Para iniciar este artículo, quisimos conocer la opinión de algún adolescente sobre la interioridad. Uno de ellos nos dijo: “Lucas y Jordi no son adolescentes; lo que estaría bien es que apareciera el punto de vista de alguno de nosotros”. Nos pareció una gran idea y mantuvimos una sencilla conversación de WhatsApp con él para hablar del tema. Sin duda, nos sirvió para aterrizar en el diálogo que os queremos presentar, evitando así irnos por las ramas.

Jordi: La conversación con este chico me interpeló profundamente. ¿Por qué decimos que a los adolescentes les falta compromiso? ¿Por qué afirmamos a la ligera que  no tienen interés cuando se trata de hablar de valores, espiritualidad, o interioridad? Aunque noté silencios largos en la conversación, incluso casi incómodos, no llegué a hacer las interpretaciones en cuestión, lo que hubiera sido muy fácil.

Lucas: Y, ¿Por qué no hiciste esas interpretaciones? Personalmente, noté interés en sus preguntas: “¿Cómo explicaríais la interioridad a una persona de 15 años?” “¿Para qué sirve la interioridad?”  También me pedía ejemplos de interioridad, ya que se daba cuenta de que les falta información y, como él mismo afirmaba: “Yo  nunca había pensado que la interioridad me hiciera falta de esa manera –como el aire–; ahora, me he dado cuenta de que es, como tú dices, imprescindible”.

J: Creo que no asumí que hubiera una falta de compromiso adolescente en alguno de aquellos silencios, porque, personalmente, me gusta pensar primero que yo podría mejorar. En esa manera de actuar, está implícita la propia manera de entender la interioridad. Ahora bien, algunos de aquellos silencios,  más que desinterés parecían expresar: Jordi, ¿Hasta qué punto todo eso que dices no son sino únicamente palabras bonitas? ¿Crees que me estás transmitiendo el sentido de tu vida? ¿Te parece que me transmites felicidad profunda?

No estoy convencido de que supiera hablar desde la vida que reclaman los adolescentes. ¿Hasta qué punto te pareció  genuino el interés?

L: Eso es normal… la conversación era sobre la interioridad, y no un ejercicio de interioridad, por eso, sus silencios me parecieron normales. Y, más allá del interés o no, algunas frases, como tú dices, me dejaron pensando. “A una gran parte de los adolescentes, no les interesa o preocupa la interioridad”; “Los jóvenes no nos creemos que la dimensión espiritual sea tan importante como piensan los boomers”; “No se habla de eso, ni nadie nos lo explica”.

J: Primero, conviene aclarar qué se entiende por interioridad, y después se puede hacer la distinción entre esos términos, que muchas veces se confunden. Para mí, la interioridad es imprescindible, como el aire. No lo vemos, casi no le damos valor y, en cambio, no podemos vivir sin respirar. ¡Ahí está el oxígeno, que nos alimenta cada minuto! Es un espacio vacío dentro de cada persona, que armoniza y da una tonalidad propia a todas nuestras dimensiones humanas. Es un espacio que ayuda a acoger bien los golpes que  nos da la vida (noticias tristes, ofensas, etc.), pero también sus caricias (charlas, recreación con los otros, etc.). Y para ti, Jordi, ¿Qué es la interioridad…

J: Yo hablaría de un camino y un trabajo que aportan sentido a la vida. Una tarea de limpieza de todo aquello que es accesorio, de todo lo que no es realmente importante. Eso me permite distinguir y trabajar aquellos aspectos que me aportan más significado y sentido. En mi vida, todo esto se resume en amar.

Aprovecharía la oportunidad para distinguir entre interioridad y religiosidad. El primer concepto es más amplio: no puede haber religiosidad sin interioridad, pero sí interioridad sin religiosidad. Hay algunas formas de trabajo interior fuera de la religión. La misa es una forma de religiosidad y de trabajo de la interioridad; la aproximación al arte puede ser una forma de trabajo de la interioridad, alejada de la religiosidad.

L: Totalmente de acuerdo. La interioridad es el corazón de toda espiritualidad y de toda religiosidad. Cualquier propuesta –espiritual, confesional o sin filiación confesional– que  no ayude a crecer en la libertad interior, la responsabilidad hacia los otros y hacia el mundo-creación, cualquier propuesta que no ayude a manifestar lo que es único e irrepetible de cada ser humano, no es un camino espiritual, porque impide el cultivo de la interioridad. Serán, en todo caso, propuestas tóxicas y deshumanizadoras. Y también puede haber vivencia religiosa –religiosidad– sin interioridad, porque no se llega a tocar las fibras íntimas de las personas. Entonces, se cae en el ritualismo, el rito por el rito, que es casi mágico, o el moralismo, cumplir normas por miedo. Es lo que expresa el chico adolescente en nuestra conversación: “Si vas a un cole religioso, en la asignatura de religión de lo que a veces se habla es de normas, de doctrina”.

J: Creo que has dado en el clavo en el trabajo de la interioridad: ser capaces de crecer en libertad interior, responsabilidad hacia los otros y el mundo. Las formas de trabajarla son innumerables y hemos de estar atentos a los signos de los tiempos que nos toca vivir porque, en este sentido, los adolescentes examinan nuestra autenticidad. Eso demuestra que el trabajo de la interioridad no es soplar y hacer botellas, pro es cierto que la diversidad de sus formas permite encontrar prácticas que se adecuen a la propia manera de ser. En este sentido, para introducir a los adolescentes a la interioridad, la experiencia nos demuestra que va muy bien hacerlo desde la justicia social o desde la relación con la naturaleza.

L: Por mi experiencia con adolescentes, añadiría que también sirve mucho conectar con el propio cuerpo, con la respiración y las emociones. Es un camino muy indicado para despertar la interioridad en esta franja de edad. En un mundo en el que constantemente se nos bombardea con  inputs, es una buena manera de activar los cinco sentidos, rompiendo una cierta secuencia de estímulo–respuesta para abrir una capacidad de acoger, interiorizar y actuar desde dentro. Y eso se puede hacer de manera confesional o secular.


– Vuelve a ver las rosas. Entenderás que la tuya es única en el mundo. Después, ven a decirme adiós y te regalaré un secreto.

El pequeño príncipe fue a ver las rosas.

–No os parecéis nada a mi rosa, todavía no sois nada –les dijo– No os ha domesticado nadie y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorra. Sólo era una zorra igual que cien mil otras. Pero nos hemos hecho amigos y ahora es única en el mundo.

———————

“–Adiós —dijo la zorra—. Aquí tienes mi secreto. Es muy sencillo: sólo se ve bien con el corazón.

Lo esencial es invisible a los ojos.

–Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el pequeño príncipe, para acordarse.

–Es el tiempo que has perdido con la rosa lo que la hace tan importante.

–Es el tiempo que he perdido con la rosa… —dijo el pequeño príncipe, para acordarse.

Los hombres han olvidado esta verdad–dijo la zorra–. Tú no la has olvidado. Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…

–Soy responsable de mi rosa… —repitió el pequeño príncipe para acordarse”

El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Este artículo se ha publicado en el número 181 de Ciutat Nova y es el primero de la nueva sección «Desde dentro», escrita en diálogo entre Jordi Rodríguez y Lucas Cerviño. Según ellos mismos, «con esta sección iniciamos un conjunto de diálogos en clave de interioridad. Nuestro objetivo es crecer –también de la mano de nuestros lectores– en el cultivo de nuestra interioridad, al tiempo que nos gustaría mostrar que cualquier realidad, situación, temática o aspecto se puede vivir desde dentro, es decir, con profundidad. Nos parece una gran oportunidad que el tema de la revista con que iniciamos la nueva sección sea la adolescencia.»

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