Segundas oportunidades

Pasear por las calles de Barcelona, en especial por la zona de las Ramblas, es sinónimo de encontrarse con gente sin techo durmiendo en los portales o sentada en el suelo, pidiendo cuatro monedas para poder sobrevivir.

Aunque la mayoría de barceloneses han interiorizado en su imaginario estas personas y normaliza su situación, hay asociaciones y proyectos, como La Troballa (el hallazgo, en catalán), que trabajan para ayudarlos y poderles dar una segunda oportunidad.

La Troballa, pues, es un proyecto que la fundación Arrels impulsó el año 2001 para proporcionar un servicio distinto dentro
de la entidad. Este proyecto se encarga de la reintegración social y productiva de las personas sin techo que, a partir de las 10 de la mañana, tiene a su disposición un lugar cálido y familiar donde ir. Pero La Troballa no es un simple albergue: es un espacio donde poder desarrollar habilidades sociales, donde la gente va a trabajar, a aprender a vivir con una rutina y a sentirse productivos, creando productos a partir de materiales reciclados que después se venden a otras entidades, empresas, particulares o al mismo Ayuntamiento.

Aunque se le llama taller, no es un lugar con una finalidad exclusivamente productiva, sino más bien terapéutica. Se trata de crear un espacio de comunidad y de familia, un sentimiento de equipo basado en la confianza y el respeto; un negocio productivo, pero no un negocio cualquiera. La Troballa trabaja con las emociones, con la parte más humana y menos cuantificable, por lo tanto, en este caso, el foco no se encuentra en qué beneficios económicos se obtienen, sino en la integración y el desarrollo personal.

“El Taller me ayuda a no recaer, a sentirme útil, a tener una rutina. Es mi trabajo, aquí tengo gente que me espera cada día”.
Una usuaria de La Troballa

La Troballa es un espacio de desconexión, de compartir, de explicar y recordar historias, de reír y de olvidarse unas horas de la situación en la que se encuentran.

Los productos que La Troballa pone a la venta acostumbran a ser encuadernaciones, piezas de cerámica o cristal u objetos de carpintería, pero siempre elaborados a partir de materiales reciclados. Es por esto que hay un paralelismo entre los usuarios del taller y el tipo de materiales que utilizan: dentro de La Troballa todo puede tener una segunda oportunidad, tanto los materiales como, sobretodo, las personas.

 

Débora Nunes, Nagui Yamamoto, Sara Ferré i Maria Vila

Artículo publicado en la Revista número 178, Luz Invisible. Ya disponible en Amazon.

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