Las crisis que vivimos tienen muchos matices interdependientes. El respeto fraternal por la naturaleza y una nueva comprensión de lo que nos pide la convivencia y el entorno están siempre presentes. La naturaleza, víctima y verdugo a la par, nos contempla.

Migrantes climáticos

Una consecuencia de la crisis global sistémica actuales (de la que la sanitaria es una dimensión) son los migrantes climáticos y ambientales, es decir, las personas que se ven obligadas a abandonar sus territorios para sobrevivir, sea porque las condiciones los han hecho inhabitables, sea porque han sido desplazadas a la fuerza por otros pueblos que codician sus recursos o porque ellos, a su vez, también han sido desplazados. La ONU estima que, en el año 2019, estos migrantes forzosos podrían haber sido entre 50 y 150 millones, y se prevé que, si no ponemos remedio, la tendencia aumente, atendiendo al carácter exponencial de la crisis climática y de pérdida de diversidad biocultural.

Los científicos prevén que Bangladesh –con 165 millones de habitantes– en las próximas décadas, perderá hasta un 25% de su superficie. Además, el país acoge refugiados que huyen de las atrocidades de Myanmar, y de otras vulnerabilidades climáticas de la India.


Compromiso sagrado

Del 5 al 8 de octubre, tuvo lugar en Islandia un congreso interreligioso e internacional con el lema  Fe por la Naturaleza organizado por el Programa de la ONU para el medio ambiente (PNUMA), la organización Fe por la tierra y el Gobierno de Islandia. Su propósito era establecer las bases de una colaboración interreligiosa para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos por la ONU. Desde la histórica catedral de Skálholt se retransmitieron sesiones en línea con la intervención de líderes religiosos y académicos de todo el mundo. Los participantes, reconociendo las amenazas provocadas por la creciente desigualdad, miseria, cambio climático y pérdida de biodiversidad global, acordaron impulsar la coalición  Fe por la Tierra y concluyeron con la declaración Nuestro compromiso sagrado orientada a impulsar acciones para proteger y restaurar la naturaleza, desde una responsabilidad moral compartida.


Este artículo fue publicado en la revista Ciudad Nueva 183 -otoño 2020- y es el primero de la sección ¡Naturalmente!, que la asociación Silene publica en cada número. Aquí podéis leer toda la revista.

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