Como vimos en el artículo anterior, si reconocemos a cada uno su papel, la ciencia y la Biblia no pueden considerarse instancias antagónicas. A la ciencia le corresponde explicar cómo es el mundo, cómo funciona, mientras que la Biblia pretende salvar almas. Nos detuvimos en un párrafo del Génesis que sorprende por su paralelismo con la cosmovisión actual de la ciencia.
Pero esta euforia racional se desvanece en cuanto se lee en el Génesis la sucesión de los acontecimientos cósmicos y de la evolución de las especies, ya que no se corresponde con la cronología que muy sólidamente ha establecido la ciencia. Todo ello asumiendo que los días de la semana del Génesis solo son etapas sin ninguna pretensión de establecer una escala temporal. Sin embargo, no deja de sorprender que las etapas de la evolución cosmológica y biológica descrita no se correspondan con la ordenación de las etapas que hoy sabemos. Como ejemplo nos puede ayudar la creación del Sol, una de las «luminarias”, después de la Tierra, que ya existía desde el primer día de la creación. Todo ello nos lleva a ver que, pese al detalle con que se describe el proceso de la creación en Génesis 1,1-2,4, la contradicción con la ciencia estriba esencialmente en la ordenación de la evolución.
La lectura de Génesis 2,4-3, por el contrario, produce un efecto distinto, ya que aporta ciertos detalles sobre la creación del hombre y la mujer, así como sobre la vegetación y el agua. Aquí se aprecia un estilo más poético y descriptivo que en el primer relato, pero éste se centra en la moral al introducir el concepto del pecado, el bien y el mal. Es por ello que en este relato, en nuestra opinión, es más fácil aceptar la separación entre ciencia y fe, pudiendo admitir que no hay contradicción entre el relato del Génesis y la cosmovisión científica.
Como señalamos con anterioridad, existe un amplio consenso en que la Biblia explica el “por qué” y el “para qué”, mientras que la ciencia nos habla del “cómo”. Igual que la Biblia, otros libros surgidos en épocas y latitudes distintas intentan dar respuesta a las preguntas últimas. Si bien la ciencia no puede dar, al menos hoy por hoy, respuesta a estas preguntas, es cierto que a veces entre los científicos ateos surge cierta excitación ante teorías que, por sí solas, hacen innecesaria la intervención de Dios. Un ejemplo sería la teoría de la generación espontánea del universo que explicaría el origen de éste a partir de las fluctuaciones cuánticas del vacío.
Para mostrar que no podemos ser tan rotundos al hablar de contradicciones, nos podemos detener en otro punto. El Génesis empieza con la creación de “los cielos y la tierra”, pero añade que existía caos, confusión y oscuridad. Y sigue describiendo la creación con la aparición de la luz, etc. El relato de la Biblia da a entender que al principio de la creación existe el caos y, al ir ordenando los distintos componentes del universo, el propio impulso creador lo hace desvanecer. Por tanto, no existiría conflicto entre la creación y el caos, sino más bien al contrario: la narración de la creación necesita del caos para dar mayor valor al poder creador de Dios.
Por una parte, se enfatiza que la tierra, con los cielos, fue lo primero creado, lo cual claramente contradice la ciencia. Por otra, podríamos identificar fácilmente el impulso creador relatado en el Génesis con la propia expansión del universo a partir del llamado Big Bang, responsable de la “creación” de la luz, de los distintos elementos químicos, las moléculas, la vida, el hombre. En ese caso no encontraríamos tal contradicción.
Para concluir, estamos comparando los relatos del Génesis, intrínsecamente estáticos, con la ciencia que, tal como la conocemos hoy, es fruto de una evolución de siglos que no se detiene. A primera vista, esta comparación arroja un nivel elevado de contradicción entre los capítulos 1 y 2 del libro del Génesis y la cosmovisión científica de mayor consenso, en particular en lo relativo a la duración y ordenación de las etapas evolutivas. Sin embargo, algunas descripciones del Génesis nos sorprenden por su paralelismo con el modelo cosmológico que propone la ciencia. Por ser la aparición de la luz uno de los pilares de este modelo cosmológico actual, nos quedamos con la expresión del Génesis “haya luz”.
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Acerca del autor
Ingeniero de Telecomunicación, Máster en Física de Partículas y Cosmología, apasionado del diálogo interconviccional y del diálogo entre la ciencia y la fe.


Hola. Me gustaria recibir algun material que compare la dieta biblica a la luz de la ciencia modera. Muchas gracias
Gracias por tu interés, Damián. Tu petición es muy sugerente, pero de momento no estamos en condiciones de tener este tipo de material. De todas formas, quizás te pueda interesar nuestro número monográfico sobre alimentación (https://ciutatnova.org/producto/190-que-aproveche/?lang=es). La sección «Desde dentro» es la crónica de un diálogo sobre la forma de entender la alimentación desde distintas tradiciones religiosas y convicciones.