. Pero, sin embargo, el que, en las redes, todo sea tan instantáneo crea vértigo, porque, de manera errónea, trasladamos esta inmediatez a nuestras relaciones personales.

Mira la sesión completa aquí (La sesión se hizo en el idioma con el que cada uno se sentía más cómodo, por lo que es una mezcla de catalán y castellano): 

Si quieres saber de dónde surgió la idea, puedes leerlo aquí.

Mireia Baró
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