La enfermedad, el envejecimiento y la muerte son consecuencias de nuestro estado existencial: nacemos, crecemos, maduramos, envejecemos y morimos; son el resultado de la finitud, forman parte de la vida.
Creencias
No hace falta, pues, apelar a instancias divinas ni diabólicas para explicar la enfermedad, el envejecimiento y la muerte; el mundo creado es autónomo y sigue sus propias leyes físicas, biológicas, sociológicas… La enfermedad y la muerte tampoco son consecuencia del pecado de nadie, como históricamente también se había creído cuando la religiosidad impregnaba la vida de las personas. Ante un hombre ciego de nacimiento, le preguntaron a Jesús quién había pecado: él o sus padres (Juan, 9:2) y su respuesta fue contundente: ni él ni sus padres; por lo tanto, los protestantes no creemos en una relación de causa-efecto entre pecado y muerte física. ¿Qué creemos que sucede con la muerte? Que la vida no termina con la muerte; que, de algún modo, sigue, no en el espacio-tiempo sino en el ámbito de Dios. El “cómo” es un misterio. El cuerpo glorificado del que nos habla el Nuevo Testamento es como una metáfora o un arquetipo de esta nueva realidad que esperamos. Se siembra el grano de trigo y nace la espiga. La muerte rompe los vínculos con el entorno de la persona que nos deja. Se inicia un tiempo de luto en el que es necesario aprender a convivir con el dolor emocional resultado de la pérdida de los lazos y de los vínculos con la persona que nos ha dejado. La esperanza del reencuentro en el ámbito de Dios puede apaciguar los aspectos más críticos del duelo, tales como la negación, el resentimiento, la frustración, la tristeza… Esta esperanza es una fuente de consuelo. El dolor por la separación queda amortiguado por la esperanza del reencuentro.
Rituales
El velatorio
El velatorio de un difunto tiene raíces antropológicas y culturales. El velatorio de mis abuelos tuvo lugar en casa; familiares y vecinos se reunieron durante toda la noche. El velatorio de mis padres fue en el tanatorio y con un horario establecido por los servicios funerarios. En ambos casos, y desde la perspectiva psicológica y de cristianos reformados, el velatorio tiene una función de despedida de la persona difunta y de empatía y acompañamiento hacia los familiares.
Los funerales
El funeral, o servicio religioso de despedida, que se puede realizar en la propia iglesia o en la capilla del tanatorio, es austero. No creemos que de ese acto dependa el futuro eterno del difunto. No es una ceremonia de intercesión; no existen invocaciones ni plegarias por su alma. Es un acto de despedida del difunto, del que se suele hacer una breve semblanza; además del Pastor/a de la iglesia, suelen participar también familiares y amigos. De forma más específica, el Pastor/a de la iglesia lee textos de la Biblia relacionados con las promesas divinas de vida eterna,y de consuelo para la familia y los amigos. En el caso de personas significativas de la comunidad, puede celebrarse un acto de recuerdo de su persona, después de un tiempo de su traspaso, a fin de facilitar la máxima asistencia de personas.
En el cementerio
Al lado de la tumba, en el momento de la inhumación, se suele leer una última lectura bíblica y se hace una oración. Este acto, con el que se pone fin a los rituales funerarios, va dirigido al entorno más íntimo de la persona.
Síntesis conclusiva
La expresión y gestión del duelo en el protestantismo es moderado o austero en sus formas, como resulta de nuestras creencias. Su centro no está en los rituales de intercesión por el difunto sino en proclamar la esperanza de una continuidad de la vida en Dios, y en transmitir consuelo a la familia, amigos y miembros de la comunidad.
Acerca del autor
Licenciado en Psicología por la Universidad de Barcelona. Estudios de Teología en la Facultad de Teología de Cataluña. Interesado en los lazos entre la psicología, la espiritualidad y la salud mental.

Moltes gràcies per compartir aquesta reflexió!