Mar cierra los ojos antes de responder. Me ha sorprendido, pero después lo he comprendido:primero es necesario escucharse, cerrar la puerta, para poder dar una respuesta que salga de dentro, que sea auténtica. Toda una lección en un mundo que siempre mira hacia afuera. Una entrevista contemplativa.
Yo siempre había hecho gimnasia y música. Estudiaba violoncelo y piano, pero todos me decían que tenía muy buena voz y acabé haciendo canto. Estudié Bellas Artes y seguía con el canto en el Conservatorio, pero un día sentí que ya no podía cantar más, necesitaba encontrar “mi” voz y todas la técnicas que había aprendido no la dejaban salir. Paralelamente un profesor de la universidad me dio el empujón que necesitaba. Dejé el canto y comencé mi propio camino.
TRAZAR
Y comenzaste a “trazar”…
Sí. Para reencontrarme con mi voz y mi ritmo; conmigo. El trazo deja un rastro de lo que me mueve y que quiero decir. Para mí un trazo es el rastro de un estado creativo que puede ser tanto en forma de un sonido, un movimiento o un gesto que deja un rastro gráfico sobre todo tipo de superficies diferentes: aire, agua, tierra, papel, humo…
[cierra los ojos] El trazo me ayuda a ver, a comprender, me sirve para limpiarme, y una vez que me he desacargado, me sirve para cantar lo que quiero cantar, eso que te quiero decir, pero en vez de cantártelo, te lo trazo. Te muestro lo que está pasando dentro de mi cuerpo. Pero no todos los trazos son válidos, porque deben nacer de un estado creativo.
¿Y cómo llegas a este estado?
Antes de trazar me preparo el cuerpo, el físico, la mente y el espíritu, a través de ejercicios que he aprendido de la gimnasia, la música y la plástica que me permiten sentirme en armonía.
También preparo el espacio donde trabajaré, escojo la ropa con cuidado y el material que pide el espacio. Cuando me pongo en este espacio, lo escucho y me permito trazar lo que siento.
¡Todo un ritual!
Efectivamente, las preparaciones no dejan de ser rituales que te preparan para llegar a un estado de conexión con… En mi caso, no hablaré de Dios, pero vivo en conexión con todo, que todo fluye y tiene un sentido. Ponle el nombre que quieras.
Hildegarda von Bingen, una mística medieval, también preparabs a sus monjas, pero ella lo hacía escribiendo canciones para que, a través del canto y la respiración, pudieran entrar en estados alterados de conciencia y conectarse con Dios.
Pienso en los derviches, esos monjes sufíes que realizan danzas hipnóticas.
Es un poco lo mismo. Ellos se «conectan» y, a través de los círculos, entran en estado meditativo. Yo, cuando trazo, medito y estoy en armonía.
Un día el director de mi tesis doctoral me dijo: “ Tú, Mar, estás haciendo eurítmia. La tesis se titulará “Euritmias del trazo: cuerpo, pulsión y dicción gráfica”. Le pregunté que quería decir todo eso. “Ahora investígalo” me respondió.
Entonces, ahora que eres doctora, y cum laude, ya debes saber qué es…
La euritmia es una palabra de origen griego. «Eu» se puede traducir como «armonía» o «belleza» y, por tanto, nos habla del ritmo de la belleza.
[Ojos cerrados] Para mí la belleza es un concepto muy amplio, donde cabe todo. Las polaridades, la separación entre lo que «es bueno» y lo que «es malo», desaparece y todo tiene su lugar.
«El estado de armonía que experimento a través del arte, intento trasladarlo a mi vida cotidiana»
Todo tiene sentido.
¡Del todo! Mi obsesión es hacer visible esta conexión, esta armonía, a través de mis obras. Pienso que reivindicar la belleza es la posición más radical que se puede tener actualmente. Mi política es la belleza, la belleza ante todo… Si persiguiéramos la belleza se nos acabarían todas las …
Yo lo pongo en práctica a través de mi trabajo artístico, tratando de estar en armonía conmigo misma y con mi entorno para poder conectar con mi movimiento y hacerlo visible. Esta práctica pasa a ser mi forma de conocer mi entorno y a mí misma. El estado de armonía que experimento a través del
arte, lo intento trasladar a mi vida cotidiana. Quiero que tiña mi vida, que no haya distinción entre arte y vida.
INVESTIGAR
Así pues, para ti, el arte parece que es una herramienta para comprender la vida …
Sí. De hecho, cada vez que creo una pieza nueva, busco que haya algún límite para superar que me permita descubrir y descubrirme. Mi observación es como la de un científico. Muy analítica. Por ejemplo, cuando, hace unas semanas, me encerré 8 horas en el escaparate de la Llibreria 22 de Girona, quería poner a prueba mi claustrofobia, observar cómo reaccionaba mi cuerpo, mis emociones…
Y sin comer, con la gente pasando por la calle…
Las primeras 6 horas fueron fáciles, pero después el cuerpo reaccionó con temblores, hambre…Y es en este espacio crítico, cuando surgen las necesidades físicas y parece que ya no puedes más, donde yo quería entrar. La última hora fue dura.
Y ¿de dónde sacaste las fuerzas?
Nada más me había llevado una manzana para comer y era como la tentación. ¿Me la como? Y comecé a mirármela, a dibujarla, a meditarla.
Saco fuerzas de ir sintiendo y observando, conectando con mi cuerpo a través del trazo. Eso me obliga a sentirme y, a partir de aquí, voy entendiendo cómo funciona el cuerpo, el cerebro… Voy investigando. Lo hago a través de la creación artística, pero lo que me interesa es la vida. Saber cómo funciona. Observando lo que voy trazando, el papel me hace de espejo y me enseña cómo funciona la vida. No es un proceso científico, sino artístico, pero en realidad es una investigación para entender cómo funcionamos, qué somos. La pregunta, al final, es quienes somos nosotros. Esta es la pregunta que me mueve a descubrirme, a descubrirte, a descubrirnos. A través de lo que hago siento al otro, el me rebota, veo cómo reacciono, cómo reacciona él… Me vuelvo una observadora absoluta de todo lo que está pasando y podríamos decir que estoy en un estado meditativo de observación.
Me siento una investigadora espiritual. El arte es la herramienta que tengo y que he ido cultivando para que me ayude a comprender quien soy.
Y cómo persona ¿eso te va ayudando?
Me va haciendo persona. Me enseña sobre el mundo y sobre mi vida. Y viceversa. Y vamos creciendo.
¿Y si no puedes entrar en este estado creativo?
Ahora ya no me preocupo. Trabajo desde donde estoy. Estoy así. ¿Que tiemblo? ¡No pasa nada! Y desde aquí, aceptando como estás, donde estás, se abre la puertecilla mágica. Con la aceptación todo se relaja y ya no tienes esa desazón de como “tendría que ser”. No hay una idea, sino una aceptación del momento.
¿Siempre ha sido así?
No. Mi trazo ha ido evolucionando. Cada proyecto, cada trazo, ha sido una experiencia diferente. Antes eran unas experiencias más viscerales y ahora, en cambio, la experiencia es más sutil. Últimamente, con la enfermedad de mi madre, necesitaba asimilar el proceso, aceptarlo y me he pasado muchas horas trazando como si rezara. Irlo visualizando todo, irlo aceptando, irlo sintiendo, ir digiriendo.
Y a veces se te despierta la voz y se oye una canción…
Sí. Aceptar mi voz, el canto, es mi reto vital. Cuando consiga plantarme y cantar tal y como soy, ya estará todo hecho. Ya me podré sentar en una silla y vivir tranquila. Después, nada más vivir.
Página web: marserinya.com
Seguir en Instagram: @mar.serinya
Acerca del autor
Tras una amplia experiencia en el mundo de la enseñanza, actualmente está en la dirección de la revista Ciutat Nova.

Me ha gustado esa entrevista. Distinta. Una puerta a través del arte. Intuyo algo que aún no entiendo. A veces es muy saludable leer cosas que uno no entiende. .Gracias a Mar y a Ciutat Nova.