Empoderamiento y liderazgo son dos palabras y conceptos que crean muchas expectativas hoy en día, especialmente porque son temas que afectan a las relaciones de poder, fenómeno muy presente en la organización de las sociedades humanas.

Para algunos autores el poder es la habilidad que alguien tiene, en una relación social, para llevar adelante su propia voluntad aunque haya oposición por parte de los demás. El liderazgo, en cambio, se refiere a las habilidades que tenemos para influir en la manera de pensar o de actuar de otras personas.

Los estudios científicos están tratando de concluir qué tipos de liderazgo son los mejores y, por lo tanto, cuáles habría que enseñar y proponer en la educación reglada, en las familias e incluso en las llamadas escuelas de negocios.

Las tesis doctorales de Mayka Cirera y Ana Bedoya, elaboradas recientemente en nuestro laboratorio de aplicación de la prosocialidad (LIPA-UAB), concluyen que el liderazgo prosocial (ver recuadro anexo) es el más recomendable, pues incluye aspectos de los denominados liderazgos transformacionales y transaccionales, añadiendo además elementos cualitativos fundamentales que pueden moderar las relaciones de poder.

¿Cuáles podrían ser, por tanto, los pasos aconsejables para una formación de nuestros jóvenes hacia un liderazgo tan deseable como el prosocial?

Por parte de los educadores

  1. Incluir en la educación, tanto en la escuela como en la familia, el tema de las relaciones de poder para sensibilizar y hacer conscientes a los niños y adolescentes sobre aspectos como qué es el poder, la autoridad, la importancia de las decisiones, el saber cómo tomarlas y sobre quién, y entender también cómo se toman. Para todo ello es importante abundar en los aspectos negativos de la unilateralidad del poder y su diferencia con un poder al servicio de los demás y del bien común.
  2. Presentar como algo deseable para formarse y progresar el empoderamiento personal, entendido como un crecimiento del poder interior, de un poder positivo en el desarrollo de la persona. Para ello resulta importante entrenarse en la empatía y la asertividad comunicativa, así como en la mejora del autoconcepto y la autoestima.
  3. Aumentar la convicción (auto concepto) de que poseemos cualidades, atributos positivos, habilidades para controlar nuestra vida y dirigirla hacia unas metas y unos valores prosociales. También es importante que nos sintamos capaces de afrontar las relaciones de poder en las que socialmente, indefectiblemente, nos encontraremos.
  4. Proponer a los alumnos o hijos un contrato o pacto que consista en asumir un compromiso de actuar de forma prosocial (que comporta ayuda, servicio, cuidado, donación, compartir, escucha profunda, empatía, solidaridad, cohesión y unidad) para mejorar el clima psicológico y mejorar las relaciones interpersonales.
  5. Mantener y mostrar una visión crítica positiva sobre las relaciones humanas, sociales y económicas empezando por las relaciones de los hijos o alumnos entre sí en el “aquí y ahora””.

Por parte de los jóvenes

  1. Creer que todos pueden convertirse en un líder prosocial si actúan siempre tratando de crecer en la empatía para conocer la perspectiva del otro y generando creatividad e iniciativas a favor de los demás, siempre según el criterio de estos, y del bien común.
  2. Ser conscientes que en las acciones prosociales casi siempre hay que invertir un esfuerzo y coste inteligente propios, aun cuando la consciencia de ser capaz le producirá una satisfacción íntima al sentirse transformado activa, auténtica y progresivamente en su forma de ser.
  3. Contribuir a la concordia, cohesión y unidad en su vida personal y profesional.
  4. Fortalecer la creatividad y autonomía de sus interlocutores y de terceros afectados por sus decisiones, de modo que se convierta en un facilitador para que surjan otros líderes.
  5. No buscar el protagonismo, las apariencias ni la competitividad.

EL LÍDER PROSOCIAL

El líder prosocial se compromete a poner sus capacidades y habilidades y comunicación de calidad a favor del otro, de los demás, de los grupos, según el criterio de éstos, y del bien común. Asume un costo inteligente y proporcionado, transformando sincera, auténti-ca y progresivamente su ser para que su vida personal y profesional contribuya a la con-cordia, cohesión, unidad de los ámbitos en que participa, en donde decide actuar con ini-ciativa y determinación con el objetivo de fortalecer la creatividad, identidad y autonomía de sus interlocutores y de terceros afectados por sus decisiones.

Toda persona puede actuar y llegar a ser líder en esos ámbitos con un liderazgo que no busca la apariencia, el protagonismo ni la competitividad. Al contrario, empoderando a los demás, facilita que surjan otros líderes prosociales en su entorno. (Roche, 2015)

Para leer más: Roche, R. Ed. (2010), Prosocialidad: Nuevos desafíos: métodos y pautas para la optimización creativa del entorno. Buenos Aires: Ciudad Nueva. Se puede adquirir en bibliolibro.com



Artículo publicado en la revista Ciutat Nova 173, primavera 2018

Acerca del autor

Fundador i director a Laboratori d'Investigació Prosocial Aplicada (LIPA) | Web

Investigo desde los años 80 si la ciencia psicológica puede confirmar que amar a los demás es funcional para la salud integral de la persona y para crear harmonía y unidad en las relaciones interpersonales. Estoy convencido de ello.

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